Ni los intentos fallidos del PP de hacer una "prueba común" en las comunidades autónomas en las que gobierna ni los acuerdos de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (Crue) han logrado aplacar la burbuja de notas que, un año más, se mantiene en la Selectividad. Se trata de una "elevación ficticia" de las calificaciones, según reconocen los responsables de los campus, que provoca que, al amontonarse muchos alumnos en la parte elevada de la clasificación, no se distinga claramente a los estudiantes brillantes. En la Comunidad de Madrid, el 95,1% de los 36.864 alumnos que se han presentado a la fase de acceso ha aprobado la convocatoria ordinaria -la de junio- de la prueba de acceso a la universidad, que ahora vuelve a llamarse PAU. Se trata del cuarto porcentaje más alto desde que hay registros históricos.
En otras comunidades autónomas los resultados han sido igualmente altos: el 98,14% de aptos y una media de 7,46 en Castilla y León, el 96,98% de aprobados en Navarra o el 93,7% de superados en Murcia, con una media de 6,86.
En Madrid, el año pasado aprobaron el 95,51% de los 35.047 estudiantes que se presentaron. En 2024 fue el 96,52%; en 2023, el 96,56%, cuando se alcanzó la cifra más alta de toda la serie histórica. Desde entonces ha bajado, pero de forma muy leve, lo que evidencia que las medidas que se han puesto en marcha para reducir las facilidades que comenzaron a darse a partir del Covid tienen poco impacto en los resultados. Esas facilidades, concretadas en una mayor optatividad que permitía hacerse un examen a la carta, dispararon las calificaciones a partir de 2020.
La PAU se trata de una prueba que sirve para ordenar a los alumnos de cara a su acceso a las carreras más demandadas, pero en sus orígenes -es de 1974- no era superada por la gran mayoría de alumnos como ahora. Ni siquiera en las décadas de los años 90 y 2000, cuando se produjo el pico de jóvenes matriculados en la universidad.
Del 60% al 96%
En los años 80, el porcentaje de aprobados en Madrid giraba en torno al 60%, según fuentes universitarias. En la década de los 90, rondaba el 75%. En 2000 ya se superó el 80%. En 2005 la proporción de estudiantes aptos sobre alumnos presentados era del 87%, una cifra que subió a un ritmo de un punto porcentual por año hasta 2008, que bajó al 85%. Hubo un salto considerable entre 2010 (88%) y 2011 (92%), volvió a bajar en 2017 cuando la PAU cambió a la Evau (90%). Llegó al 93% en 2018 y, desde entonces, ha tendido a un crecimiento sostenido en el tiempo: 93,11% en 2019, 92,12% en 2020, 94,94% en 2021, 94,52% en 2022, 96,56% en 2023, 96,52% en 2024 y 95,51% en 2025.
El problema es que cada vez hay más alumnos universitarios pero las plazas públicas no crecen en sintonía a ese incremento. Y que las notas de corte son especialmente elevadas en la Comunidad de Madrid, que se ha puesto de moda en toda España y a nivel internacional como destino universitario. Como la nota que un alumno saca en su comunidad autónoma le sirve para entrar en cualquier universidad del país, se producen agravios comparativos, ya que unos y otros exámenes no tienen el mismo nivel de dificultad.
El Gobierno redujo la optatividad del Covid el año pasado, pero los que ponen el examen (comisiones formadas por universidades, comunidad autónoma y profesores de institutos) siguen permitiendo atajos para sacar buena nota. Por ejemplo, en 12 comunidades autónomas se puede sacar un 7 o más en el examen de Historia de la Filosofía sin saber nada de autores modernos como Kant.
A esta burbuja en la Selectividad se le añade la que existe en los institutos, y es importante, porque la nota del Bachillerato cuenta un 60% en la calificación de acceso a la universidad. En Murcia, por ejemplo, el 30% de los alumnos hace la PAU con media de sobresaliente (9 o 10) en el Bachillerato. Porcentajes parecidos se dan en Extremadura (28%), Andalucía (27%) o Canarias (23%), cuyos alumnos de 15 años quedan a la cola en el informe PISA.