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Política

Sánchez planta a Trump y besa a su encargada

Sánchez planta a Trump y besa a su encargada
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"Se notaba que la encargada de Trump en Venezuela no quiso dejar el intercambio en manos de la casualidad. Ella quería que todos los medios los vieran saludarse" Leer

Era imposible que el paseíllo de Delcy Eloína Rodríguez por la Asamblea General de la ONU para saludar a Pedro Sánchez pasara desapercibido. Sobre todo porque ella así lo quiso. Por unos motivos u otros -las maletas o la traición a Maduro-, era la escena más esperada del día, después de que el presidente español declinara acudir a la recepción de Trump. Lo normal: una cosa es el cacareo en foros afines y otra es echarse a la cara a naranjote y volverle a contar lo de que el aumento del gasto militar puede esperar... Sin embargo, los tentáculos del americano tienen en Delcy una extremidad sumamente eficaz y obediente, como está demostrando en su gestión del petróleo venezolano. Perdonen que insista: estaba claro que ella buscaba que el encuentro se produjera a toda costa.

El paseo de Delcy hasta Sánchez fue decidido, premeditado. Como un dron, dirigido por control remoto. Se notaba que la encargada de Trump en Venezuela no quiso dejar el intercambio en manos de la casualidad. Ni mucho menos hacerse la encontradiza. Ella quería que todos los medios los vieran saludarse... Lo que nadie sabía es si buscaba el apoyo de un compañero de la izquierda (ella es una dictadora) o, más bien, dejar en evidencia al español. Delcy iba precedida por Oliver Blanco, viceministro primero de Relaciones Exteriores y Comercio Internacional de Venezuela desde julio, que ejercía de senescal para gestionar el saludo. Parece que Sánchez adivinó que Delcy se le acercaba por detrás y por eso decidió refugiarse en una conversación telefónica. Lo que hace cualquiera cuando quiere evitar a alguien incómodo. Se entiende. Lula y él son los grandes abanderados del antiamericanismo ideológico, con lo que esto supone. Y Delcy ahora es «esa chica que está haciendo un fantastic job». Sin blow. Que se sepa.

En CNN, el brasileño ya había dejado clara su posición respecto a los tratos de EEUU con Venezuela: «Por la forma en que Estados Unidos trata a Delcy, parece que fuera su jefe». Y Sánchez, claro, optó por hacerse el longuis hablando por teléfono. No quiere que se frustre su estrategia de presentarse como némesis de Trump.

En realidad, el gesto incómodo de Sánchez en el saludo fue de lo más ridículo. Aguantó sentado al teléfono hasta que no le quedó más remedio que saludarla ante la mirada estupefacta de Aagesen. Lo dicho: como cuando uno se encuentra con una amante en compañía de su mujer o como esos ex a los que hay que evitar. Y al final, claro, no queda más remedio que aparentar naturalidad y darle dos besos. El País ha contado la conversación entre ambos. «España es muy importante para nosotros, tenemos que seguir hablando», le dijo ella. Y él: «Por supuesto, nosotros estamos para ayudar, para nosotros es muy importante apoyar a la región». Y eso es todo lo que ha trascendido. A Sánchez se le intuyó jodido por la escena. Desde el primer momento, rechazó la extracción de Maduro por parte de Estados Unidos y estuvo fríamente prudente cuando Trump eligió a Rodríguez para gobernar el país. De nada le sirvió a Delcy la buena sintonía con «su príncipe Zapatero» ni el buen trato que recibió de Ábalos aquella noche en Barajas.

Seguro que a los dos les mandó recuerdos. «Pedrito, salúdame a los José Luis».

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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