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Semana Santa y política en Andalucía

Semana Santa y política en Andalucía
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El liderazgo del Partido Popular en Andalucía arrincona a los extremos ideológicos. Se dirá que la fórmula de la 'Casa Común' que Moreno rescató y puso en práctica es la única que puede llevar a buen puerto el proceso de "derechización", o, si se quiere, de sentido común, de la política nacional. Leer
Ensayos liberalesSemana Santa y política en Andalucía
  • TOM BURNS MARAÑÓN
Actualizado 3 ABR. 2026 - 00:39El presidente de la Junta y candidato del PP a la reelección, Juanma Moreno, y la candidata del PSOE, María Jesús Montero.Jasper JacobsEuropa Press

El liderazgo del Partido Popular en Andalucía arrincona a los extremos ideológicos. Se dirá que la fórmula de la 'Casa Común' que Moreno rescató y puso en práctica es la única que puede llevar a buen puerto el proceso de "derechización", o, si se quiere, de sentido común, de la política nacional.

Un año más los andaluces se vuelcan esta Semana Santa en sus procesiones y contagian a los visitantes. Los hombres visten traje y corbata de luto, las mujeres, de negro, lucen mantilla y lo único que importa es el paso de la imagen. En Semana Santa se para el tiempo en Andalucía.

Esto se sabe y siempre ha sido así en muchísimos lugares de España, Pero en Andalucía, el fervor popular es mayor y la intensidad en las calles de Sevilla supera la de cualquier otra de sus ciudades. La Madrugá en la capital andaluza contrasta con la aparente levedad con la cual la región afronta unas decisivas elecciones a mediados del próximo mes de mayo.

Año tras año aumenta el número de penitentes y son más las cofradías. En Sevilla la procesión de la Virgen de la Esperanza Macarena bate récords. La levantá de su imagen en la salida de su templo, a medianoche entre el jueves y viernes, congrega a una enorme multitud. La hermandad comienza un trayecto de catorce horas y sevillanos y forasteros se pueden pasar noventa minutos viendo desfilar a sus 4.000 nazarenos.

Esta intensidad difiere radicalmente con la aparente apatía que acompaña los prolegómenos de la precampaña para elegir, el 17 de mayo, a los miembros del parlamento andaluz. Se dirá que es una dejadez recurrente porque salvo que coincidan con elecciones generales, la participación en las regionales en Andalucía suele estar en torno al cincuenta y pico por ciento.

La apariencia de indolencia y hasta de desdén hacia lo político es en buena parte consecuencia de los tópicos que engendra la región meridional. Los literatos ingleses y franceses que se pasearon por España en el siglo XIX ya decidieron que el principal encanto de Andalucía era la arcaica y oriental escala de valores de sus habitantes. Les fascinaba la escéptica gracia que empleaba el andaluz para sabiamente ver pasar la vida sin demasiadas complicaciones.

Ortega y Gasset elevó la anécdota al nivel de categoría cuando remató la saga de lugares comunes que envuelve a la región al reflexionar sobre el "ideal vegetativo" en su Teoría de Andalucía (1927). La región meridional constituía un crisol que fueron llenando las distintas civilizaciones que la poblaron y el recipiente, barroco como demanda el canon andaluz, rezumaba la idealización de la belleza.

Andalucía podía "vegetar" porque lo tenía todo. Era una sociedad de "raíz campesina" y su fértil campo había dominado la "cultura guerrera" de Castilla. El filósofo no pretendía minusvalorar este transcendente ideal del hombre del sur, todo lo contrario, pero indignó al personal aludido cuando se refirió a la "holgazanería" del andaluz.

La imputación ofendió porque el andaluz ha emigrado para encontrar trabajo. Y, además, andaluces de toda condición se han esforzado para poder participar en la vida pública. Esto, en determinados periodos, lo han conseguido. Y así lo reconoció Don José que sentía una sincera simpatía por Andalucía.

Escribió en su Teoría que en el XIX, siglo que comenzó con las Cortes de Cádiz y finalizó con el asesinato del malagueño Antonio Cánovas de Castillo, España vivió "sometida a la influencia hegemónica de Andalucía". Las ideas dominantes de la época se debatían con "acento andaluz".

Peso político

El apunte orteguiano es intrigante porque lo mismo ocurrió en el último cuarto del siglo XX cuando se restauró la democracia y el sevillano Felipe González ganó cuatro elecciones generales sucesivas. Lo cierto, aunque debido a los tópicos no necesariamente se es consciente de ello, es que Andalucía tiene un innegable peso político.

No puede ser de otra manera puesto que Andalucía es la región que más candidatos elige al Congreso de los Diputados -sesenta y un escaños- seguidos por los cuarenta y ocho representantes, la mayor parte de Barcelona, que envía Cataluña al hemiciclo de la soberanía nacional. Andalucía tiene un innegable peso en las políticas de Estado y todo gobierno, del signo que sea, ha de tener su "cuota andaluza".

La cuestión, entonces, es cómo administra hoy Andalucía ese peso político que le es propio. Al centrarse en ella, un incuestionable punto de partida es la constatación de que el proceso de derechización de una España subyugada por el sanchismo comenzó en Andalucía.

En 2018, el año anterior a la formación del gobierno Frankenstein que nombró Pedro Sánchez, el Partido Socialista perdió el poder que durante treinta y seis años había ejercido en la Junta de Andalucía. El sur de España dejó de ser el patrimonio socialista, sometido al clientelismo, que crearon los paisanos de González. Por primera vez Vox obtuvo representación en un parlamento autonómico.

Las elecciones al parlamento andaluz el 2 de diciembre de 2018 fueron un fiel retrato de la decadencia de los dos partidos "dinásticos", el Socialista y el Popular, y de la fragmentación de la vida parlamentaria. Ambos partidos perdieron casi el treinta por ciento de su voto y por ello los árbitros de la nueva legislatura andaluza serían las formaciones insurgentes de Ciudadanos y de Vox. El resultado no fue del todo sorprendente pero sí lo fue cómo lo consiguió gestionar el Partido Popular de Andalucía.

El malagueño Juan Manuel Moreno Bonilla, la nueva y amable cara del centroderecha en la región, logró desbancar al Partido Socialista mediante un pacto de legislatura con los centristas de Ciudadanos que fue apoyado por la derecha conservadora de Vox. Al hacerlo el que fuera presidente nacional de Nuevas Generaciones, las juventudes del Partido Popular, recurrió a los cimientos de la Casa Común que más de veinte años antes había construido José María Aznar.

Bajó el liderazgo de Aznar convivían liberales y conservadores, socialdemócratas y cristianodemócratas y este amplio elenco de adhesiones fue lo que Mariano Rajoy heredó y disipó. Vox es una escisión del Partido Popular que le echó en cara a Rajoy su abyecto cumplimiento del programa electoral cuando en 2011 ganó una mayoría absoluta. El ya difunto Ciudadanos recibió durante un breve tiempo mucho voto liberal y, también socialdemócrata, que Aznar pudo atraer y que Rajoy no supo retener.

En Andalucía, Moreno Bonilla le dio con tanta fuerza e inteligencia el abrazo del oso a su socio Ciudadanos que el supuesto partido bisagra desapareció por completo del parlamento sevillano en las elecciones autonómicas de 2022. Consecuencia de ello es que el Partido Popular andaluz tiene un claro componente liberal.

Apuesta por el sentido común

Y, puesto que llegado 2022 el Partido Socialista seguía sangrando por las heridas de su largo paso por el poder en Andalucía, el líder de los populares meridionales ganó las elecciones con una inapelable mayoría absoluta. Se dirá que la fórmula de la Casa Común que Moreno Bonilla rescató y puso en práctica es la única que puede llevar a buen puerto el proceso de "derechización", o, si se quiere, de sentido común, de la política nacional.

El nuevo liderazgo del Partido Popular en Andalucía arrincona a los extremos ideológicos. La izquierda está en caída libre. Su "no a la guerra" no está en la conversación andaluza por la sencilla razón de que es un infantilismo que algo tan serio como es el "ideal vegetativo" da por hecho. Lo que agradablemente asimila y "vegeta" no entiende de "muros" y pasa de peleas.

Por esto último pocos creen que una fuerte subida de Vox le niegue a Moreno Bonilla una nueva mayoría el 17-M. La política de agresiva confrontación tiene menos margen de maniobra en Andalucía que en otras regiones. En la España meridional se requiere que él que la ejerce sea "buena gente" y se percibe que Moreno Bonilla, que no ha hecho otra cosa en su vida, lo es.

En el proceso de derechización de la política en España destacan la personalidad, el empuje de Isabel Díaz Ayuso en Madrid y la del dirigente de Partido Popular en Andalucía. Los dos son cercanos, tienen una autenticidad bien certificada, una mentalidad abierta, respetan las tradiciones, rebajan impuestos y eliminan el de sucesiones.

Ambos son potenciales líderes nacionales y el tiempo se encargará de poner a cada uno en su sitio. Por lo pronto la política no toca en la Semana Santa andaluza. Y cuando toque, pasada la Feria de Sevilla que comenzará dentro de un par de semanas, Moreno Bonilla se ocupará de que sea sin sobresaltos, sosegada e inclusiva.

Pocos días después del 17-M, teniendo Moreno Bonilla el nuevo mandato en la Tierra de María Santísima que le aseguran las encuestas bajo el brazo, tocará la romería al santuario de otra popularísima Virgen que es la del Rocío. El "ideal vegetativo" goza de una insultante salud.

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Fuente original: Leer en Expansión
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