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Sant Jordi: entre el júbilo en la calle y el regreso a las viejas costumbres en la Generalitat

Sant Jordi: entre el júbilo en la calle y el regreso a las viejas costumbres en la Generalitat
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CRÓNICASant Jordi: entre el júbilo en la calle y el regreso a las viejas costumbres en la GeneralitatActualizado 23 ABR. 2026 - 17:14Una pareja pasea por el Passeig de Gràcia.Enric FontcubertaEFE

Escritores, floristas y libreros fueron los grandes protagonistas de la Diada de Sant Jordi, la gran fiesta de las rosas y la literatura en Barcelona.

No faltaron las declaraciones de los líderes de todo el espectro político, aunque ninguna de ellas consiguió restar importancia a letras, rosas y a la leyenda de Sant Jordi y a sus protagonistas: un mártir reconvertido en caballero, una princesa, la rosa, el dragón y un final con diferentes versiones. Si en Catalunya la tradición catalana sostiene que Sant Jordi prosiguió con su camino tras derrotar a la encarnación del mal, en Inglaterra, todo concluye con su enlace con la hija del rey que, gracias a su intervención, logró no ser devorada por el fuego.

El dragón fue el protagonista de la campaña institucional de la Generalitat, que en vez de seguir la tradición y presentarle como el mal absoluto, pasó a deborar libros en vez de personas, y sacar amor en vez de fuegos por los colmillos.

No es la única reinterpretación simbólica que intentó hacer el Govern que capitanea Salvador Illa. El Palau de la Generalitat quiso evidenciar que, si la Restauración borbónica de finales del siglo XIX quiso ser un intento de recuperar la estabilidad tras un Sexenio Revolucionario muy convulso, lo mismo ocurre en la Catalunya del Siglo XXI.

Para Illa y su equipo, los símbolos son muy importantes y por esta razón, desempolvaron la tradicional chocolatada que el expresident Jordi Pujol instauró en su larga etapa de 23 años en la Generalitat. Luego, vino la primera etapa de tripartitos liderados por los socialistas, que intentaron dar un nuevo aire trasladando la celebración al Palacio de Pedralbes, con una recepción menos esencialista y en la zona más chic de Barcelona.

El president de la Generalitat, Salvador Illa, ha recuperado la chocolatada que realizaba en la sede institucional de la administración autonómica el exmandatario Jordi Pujol. En la imagen, el dirigente socialista con la consellera de Cultura, Sònia Hernández.David ZorrakinoEuropa Press

Los cazos para preparar chocolate y los utensilios para servirlos a 300 personalidades no fueron lo único que se recuperó. Volvió a realizarse la tradicional bendición de rosas por la misa de Sant Jordi.

Si el pasado año la ofició el abad de Montserrat, Manel Gasch, este jueves lo hizo el arzobispo de Barcelona, Joan Josep Omella. En el mismo oficio de 2017, el año de mayor intensidad del procés, Omella cargó contra "lo que divide, lo que quiere romper la comunión" , y recordó que el modelo de Sant Jordi no es "la imposición". Ayer, volvió a citar el patrón de Catalunya pero con un mensaje totalmente diferente.

En un momento lleno de "males" como las guerras, la corrupción, "la tendencia de crecimiento de las desigualdades sociales" o "la falta de respeto a los Derechos Humanos", son más que nunca los valores que encarna este mártir "no para ir con la lanza atacando a los otros, sino para luchar contra el dragón".

Migraciones

Illa, hombre metódico y madrugador, realizó minutos después de las ocho de la mañana su declaración institucional, donde habló del presente y el futuro de la lengua catalana, reivindicó una comunidad y una jornada "para todos" y también defendió la regulación extraordinaria de migrantes que está acometiendo el Gobierno.

"Debemos recordar cuando fueron nuestros abuelos y bisabuelos quienes tuvieron que marcharse en busca de una vida mejor", señaló el president de una comunidad que, en los últimos 150 años, se ha caracterizado por acoger a gente de orígenes muy distintos: otras localidades catalanas, otras comunidades autónomas y otros países.

Illa hizo gala en presentar una Catalunya "buena económicamente y moralmente" en un momento de auge de la extrema derecha a nivel internacional y local, y que está preparando las elecciones municipales, en las que tiene como objetivo empezar a implantarse a nivel territorial.

Mientras, en los corrillos políticos, no faltaron las alusiones a la materialización de varios compromisos que ERC arrancó a Illa y al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a cambio de facilitar sus respectivas investiduras: la reforma de la financiación, la Hacienda propia (el gran escollo entre socialistas y republicanos), el consorcio que tutelará las inversiones en infraestructuras por parte del Estado, y la asunción de parte de la deuda de la Generalitat.

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Fuente original: Leer en Expansión
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