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Sefardíes, únicos excluidos del 'coladero' de nacionalizaciones: "Me piden buscar en Irán mis documentos de judía española"

Sefardíes, únicos excluidos del 'coladero' de nacionalizaciones: "Me piden buscar en Irán mis documentos de judía española"
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Los descendientes de los judíos expulsados de España han tenido que justificar una genealogía de hasta doce generaciones en distintos países de Europa. Más información: Un millón de argentinos han reclamado la nacionalidad española desde que entró en vigor la ley de nietos

Dos personas se hacen un selfie durante el inicio del Hannukah, a 18 de diciembre de 2025, en Barcelona. Alberto Paredes / Europa Press

Europa Sefardíes, únicos excluidos del 'coladero' de nacionalizaciones: "Me piden buscar en Irán mis documentos de judía española"

Los descendientes de los judíos expulsados de España han tenido que justificar una genealogía de hasta doce generaciones en distintos países de Europa.

Más información: Un millón de argentinos han reclamado la nacionalidad española desde que entró en vigor la ley de nietos

Publicada 11 julio 2026 02:42h Las claves

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A Reina (nombre ficticio), judía sefardí residente en Seattle, le han denegado la la nacionalidad española. Según cuenta a EL ESPAÑOL, no sabe si va a recurrir. El costo de reunir toda la documentación asciende a varios miles de dólares.

El caso de esta mujer norteamericana es especialmente complejo. Para recuperar documentos que le faltan tendría que viajar a Irán, "algo imposible" como denuncia. Su familia huyó de la república islámica cuando los ayatolás tomaron el poder en 1979.

"Lo que ocurre muchas veces es que desde las federaciones judías se sobreentiende que los judíos de Irán son mizrajíes, no sefardíes. Sin embargo, los ancestros de Reina fueron exiliados de Sefarad (España en hebreo)", explica Esther Bendahan, del Centro Sefarad Israel.

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Pero “conseguir esa documentación es prácticamente imposible, porque quedaron en Irán” continúa Bendahan. "Las comunidades judías de países árabes desaparecieron, los judíos no pueden volver en la mayoría de estos países sin ponerse en peligro", concluye.

Sin embargo, Reina sí aportó documentación que probaría el origen sefardí antes de que sus antepasados se asentasen en Irán, como su paso por Turquía. Muchos de estos judíos emigraron hacia oriente, a países como Grecia o Turquía tras su expulsión de la Península Ibérica.

Reina es la única de todo su núcleo familiar que quedó sin la nacionalidad española, aunque todavía se plantea el recurrir la sentencia. Sin embargo, la FCJE (Federación de Comunidades Judías de España), consideró que la documentación aportada no era suficiente para probar sus orígenes sefardíes, por lo que no fue aprobada ni presentada al Ministerio de Justicia para su tramitación.

Los procesos de verificación a la hora de dar la nacionalidad a los sefardíes son mucho más estrictos que para la ley de nietos, que ha estado en boca de todos en las últimas semanas.

El "coladero" de la ley de nietos

"Se presumirá la condición de exiliado respecto de todos los españoles que salieron de España entre el 18 de julio de 1936 y el 31 de diciembre de 1955". Así reza la instrucción administrativa que modificó Sofía Puente, hermana del ministro de Transportes, Óscar Puente, en la disposición adicional octava de la Ley de Memoria Democrática, más conocida como 'ley de nietos', firmada el 25 de octubre de 2022.

Un total de 2,4 millones de hijos y nietos de exiliados han solicitado la nacionalidad española a través de la citada ley, de los cuales 544.722 ya la tienen aprobada, según la información del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática.

Puerta de entrada de la Sinagoga Mayor de Barcelona, actual Museu Judío de El Call, a 16 de octubre de 2023, en Barcelona David Zorrakino / Europa Press

Esta modificación elimina los requisitos para probar el lazo de sangre con España para todos aquellos demandantes de la nacionalidad. Para solicitarla, basta con probar la descendencia de personas que renunciaron o perdieron la nacionalidad española tras abandonar el país en ese marco temporal.

Así, los nietos e incluso los bisnietos de quienes ya no disponían de su antigua nacionalidad por motivos políticos, ideológicos, de creencia o de orientación sexual serían compensados por la emigración forzada de sus ancestros a través de esta ley. De ahí su nombre: 'Ley de Memoria Histórica'.

Con esta enmienda, bastaría con entregar la inscripción civil del antepasado español. Sin embargo, cuando no consta la inscripción civil del antepasado, basta la fe de bautismo del archivo parroquial acompañada de una certificación de que el Registro Civil no la recoge. Para un antepasado del siglo XIX esa ausencia civil es la norma, porque el Registro Civil no existía antes de 1871.

Además, según destapó para El Debate la periodista Isabel Durán, los consulados no verifican con los archivos históricos diocesanos las miles de partidas de bautismo con las que se concede la nacionalidad. Gran parte de esos libros ardieron entre 1936 y 1939 y, en muchas ocasiones, no queda nada con lo que comprobar el origen que exige la ley.

De aquí nacenlas acusaciones del líder de la oposición, Alberto Nuñez Feijoó, de que el Gobierno dePedro Sánchez esté haciendo “ingeniería electoral” para ganar votos en el exterior, ya que estos nuevos nacionales tendrán derecho a votar en las elecciones si están correctamente inscritos en el CERA (Censo Electoral de Residentes Ausentes).

Por ley, el elector CERA se adscribe al municipio de su última residencia en España y, si nunca residió en el país, al municipio de más arraigo propio o de alguno de sus ascendientes. Esto puede hacer crecer el censo de Comunidades autónomas de emigración histórica como Galicia, Extremadura o Santa Cruz de Tenerife. Cuando no hay documentación que acredite esa procedencia, la adscripción recae por defecto en Madrid.

Pero los tatara-tatara nietos de los judíos expulsados de la península Ibérica no han podido acogerse ni a la 'ley de nietos' ni al proceso de regularización masiva extraordinaria, dado que su origen se remonta a antes del siglo XIX.

Los abogados Davide Aliberti y Abel Bedoya trabajaron con la Ley 12/2015 creada exclusivamente para facilitar la nacionalización de los descendientes de la diáspora judía sefardí. Confirman que han quedado fuera de ambos procesos de regularización masiva.

"El trámite para la 'ley de nietos' no es complejo" explica el letrado Bedoya. "Lo único necesario sería acreditar la nacionalidad de los padres o abuelos, el motivo de que hubiesen salido, que no hubiesen regresado a España y acreditarlo".

La difícil vía para los sefardíes

La ley 12/2015 fue una iniciativa para agilizar la nacionalización de sefardíes que nació de la llamada 'carta de naturaleza'. Esta ley fue temporal: estuvo vigente desde 2015 hasta 2019, mientras que el plazo para subsanar o aportar documentación extra finalizó en 2021.

Actualmente, los sefardíes se pueden nacionalizar a través de dos vías: mediante la residencia legal y continuada en el país durante dos años o por la 'carta de naturaleza', que se da por circunstancias excepcionales.

Yitzhak Yosef, rabino jefe sefardí de Israel en 2023. Carsten Koall/dpa

"Por ejemplo, un investigador que haya publicado muchos artículos sobre el tema puede conseguir dicha carta y aplicar a la nacionalidad sin haber residido en España", explica Aliberti, autor del libro Sefarad. Una comunidad imaginada (1924-2015).

"Se podría decir que lo que buscaba la ley en aquel momento era naturalizar y mejorar la relación con Israel, aunque con el tiempo terminó tomando ese carácter de memoria y de reparación histórica", explica.

Entre los descendientes hace falta hacer una distinción. El primero es el de aquellos cuyos antepasados mantuvieron su religión y la pasaron de generación en generación, hasta el día de hoy, por lo que la siguen practicando.

El segundo es el de aquellos cuyos ancestros se convirtieron al cristianismo para evitar ser expulsados pero mantuvieron las costumbres en secreto, porlo que sus descendientes a día de hoy ya no son judíos.

Para otorgar la nacionalidad a los sefardíes, “se necesitaba, por ejemplo, una certificación del rabino local del lugar de residencia en el caso de los judíos. Esta se debe enviar a España a la Federación de Comunidades Judías", continúa Bedoya.

Este organismo es el encargado de "hacer todas las comprobaciones, como que realmente esa comunidad existe, de dónde proviene, que el rabino es realmente un rabino, etc...". Tras esta exhaustiva comprobación, las Federaciones presentaban la documentación.

Después sólo queda esperar, a veces años. Los solicitantes deben acreditar su árbol genealógico con una certificación específica. También deben aprobar dos pruebas del Instituto Cervantes: una de lengua española y otra de conocimientos socioculturales.

Los sefardíes que ya no son judíos

Aquellos que ya no son judíos "lo demuestran a través de sus propias federaciones o comunidades judías, que prueban que tienen vínculos en sus costumbres sefardíes o bien porque hablan ladino o judeo-español todavía", explica Bendahan.

Otra opción es la ketubá, el contrato matrimonial judío, "documento muy útil ya que viene con una genealogía que detalla de dónde proviene el árbol genealógico de los novios", apunta.

Por ejemplo, los judíos del norte de Marruecos se casan según las leyes de Castilla. "Es por ello que no tienen ningún problema, y demuestran muy fácilmente su procedencia, porque esa ley está claramente vinculada con España", continúa.

El británico Michael Black tuvo que documentar una genealogía sefardí de doce generaciones para obtener la nacionalidad. Newmans Row

Pero los sefardíes tienen que demostrar además que tienen un vínculo actual. "Muchos se vinculan precisamente por eso a distintas fundaciones, como la Federación de Comunidades Judías de España, la asociación del museo del Prado o el centro Sefarad", concluye Bendahan.

Una historia de 12 generaciones

Michael Black, miembro de la comunidad hispanoportuguesa de Londres Bevis Marks, tuvo que invertir mucho tiempo y recursos hasta llegar a probar su origen sefardí y obtener la nacionalidad.

Sus antepasados eligieron permanecer en la península Ibérica como conversos hasta el año 1692, en que decidieron emigrar a Países Bajos. Siglos más tarde, sus descendientes emigraron a Londres, donde la familia permanece a día de hoy.

La parte más compleja era la investigación, cuenta Black, residía en buscar "en los archivos municipales de Ámsterdam referencias de mi familia entre 1692 y 1793 para construir el árbol genealógico".

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Tras esto, tuvieron que obtener "un informe escrito y certificado en neerlandés por el Municipio de Ámsterdam, que tuvo que estar traducido, primero al inglés para la sinagoga de Bevis Marks y luego al español para la FCJE", explica.

Al mismo tiempo, usó los archivos de su comunidad para hacer "otro informe sobre la familia desde 1793, cuando abandonó Ámsterdam para ir a Londres, con todas las referencias que venían de los Archivos de Bevis Marks, de los Censos a partir de 1848 y de otras fuentes".

Otra dificultad fue elegir cómo presentar toda esta información para la FJCE y al Ministerio de Justicia para que "pudieran entender una historia de 12 generaciones", concluye.

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