Jueves, 03 de septiembre de 2026 Jue 03/09/2026
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Política

Sánchez quiere ser ahora otra víctima de Ceuta y no el responsable

Sánchez quiere ser ahora otra víctima de Ceuta y no el responsable
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La defensa cerril que hace el presidente de Rabat refuerza y legitima la hipótesis de que actúa bajo influencia extranjera Leer

La respuesta de Pedro Sánchez a la insostenible situación de Ceuta y el creciente malestar social que se expresó ayer en las calles de España sigue el mismo esquema de usos y costumbres del presidente socialista en momentos de serias crisis, como fueron la pandemia, el apagón eléctrico, la DANA o los casos de corrupción. Esta manera de ser y de actuar de Sánchez se resume en 1) su absoluta frialdad ante los hechos, la distancia de quien se siente un mero observador; 2) su nula empatía respecto a las víctimas (a las que suele convertir en culpables si sus quejas le señalan); 3) un rechazo natural a asumir cualquier tipo de responsabilidad política y 4) un paranoico victimismo que le lleva a acabar presentándose, libre de todo pudor y vergüenza, como el principal damnificado de la crisis de turno y/o de las maniobras en su contra de la derecha y "los poderosos".

En esta ocasión, el informe policial que certifica la participación de las fuerzas de seguridad marroquíes en la invasión de Ceuta rompe la estrategia del Gobierno de negar cualquier implicación de Rabat y empuja a Sánchez a la fase 4 de su habitual patrón de comportamiento: presentarse con tono afligido como una víctima -condición que aflorará seguramente hoy en su discurso en el Congreso-, tanto de una mano negra exterior dirigida por Trump y Netanyahu, que al desestabilizar a Ceuta busca desestabilizar al Gobierno, como, sobre todo, víctima de la guerra interior, judicial (lawfare) y policial, que ha aprovechado la oportunidad del frente abierto en Ceuta para ocultarle información y perjudicarle.

El malestar de muchos españoles por el abandono de Ceuta y las primeras grietas en el liderazgo de Sánchez en el PSOE, con casi cuarenta alcaldes rompiendo las órdenes y participando en las movilizaciones de apoyo al pueblo ceutí, han llevado al Gobierno a contaminar el debate público con un nuevo episodio de la conspiración del «Estado profundo» contra Sánchez, con una unidad de la policía escondiendo información de inteligencia al ministro Marlaska. Pero esta tesis monclovita de emergencia obvia que el informe se elaboró en calidad de Policía Judicial, y como tal solo reporta ante el juez, y orilla que la ministra Robles había confirmado que existían varios informes sobre las maniobras marroquíes -uno de estos fue emitido el 29 de julio, antes del asalto- y que fueron compartidos con la Delegación del Gobierno.

Que Sánchez prefiera sacrificar la credibilidad de su Gobierno -y de su ministro del Interior-, dejándolo como un pobre inepto, antes que señalar a Rabat dice más sobre la influencia de Marruecos que sobre la supuesta conspiración del «Estado profundo». Y es que su intento de presentarse como una víctima también de la crisis de Ceuta, finalmente el principal damnificado, sin importarle aparecer como un presidente que no se entera de nada y que no controla el ministerio del Interior, hace más sospechosa todavía la cerril protección por parte del Gobierno del régimen marroquí. ¿Qué debe o teme Sánchez?

El servilismo con Marruecos, que supera la cautela timorata con la que tradicionalmente los gobiernos españoles se han relacionado con Rabat, como si España fuera el vecino pobre y antidemocrático que tiene que hacerse perdonar, es una de las razones de la grave situación de Ceuta. Al presentar lo ocurrido como una «crisis migratoria» y no como un ataque a la soberanía nacional, el Gobierno impide aplicar medidas de excepción y expulsar de immediato a todos los extranjeros que participaron en la operación. Y da verosimilitud a la hipótesis del kompromat marroquí que, de confirmarse que el Ejecutivo actuó bajo chantaje, hundiría la credibilidad de España ante Europa.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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