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Santos Cerdán en su libro: «A mí nadie me pidió la dimisión»

Santos Cerdán en su libro: «A mí nadie me pidió la dimisión»
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El exdirigente socialista no admite ningún delito ni irregularidad y se presenta como el gran muñidor en la sombra del último Gobierno socialista
Santos Cerdán en su libro: «A mí nadie me pidió la dimisión»

El exdirigente socialista no admite ningún delito ni irregularidad y se presenta como el gran muñidor en la sombra del último Gobierno socialista

Regala esta noticia Añádenos en Google Santos Cerdán en una foto de archivo en su época de diputado. (/Borja Sanchez-Trillo/Efe)

Melchor Sáiz-Pardo

29/06/2026 Actualizado a las 15:13h.

Nada de nada. Si alguien se acerca a este libro buscando claves sobre las tramas corruptas se llevará una desilusión enorme. Santos Cerdán no admite ... ni un solo delito. Es más, casi ni nombra los procesos judiciales. Ni la más mínima irregularidad o el más mínimo atisbo de mea culpa. Ni en el tronco principal del 'caso Koldo', donde está imputado por dirigir durante años una trama de adjudicaciones amañadas junto a Koldo García y José Luis Ábalos; ni en el 'caso cloacas', donde se le atribuye haber dirigido y financiado las maniobras ilegales de la red de Leire Díez; ni en el sumario de la SEPI, en la que aparece investigado junto a su socio Antxon Alonso, la propia Leire Díez y el exdirector de la sociedad estatal Vicente Fernández.

En sus 118 páginas, Cerdán apenas entra en los nombres que sostienen las causas judiciales que rodean su caída. Es que ni menciona a Leire Díez, la exmilitante socialista con la que según la Guardia Civil se reunió en más de una treintena de ocasiones a partir de 2024 para coordinar la guerra sucia contra los agentes, jueces y fiscales que cercan al PSOE con sus investigaciones. Tampoco habla de Koldo García. Es más, la presencia de José Luis Ábalos, su antecesor en la Secretaría de Organización y condenado ya en el 'caso mascarillas', es mínima. El libro elige otro camino: el relato de una caída injusta y la reivindicación de su papel como operador decisivo del sanchismo.

La frase política más inmediata llega cuando aborda su salida del PSOE en junio de 2025. «A mí nadie me pidió la dimisión», escribe. Según su versión, redactó la renuncia como secretario de Organización y decidió entregar el acta de diputado por iniciativa propia, «convencido de que era mi obligación» y de que era «la única forma de poder defenderme». En ese momento, cuenta, recibió una nueva llamada de Pedro Sánchez. Ya habían hablado varias veces desde que apareció el informe de la UCO referido a su estado patrimonial. El presidente le pidió que fuera a La Moncloa.

«Allí nos vemos, en su despacho», relata. Cerdán asegura que explicó a Sánchez que las acusaciones eran «muy graves», que no las reconocía y que «no tenían sentido». Pero sostiene que acudió con la decisión tomada: dimitir de sus cargos en el partido y dejar el escaño. «Ese mismo día dimití de mis responsabilidades en el partido, al día siguiente me di de baja, y el día 16 entregué el acta de diputado», escribe. No hay reproche directo a Sánchez por haberle empujado a marcharse. La escena está levantada justo al contrario: para fijar que la salida fue suya.

El reproche va hacia la estructura que, según él, lo dejó solo. Cerdán cuenta que el abogado del partido dejó de representarle y que el seguro de responsabilidad civil rechazó asumir su defensa. «Abandonado y vapuleado», escribe sobre aquel momento. También sitúa ahí el inicio de su ruptura con el mundo que había habitado durante años. «En cuestión de días pasé de debatir estrategias con el presidente del Gobierno a ser acusado de delitos muy graves y a cruzar la puerta de una prisión preventiva».

El libro, que este lunes se empezó a vender en formato digital en Amazon, no es solo una defensa judicial. Es también una reivindicación política. Cerdán se presenta como el hombre que trabajaba donde no había cámaras. «Mi papel dentro del partido fue siempre más orgánico que mediático», afirma. No era, dice, la cara visible, sino quien se movía en «la trastienda de la política», donde se toman muchas decisiones importantes. «Durante años fui quien ayudó a que la maquinaria funcionara», escribe. Su tarea, añade, era «engrasar piezas que parecían incompatibles» y convertir conversaciones imposibles en acuerdos viables.

La moción de censura contra Mariano Rajoy aparece como su primer gran momento. Cerdán recuerda que faltaban los votos del PNV y que el partido nacionalista acababa de apoyar los Presupuestos del PP. Ahí introduce la orden atribuida a Sánchez delante de otros compañeros: «Con el PNV solo habla Santi, y Santi solo me reporta a mí». La frase es una de las más fuertes del libro. Cerdán sostiene que el canal decisivo para la llegada de Sánchez a La Moncloa quedó en sus manos.

No lo presenta como una operación improvisada. Habla de método, silencio y control de los tiempos. Dice que, antes de que el PNV hiciera público su apoyo, él ya había trasladado a Sánchez que el acuerdo estaba cerrado, pero que no podían anunciarlo porque correspondía a los nacionalistas comunicarlo. «El poder no cae por sorpresa», escribe en ese mismo bloque. «Se desgasta en silencio antes de romperse en público».

Navarra es el siguiente escalón. Cerdán presenta la formación del Gobierno foral socialista como otra operación de equilibrios, tensiones internas y autorización directa de Sánchez. «Recuerdo todavía el día que Pedro me llamó por teléfono y me dijo: adelante», relata. Sánchez, añade, quería «estar informado de todos los pasos» y conocer «todos los puntos y las comas» de un acuerdo que permitió a María Chivite llegar al Gobierno navarro.

«Durante las legislaturas XIV y XV en el Congreso de los Diputados, mi función fue clara: mantener abiertos los canales con el Partido Nacionalista Vasco, EH Bildu y, después, con Junts per Catalunya», escribe. Cada votación relevante exigía, según su relato, conversaciones técnicas y políticas, equilibrios delicados y llamadas de urgencia cuando una votación se torcía.

El capítulo sobre Junts concentra algunas de las frases de mayor contenido político. Cerdán sostiene que el canal con el partido de Carles Puigdemont empezó antes de las generales de 2023. «Pasé de trabajar principalmente en la sombra» a ser «el protagonista de una negociación» que tenía como objetivo conseguir «la investidura más difícil de la democracia en España», afirma. Según su versión, el encargo vino de Sánchez: abrir una vía de diálogo con Junts porque era posible que después de las elecciones sus votos fueran necesarios para gobernar y sacar adelante la investidura.

La vía no fue directa. Cerdán cuenta que recurrió al PNV para abrir la puerta con Junts. «Me organizaron una reunión en Bilbao con Jordi Turull», relata. Después vinieron encuentros discretos, casi siempre en Barcelona, «solo y con absoluta discreción». Aquellas reuniones, sostiene, no buscaban cerrar un acuerdo inmediato, sino «generar un canal». Y ese canal, según reivindica, permitió después avanzar hacia la investidura. «Sin ese espacio previo, las negociaciones para la investidura hubieran sido prácticamente imposibles».

La amnistía aparece como consecuencia política de ese itinerario. Cerdán escribe que el acuerdo con Junts abrió la puerta a la Ley de Amnistía y lo presenta como un cambio de etapa. La fotografía con Puigdemont en Bruselas fue, para él, el punto de exposición pública. «A partir de ese momento, dejé de ser una figura desconocida para la opinión pública y eso cambió todo», afirma. Hasta entonces había trabajado sin foco. Desde entonces, dice, pasó a ser visible.

El otro gran eje es la persecución. «El juicio no empieza en el juzgado. Empieza en el titular», escribe. Cerdán denuncia que el «veredicto social» llegó antes que el judicial y que la sospecha dejó de funcionar como hipótesis para convertirse en conclusión. En el libro aparece Víctor de Aldama, la acusación de los 15.000 euros en Ferraz y el Congreso del PSOE en Sevilla. Cerdán sitúa aquella declaración una semana antes de su reelección como secretario de Organización y escribe que «alguien movía los hilos» para que no volviera a ser número tres del partido.

También apunta a la UCO y a las filtraciones. Sitúa el día clave el 12 de junio de 2025, cuando el informe de la Guardia Civil llegó a su móvil mientras estaba en el hemiciclo. «Lo abro. Empiezo a leerlo desde mi escaño», escribe. «El ruido, las voces, desaparecen. El hemiciclo sigue ahí. Yo ya no». Según su versión, lo que leyó eran «interpretaciones sin sustento», acusaciones que no reconocía y «unos audios que no son conversaciones mías».

Cerdán se pregunta «desde cuándo» se le investigaba y con qué intención se filtraban informes antes de llegar a la justicia. La prisión preventiva, sostiene, tampoco se explicaba solo en términos jurídicos. Dice que se invocó el riesgo de destrucción de pruebas, pero subraya que no le requirieron el móvil ni el ordenador y que tampoco registraron su piso de Madrid ni su casa.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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