Estamos acostumbrados a pagar la factura de la luz o del agua porque se han convertido en bienes básicos y totalmente universales. Pues bien, Sam Altman, CEO de OpenAI, tiene claro que la inteligencia artificial será exactamente eso: una commodity, un bien básico y totalmente universal. Eso implica, cómo no, que llegará un momento en el que igual que pagamos factura de la luz o del agua, pagaremos factura mensual de la IA.
Pagar la IA será algo cotidiano. Altman participó recientemente en un evento en Washington DC y allí planteó una idea que ya se viene mascando desde hace tiempo pero que ciertamente cada vez coge más fuerza: la de que la IA ofrecerá como la electricidad o el agua, bajo demanda: en cuanto la necesites, ahí estará para ti. Eso, claro, hará que igual que ahora pagamos por nuestro uso eléctrico o de agua, pagaremos también por el suministro de IA que utilicemos. Y lo haremos a fin de mes con el método tradicional: una factura de nuestro proveedor.
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El agente de IA más poderoso del mundo acaba de llegar: lo primero que hace es avisarte de que es peligroso
De consumir kW a consumir tokens. Así, en lugar de pagar suscripciones fijas como solemos hacer ahora al contratar ChatGPT Plus o Claude Pro, por ejemplo, lo que haremos será pagar esa factura mensual. La cantidad que pagaremos estará basada en cuantos "tokens" (unidads de procesamiento) hayamos consumido para resolver todo tipo de tareas.
Tenemos centrales eléctricas, tendremos centros de datos. A Altman este discurso le viene como anillo al dedo, porque justifica sus megaproyectos de centros de datos de IA —y los del resto de la industria—. Si la IA se quiere convertir en ese recurso básico universal, tendremos que tener la infraestructura (las "centrales eléctricas de la IA") para sostenerla. De no contar con dicha infraestructura, advierte Altman, el precio de la "inteligencia" se disparará, convirtiéndola en un privilegio exclusivo para los más ricos o en un recurso racionado por los gobiernos.
Yottaflops de cómputo. Esa carrera por la infraestructura ya ha comenzado, y las grandes tecnológicas la están alimentando. La razón es sencilla: o entran en esa vorágine o se exponen a quedarse fuera si la revolución de la IA efectivamente se hace realidad. Lisa Su, CEO de AMD, explicaba en su charla inaugural del CES 2026 que el mundo necesitará más de "10 yottaflops" de cómputo —10.000 veces más de la capacidad de IA existente en 2022— en los próximos cinco años para poder satisfacer la demanda que plantea ese uso masivo de IA.
Faltan chips... y mucha energía. El verdadero obstáculo para conseguir tal capacidad de cómputo no solo reside en los chips —la crisis de la memoria es efecto secundario de ello—, sino también en la energía. Los centros de datos consumen muchísima, lo que hace que las redes eléctricas nacionales puedan acabar no teniendo capacidad suficiente para suplir dicha energía.
OpenAI no parará de gastar. Greg Brockman, presidente de OpenAI, explicó en diciembre que sus proyectos, por gigantescos que parezcan, irán a más. Aunque la empresa ya se ha comprometido para invertir con sus socios 1,4 billones de dólares en centros de datos en los próximos ocho años, en OpenAI quieren "adelantarse al futuro, pero no creo que podamos estarlo, no importa lo ambiciosos que queramos soñar con ser ahora mismo". Es decir, que él cree que todas sus estimaciones y proyectos pueden acabar quedándose pequeños ante la verdadera escala a la que puede llegar la IA.
Las Big Tech quieren facturarte a fin de mes. Convertir a la IA en una commodity que llegue a todos los hogares sería un triunfo absoluto para las empresas que están invirtiendo en ella. La industria tech no ha conseguido domiciliar sus costes al usuario más que en cosas como nuestra conexión a internet o, como mucho, en nuestro gasto a servicios de servicios de streaming —similares a los planes de IA actuales—. De lograr esa factura a fin de mes que además cientos (quizás miles) de millones de personas pagarían, la IA se convertiría en una extraordinaria máquina de ingresos.
En Xataka | OpenClaw cambió las reglas de la carrera de la IA. Las empresas tecnológicas ya tienen su respuesta: copiarlo
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Sam Altman ha tenido otra idea estupenda para, al fin, cobrarle al usuario todo el dinero que él necesita: un recibo a fin de mes
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por
Javier Pastor
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Sam Altman ha tenido otra idea estupenda para, al fin, cobrarle al usuario todo el dinero que él necesita: un recibo a fin de mes
Ya pagamos por nuestro consumo de luz y agua cada mes: puede que acabemos haciéndolo también por nuestro consumo de IA
Estamos acostumbrados a pagar la factura de la luz o del agua porque se han convertido en bienes básicos y totalmente universales. Pues bien, Sam Altman, CEO de OpenAI, tiene claro que la inteligencia artificial será exactamente eso: una commodity, un bien básico y totalmente universal. Eso implica, cómo no, que llegará un momento en el que igual que pagamos factura de la luz o del agua, pagaremos factura mensual de la IA.
Pagar la IA será algo cotidiano. Altman participó recientemente en un evento en Washington DC y allí planteó una idea que ya se viene mascando desde hace tiempo pero que ciertamente cada vez coge más fuerza: la de que la IA ofrecerá como la electricidad o el agua, bajo demanda: en cuanto la necesites, ahí estará para ti. Eso, claro, hará que igual que ahora pagamos por nuestro uso eléctrico o de agua, pagaremos también por el suministro de IA que utilicemos. Y lo haremos a fin de mes con el método tradicional: una factura de nuestro proveedor.
De consumir kW a consumir tokens. Así, en lugar de pagar suscripciones fijas como solemos hacer ahora al contratar ChatGPT Plus o Claude Pro, por ejemplo, lo que haremos será pagar esa factura mensual. La cantidad que pagaremos estará basada en cuantos "tokens" (unidads de procesamiento) hayamos consumido para resolver todo tipo de tareas.
Tenemos centrales eléctricas, tendremos centros de datos. A Altman este discurso le viene como anillo al dedo, porque justifica sus megaproyectos de centros de datos de IA —y los del resto de la industria—. Si la IA se quiere convertir en ese recurso básico universal, tendremos que tener la infraestructura (las "centrales eléctricas de la IA") para sostenerla. De no contar con dicha infraestructura, advierte Altman, el precio de la "inteligencia" se disparará, convirtiéndola en un privilegio exclusivo para los más ricos o en un recurso racionado por los gobiernos.
Yottaflops de cómputo. Esa carrera por la infraestructura ya ha comenzado, y las grandes tecnológicas la están alimentando. La razón es sencilla: o entran en esa vorágine o se exponen a quedarse fuera si la revolución de la IA efectivamente se hace realidad. Lisa Su, CEO de AMD, explicaba en su charla inaugural del CES 2026 que el mundo necesitará más de "10 yottaflops" de cómputo —10.000 veces más de la capacidad de IA existente en 2022— en los próximos cinco años para poder satisfacer la demanda que plantea ese uso masivo de IA.
Faltan chips... y mucha energía. El verdadero obstáculo para conseguir tal capacidad de cómputo no solo reside en los chips —la crisis de la memoria es efecto secundario de ello—, sino también en la energía. Los centros de datos consumen muchísima, lo que hace que las redes eléctricas nacionales puedan acabar no teniendo capacidad suficiente para suplir dicha energía.
OpenAI no parará de gastar. Greg Brockman, presidente de OpenAI, explicó en diciembre que sus proyectos, por gigantescos que parezcan, irán a más. Aunque la empresa ya se ha comprometido para invertir con sus socios 1,4 billones de dólares en centros de datos en los próximos ocho años, en OpenAI quieren "adelantarse al futuro, pero no creo que podamos estarlo, no importa lo ambiciosos que queramos soñar con ser ahora mismo". Es decir, que él cree que todas sus estimaciones y proyectos pueden acabar quedándose pequeños ante la verdadera escala a la que puede llegar la IA.
Las Big Tech quieren facturarte a fin de mes. Convertir a la IA en una commodity que llegue a todos los hogares sería un triunfo absoluto para las empresas que están invirtiendo en ella. La industria tech no ha conseguido domiciliar sus costes al usuario más que en cosas como nuestra conexión a internet o, como mucho, en nuestro gasto a servicios de servicios de streaming —similares a los planes de IA actuales—. De lograr esa factura a fin de mes que además cientos (quizás miles) de millones de personas pagarían, la IA se convertiría en una extraordinaria máquina de ingresos.