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Samuel Villatoro realizando una forma. Migue Fernández Samuel Villatoro, la gran promesa del wushu malagueñoEl torremolinense obtuvo el oro en 'nangun' y 'nanquan' en el Campeonato de España en la categoría de Promoción, muy cerca ya del salto a la competición absoluta y a las pruebas internacionales
Adrián Torres
Málaga
Domingo, 29 de marzo 2026, 00:48
Samuel Villatoro calentando antes de empezar el entrenamiento. Migue FernándezEl wushu es un arte marcial chino con más de 4.000 años de historia que combina técnicas de combate, acrobacias, flexibilidad y fuerza. Es una disciplina que evolucionó de métodos de autodefensa y entrenamientos hasta convertirse en un deporte. «El wushu es lo que se conoce comúnmente como 'kung fu'. El término se popularizó en el mundo occidental con las películas de Bruce Lee. Con el tiempo se empieza a introducir el nombre real: wushu», explicó Alejandro Bonomo, el entrenador de Samuel. Es un deporte tan exigente como espectacular, que sigue siendo un gran desconocido para el público en España.
Dentro de la disciplina existen diferentes categorías. «Hay tres categorías de formas (rutinas) sin armas: el 'changquan', que se identifica con el estilo del norte; el 'nanquan', relacionado con el boxeo del sur; y el 'taijiquan', que destaca por sus movimientos lentos», matizó el entrenador. Cada estilo cuenta con su versión con armas, como el 'nanquan' que tiene el 'nangun', que se hace con un bastón y el 'nandao' con un sable.
La clave está en la constancia
El éxito del doble campeón no es casual. En un mundo donde la competitividad está a la orden del día, la clave está en la constancia. «Lo más importante para conseguir el oro estuvo en entrenar los seis días a la semana. Cada día empezamos con 30 o 40 minutos de calentamiento y luego trabajamos la técnica», detalló.
Detrás de cada medalla hay un trabajo que rara vez se ve. El competidor acumula meses de entrenamiento constante, sacrificio, sesiones de fin de semana dedicadas a perfeccionar cada movimiento. Un esfuerzo silencioso que, llegado el momento, marca la diferencia sobre la pista.
No es sólo una cuestión física. La repetición constante, la disciplina y la concentración mental forman parte del día a día de un deportista que compite en una modalidad donde cualquier mínimo error puede penalizar el resultado. Porque en la pista no solo se mide la técnica, también la capacidad de competir bajo presión.
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Samuel Villatoro y Miguel Delgado en el club de wushu. Migue FernándezPero no todo es la competitividad individual. El torremolinense no es sólo un buen atleta dentro de la pista. Su papel en el gimnasio le ha convertido en un referente para sus compañeros. «Siempre está para ayudar a sus compañeros. Si tienes alguna duda intenta ayudarte y hacer todo lo posible», afirmó Alejandro García Márquez, compañero de Villatoro. Una actitud que va de la mano con el esfuerzo que no se ve. Entrenamientos, constancia y sacrificio explican un éxito que trasciende lo individual y empuja también el crecimiento del equipo.
El éxito del gimnasio en el último campeonato no sólo se explica por los dos oros del campeón. Miguel Ángel Delgado es compañero de Samuel y se proclamó subcampeón en 'nanquan', por detrás del propio torremolinense. «Si tuviera que definirlo en una palabra, sería superación. Ha mejorado respecto al año pasado y ha elevado su puntuación y logrado dos oros», comentó.
«Empecé por un problema de sobrepeso y por recomendación médica, ya que tenía una acumulación de líquido en el cerebro»
El siguiente paso ya está en el horizonte. A sus 18 años, el deportista, el próximo año, competirá en la categoría absoluta, donde se medirá a los mejores atletas de wushu. Muchos forman parte del proceso de selección para el equipo nacional y compiten a nivel internacional. Además de 'nanquan' y 'nangun', el atleta también quiere explorar nuevas disciplinas. «Me encantaría también probar en otras categorías, para descubrir nuevos estilos», explicó.
Con ese objetivo en mente, el atleta continúa trabajando para seguir creciendo dentro de un deporte que exige tanto como ofrece. La competición termina. El pabellón recupera el pulso. Samuel Villatoro completa su forma y abandona la pista. Antes de marcharse, se gira y se despide con una última palabra: «Xièxiè!», gracias en chino.
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