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Sehila González de Vicente: «En diez años tendremos prototipos comerciales de fusión nuclear»

Sehila González de Vicente: «En diez años tendremos prototipos comerciales de fusión nuclear»
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Esta física malagueña es una de las mayores expertas mundiales en el estudio para la producción y comercialización de esta nueva fuente de energía: segura, sin emisiones de C02 e inagotable

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Sehila González de Vicente vive a caballo entre su residencia en Torrox y los numerosos países a los que viaja por trabajo. Salvador Salas Sehila González de Vicente: «En diez años tendremos prototipos comerciales de fusión nuclear»

Esta física malagueña es una de las mayores expertas mundiales en el estudio para la producción y comercialización de esta nueva fuente de energía: segura, sin emisiones de C02 e inagotable

Susana Zamora

Domingo, 8 de febrero 2026, 00:36

... fusión nuclear para Clean Air Task Force. En 2023, esta empresa, con sede en Boston, tocó a su puerta para que pusiera en marcha un proyecto de fusión con vistas a la comercialización (marco regulatorio, análisis de costes y compilación de todo lo que se está haciendo) de una energía inagotable, respetuosa con el medio ambiente y que promete ser en una década el «santo grial».

–Trabaja en el desarrollo de una energía limpia y segura, producida a partir de la fusión nuclear, sin emisiones de CO2 ni residuos problemáticos como los producidos por la fisión nuclear. ¿Cómo de lejano está su desarrollo comercial?

–La fusión es lo contrario de la fisión. En la fisión divides un núcleo pesado, normalmente uranio o plutonio, en núcleos más ligeros y liberas energía. En la fusión ocurre lo contrario: coges átomos de hidrógeno, te quedas con el núcleo e intentas unir dos, núcleo de hidrógeno o isótopos de hidrógeno, deuterio y tritio. Y cuando se unen se libera una gran cantidad de energía. Para lograrlo hay que calentar mucho el sistema, a más de 100 millones de grados. Hacer eso es muy complejo tecnológicamente. Por eso, a día de hoy no tenemos plantas de fusión. Lo bueno de ésta es que no hay residuos, no emite CO₂ y es mucho más limpia, pero tecnológicamente es muy compleja. ¿Y cómo de lejos estamos de tener una planta de fusión comercial? Pues ya se están construyendo prototipos. En Estados Unidos, concretamente en Virginia, Commonwealth Fusion Systems, la empresa de fusión mejor capitalizada del mundo, con unos 3.000 millones de dólares, está construyendo una planta prototipo. En Tennessee, la empresa Type One Energy está desarrollando otro prototipo, un 'stellarators'. En unos diez años podremos tener disponibles prototipos comerciales.

En todo este proceso tenemos grandes desafíos tecnológicos: hay que confinar el plasma de forma estable, y eso es complicado, pero ahora contamos con nuevas herramientas, como la inteligencia artificial y una electrónica que antes no existía. ¿Por qué la fusión ahora sí y antes no? Primero porque hay mucho más interés, más inversión y porque tenemos recursos que la posibilitan, como la inteligencia artificial. Además, no tenemos que irnos muy lejos. En Sevilla hay un grupo de la Universidad de Sevilla que tiene un tokamak llamado SMART. Van a construir una planta piloto en breve y trabajan con la Universidad de Princeton. No hay que tener complejos ni sentirnos menos que nadie. Que no estamos tan bien capitalizados como Commonwealth Fusion Systems, no, pero aquí también se está haciendo ciencia de primer nivel.

Características

«La energía de fusión no emite CO₂ y es más limpia, pero tecnológicamente es muy compleja»

–Tener la energía que se precise y cuando se quiera, sin depender de la naturaleza, de si hace sol o viento, ni de si se acaban las reservas de petróleo. Acabar con la dependencia energética entre países. Eso, en los tiempos que corren, suena a ciencia ficción...

–No suena a ciencia ficción, suena más bien al santo grial (risas). Es lo que todo el mundo desea: seguridad energética. A finales de noviembre, la Administración Trump sacó unos documentos de seguridad nacional de 30 páginas. Yo me los leí y la mitad eran sobre seguridad energética. En Europa, lo hemos notado con la dependencia del gas ruso. Yo vivía en Viena cuando se cortó el suministro y vi cómo la factura de la calefacción se duplicó. Si no dependes del gas de otros, tus relaciones con terceros países cambian completamente. Esto se sabe y en Estados Unidos se tiene muy en cuenta. En Europa se empieza ahora, pero ellos van un paso por delante.

–Trabajar en algo tan a largo plazo, ¿no le genera cierta frustración?

–No. Es un reto. Aunque tu contribución pueda ser mínima, quieres formar parte y colaborar en todo lo que puedas. Además, tienes la oportunidad de vivirlo en primera persona: hablo regularmente con la gente de Commonwealth Fusion Systems, visito sus instalaciones, colaboro con otros países... Estás en ese engranaje. Cuando una industria está empezando y tú estás ahí, eso no tiene precio.

–¿Visualiza ese momento en que estas plantas estén funcionando?

Por supuesto. Cuando las máquinas que se están construyendo estén terminadas y estén en la red funcionando, van a cambiar la humanidad. Va a ser una revolución.

–Esto recuerda a la carrera espacial…

–Es exactamente eso. Hay una carrera entre China y Estados Unidos para ver quién lo consigue antes. Es una tecnología que no está desarrollada, pero en la que se están invirtiendo recursos, dinero y talento y en donde ambos países tienen a otro competidor fuerte. Y ahí cada uno está jugando sus cartas internacionales. Por desgracia, Europa no pinta mucho. En enero, Estados Unidos firmó un acuerdo de colaboración para la fusión con Japón, China otro con Europa. Es una carrera global.

–Y quien primero llegue, se llevará el gato al agua…

–Lo importante es que esta energía de fusión sea una realidad, porque al final habrá empresas que la comercialicen y se acabará extendiendo por todo el mundo. Pero, sin duda, el que llegue primero tendrá una ventaja clara, sobre todo porque contará con datos que será capaz de optimizar. Pero no significa que el resto no se beneficie. Llegar primero no garantiza quedarse con todo, pero sí demostrar una primacía tecnológica importante. En los inicios de Internet, nadie hablaba de Google, por eso creo que llegar primero no implica necesariamente llevarse el gato al agua.

Futuro

«Cuando las máquinas estén funcionando, van a cambiar la humanidad»

–¿Desde cuándo se investiga la fusión nuclear?

–Desde los años cincuenta. En los sesenta, los rusos propusieron unas máquinas para hacer fusión, que se llaman tokamak (tiene nombre ruso porque las inventaron ellos) como una de las formas más fáciles de conseguir la fusión. Desde entonces se han desarrollado muchos modelos: tokamak, stellarators, Z pinch o fusión inercial. El tokamak es la que está más avanzada porque fue el primero, pero no significa que finalmente vaya a ser la más comercial. En Sevilla tienen una tokamak; en Commonwealth Fusion Systems también; la start up Proxima, en Alemania, tiene un stellarators… En los años ochenta hubo un impulso fuerte por la crisis del petróleo, pero cuando ésta se resolvió –mala suerte para los físicos (risas)– el interés decayó. En cualquier caso, no se disponían de las herramientas de hoy en día. Actualmente, hay una necesidad real de más energía por parte de la sociedad y uno de los candidatos para abastecer esa demanda es la fusión: centros de datos, hospitales, calefacción, conectividad. La humanidad necesita más fuentes de energía, es lo que se conoce como 'energy addition'.

–¿Algún experimento que haya constatado que van por el buen camino? ¿Se ha logrado producir más energía de la que se consume?

–Cuantitativamente, 'Q' es la magnitud que mide la relación entre la cantidad de potencia térmica producida en comparación con la cantidad de potencia térmica inyectada a la máquina para sobrecalentar el plasma e iniciar la reacción. Cuando se produce más energía de la que se le administra al plasma, eso se llama 'Q' científica. A finales de 2022 se consiguió por primera vez un 'Q científico' positivo: en el plasma se obtuvo más energía de la que se introdujo. Eso demuestra que el principio físico funciona. El 'Q de ingeniería', contando toda la instalación, todavía no se ha logrado y lo demostrarán las plantas piloto. Desde entonces se han conseguido ganancias mayores, hasta más de cuatro veces. Además, cada pocos meses hay anuncios de avances, sobre todo en estabilidad del plasma, que es uno de los grandes retos. Si no es estable, la máquina se apaga. Es la gran diferencia con respecto a la fisión, en fusión no se puede producir una reacción en cadena.

–De haber existido ya, ¿se habría evitado el apagón que sufrió la Península en abril del pasado año?

–Sí, porque una de las causas del apagón fue la falta de energía firme en la red, que permite tener un estado síncrono de la energía que vas poniendo en ella. ¿Cómo se consigue esa sincronicidad? Con energías firmes, porque las renovables son muy asíncronas. Cuanta más energía firme pongas en la red (hidroeléctrica, ciclos combinados o nuclear), más estable es la red y menos riesgo de apagón hay. La fusión contribuiría a esa estabilidad.

Comercialización

«Hay una carrera entre China y Estados Unidos para ver quién lo consigue antes»

–¿Cómo de interesados se muestran actualmente los países por producirla, además de China y EE UU que encabezan esta carrera energética?

–China y Estados Unidos la lideran claramente. China con un modelo basado en capital público; Estados Unidos con capital privado. En Europa, Alemania está apostando fuerte con cuatro o cinco start up de fusión y tienen bastante conocimiento en sus centros de investigación. También Francia, los países nórdicos y Reino Unido, que tiene un programa muy agresivo en fusión y es parte de la estrategia del gobierno. En España deberíamos hacer más. Aquí tenemos talento y recursos: el CIEMAT de Madrid; el grupo de Sevilla que ha construido el Tokamak-Smart, y también Granada, donde hay una máquina para testear materiales para la fusión muy importante. Pero falta un plan, presupuesto, voluntad política y entender que es un sector estratégico de alta tecnología.

–¿Qué papel juegan el litio y las tierras raras en la fusión?

–El litio no es una tierra rara, es un mineral crítico. Las tierras raras se utilizan sobre todo en los imanes. El litio es clave porque el tritio se produce a partir del litio dentro de la propia máquina. Se necesitan grandes cantidades de litio muy puro. Hay reservas en Chile, Argentina y Bolivia, pero hoy el refinado está dominado por China, lo que genera una dependencia estratégica. Estados Unidos y la Unión Europea están intentando asegurar sus propias cadenas de suministro para no dejarlo en manos de un tercero.

–¿La fusión supondrá el fin de las centrales nucleares actuales y los residuos radiactivos?

–Habrá un largo periodo de coexistencia. Harán falta las renovables, la nuclear tradicional, la nuclear avanzada y la fusión. Cada territorio decidirá según sus condiciones. La fusión llegará, pero no sustituirá todo de golpe.

La niña que necesitaba saber el porqué de todo

Sehila González de Vicente creció en un entorno rural que influyó decisivamente en su concepción del esfuerzo, la educación y la ambición personal. Sus padres (él de Lagos y su madre de Sayalonga), hoy jubilados, continúan residiendo en la misma casa familiar en Lagos, donde su padre trabajó durante años en el negocio heredado de su familia: un estanco.

Su educación comenzó en la escuela capilla de Lagos, donde estudió hasta los ocho años con una única maestra, Asunción, a quien considera una figura clave por transmitir no solo conocimientos, sino también la importancia de la responsabilidad individual y la idea de que el origen no debe limitar las aspiraciones.

Más tarde continuaría sus estudios en el Instituto Jorge Guillén de Torrox. Aquí tiene su residencia. Desde muy joven tuvo clara su inclinación por las ciencias. Leía textos divulgativos sobre Newton y sobre el funcionamiento de la naturaleza. Una vez descartada Arquitectura por «no tener habilidades» para el dibujo técnico, dudó entre estudiar Física o Ingeniería de Caminos. Le apasionaba el cálculo de estructuras. Al final, cursó Física en la Universidad Complutense de Madrid y amplió su formación con un MBA en la Escuela de Organización Industrial (EOI), reflejo de su interés por la economía y la gestión. Gracias a una beca del CIEMAT inició su investigación en materiales para fusión, ámbito en el que desarrolló su doctorado.

Su proyección científica se apuntaló con un postdoctorado en Bélgica y, antes de cumplir treinta años, con su incorporación al European Fusion Development Agreement, actual EUROfusion. Desde Múnich dirigió durante cinco años el programa europeo de materiales para fusión. Su carrera adquirió un marcado perfil internacional al trabajar directamente con laboratorios europeos, japoneses y con organismos como Fusion for Energy.

Posteriormente, trabajó más de ocho años en la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), en donde ahora está en excedencia. Desde 2023, es directora global de energía de fusión en Clean Air Task Force. También es fundadora de la asociación Women in Fusion.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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