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Madres senegalesas llevan a sus hijos con parálisis cerebral sobre las espaldas por falta de recursos Amigos de la Pouponnière «Se nos murió un bebé porque no había incubadora»: de Málaga a Dakar, el origen de una red solidariaLa Fundación Amigos de la Pouponnière, con sede en Málaga, impulsa nuevos proyectos en Senegal centrados en la parálisis cerebral infantil y las becas educativas para romper ciclos familiares
Carmen Barainca
Martes, 14 de abril 2026, 00:03
CompartirDos euros. Una propina, una apuesta leve o un gesto sin memoria. Sin embargo, hay lugares donde esa cifra sostiene vidas. Una comida. Una oportunidad. Un día más. En Dakar, una madre camina horas con su hija con parálisis cerebral a la espalda; doce años sin poder verla mientras cocina. Cuando por fin la sientan en una silla adaptada, llora: «Era la primera vez que la veía mientras hacía de comer». Así recuerda Carlos Márquez, presidente de la Fundación Amigos de la Pouponnière, el testimonio de una de las familias a la que ayudan. Los recursos básicos en los barrios de Senegal son escasos. «Se nos murió un bebé porque no había incubadora. Tenemos que dar las gracias por haber nacido en un código postal diferente», declara.
Desde Málaga, esa idea se ha convertido en estructura. La fundación, nacida en 2010 como asociación tras los primeros viajes de agentes destinados en Senegal, canaliza hoy ayuda directa hacia el país africano en tres líneas principales de actuación: el apoyo al orfanato La Pouponnière de Dakar, el acceso a la educación en barrios vulnerables y la atención a menores con parálisis cerebral. Más de 80 bebés dependen de ese centro, ubicado en el barrio de la Medina, junto a decenas de familias en zonas como Sam Sam 3, donde la intervención combina alimentación, escolarización y seguimiento continuado
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Barriada de Sam Sam 3, en Senegal. Amigos de la PouponnièreEl origen, sin embargo, no fue un plan. Fue una urgencia. Márquez, entonces policía en misión, entró en el orfanato y encontró lo esencial: niños y carencias. «Se nos murió un bebé porque no había incubadora», recuerda. A partir de ahí, la ayuda se organizó desde lo inmediato. Maletas cargadas de medicamentos, envíos constantes desde Málaga, mejoras básicas en instalaciones donde aún había cableado antiguo. «Es imposible pasar por allí y que no te cambie la vida», insiste. «No vamos a cambiar África. Vamos a acompañar».
Parálisis cerebral, el secreto de las familias en Senegal
Durante años, la parálisis cerebral no fue una realidad visible en Senegal. Existía, pero dentro de las casas. Silenciada, asociada a la brujería, cargada de estigma social. «Las familias eran tratadas como apestadas», explica Márquez. La fundación decidió buscarlas una a una, entrar en los barrios, sentarse con ellas y generar confianza. Hoy, cientos de familias han salido de ese aislamiento tras años de trabajo continuado, construyendo una red que antes no existía. «Pasamos de no verlos a que salgan a la calle para manifestarse. Eso ya lo cambia todo», resume.
El cambio no empieza en lo médico, sino en lo cotidiano. En «poder sostener a un hijo sin dolor». En poder mirarlo, o poder darle una silla adaptada. «Esas sillas no salen a la calle, viven en barrios de arena, enfangados, pero se usan en casa para que ese niño esté bien sentado». A partir de ahí, la intervención se amplía. La fundación facilita el acceso a terapias que, en condiciones normales, serían inasumibles, y forma a las familias para que puedan continuar el cuidado en casa. «Una madre nos dijo que había descubierto que su hijo no tenía nada malo, que era como los demás. Solo necesitaba entenderle».
Sesiones de fisioterapia en Sam Sam, Dakar.
Amigos de la PouponnièreEntrega de material para niños con parálisis cerebral y alimentos.
Amigos de la Pouponnière Escuela de familias PCI en La Pouponnière. Amigos de la Poupinnière1 /
El siguiente paso es sanitario. La previsión de intervenciones quirúrgicas en Dakar con especialistas españoles busca tratar la espasticidad que padecen muchos de estos menores. «Son bebés con calambres tremendos que generan dolor», explica. El contexto vuelve a ser determinante: partos sin recursos y hospitales que exigen pago inmediato. «Una madre estuvo 24 horas con la placenta rota y la rechazaron en tres hospitales por no tener dinero». Su hija nació con parálisis cerebral. No es una excepción. Es una estructura.
Becas para romper ciclos familiares
La educación es el otro frente. Más lento, más estructural, pero igual de decisivo. En el barrio de Sam Sam 3, uno de los entornos más vulnerables de Dakar, la fundación sostiene becas que cubren no sólo la escolaridad, sino también la alimentación. «Un cerebro con hambre no aprende», repetía Sor Regina, religiosa de 86 años de la congregación de las Damas Negras y miembro de la Fundación. La condición es directa: el niño que asiste al colegio tiene garantizada al menos una comida al día.
El impacto es inmediato. Menores que antes abandonaban la escuela o se dormían en clase por el hambre logran continuidad. Familias que no podían sostener la escolarización empiezan a implicarse. «Lo que buscábamos era la implicación de las familias», explica Márquez. La diferencia vuelve a medirse en cifras mínimas: «Dos euros, una beca de comida diaria; ocho euros, la escolaridad». Cantidades asumibles en España, determinantes en Senegal.
La fundación interviene para controlar el destino de cada ayuda, garantizando «continuidad en el tiempo y seguimiento individualizado». «No son proyectos de inicio y final. Este dinero hay que sacarlo cada año», advierte. En ese acompañamiento reside la diferencia entre la ayuda puntual y el cambio real.
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Xxxxx Amigos de la PouponnièreMás allá de estos dos ejes principales, la actividad de la fundación se extiende a otras líneas de intervención: el envío periódico de alimentos, medicamentos y material básico al orfanato; la mejora de infraestructuras, desde lavadoras industriales hasta sistemas eléctricos; programas como 'Más que un pañal', que alivia la carga de las familias; o 'Solidaridad en marcha', que facilita material ortoprotésico reutilizado desde España. A ello se suman iniciativas impulsadas desde Málaga, como eventos solidarios o colaboraciones con hostelería local como la iniciativa 'Tapa Solidaria', que convierte gestos mínimos en financiación directa sobre el terreno.
Málaga sigue siendo uno de los principales puntos de partida de esa red discreta y constante. Y todo vuelve al mismo lugar. Al origen. Al código postal. «Si naces en un barrio de Senegal estás condenado; si naces aquí, no somos conscientes de lo que tenemos», reitera Márquez. También vuelve a lo más pequeño. A lo que aquí apenas pesa. Dos euros. La distancia real entre dos vidas.
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