El exciclista del Caja Rural, que sufrió una lesión medular tras chocar contra una furgoneta mientras entrenaba en 2023, visita a su antiguo equipo en su histórica participación en la Grande Boucle: “Estoy aquí, el equipo está en el Tour y eso es lo bonito"
Sergio, en el Tour con 'su' CajN. LABARGA (MARCA)- NACHO LABARGA/DANIER GARCÍA V. Mulhouse
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Sergio Román Martín vuelve a estar en el Tour de Francia. No como tantas veces lo había imaginado. No con un dorsal prendido al maillot, ni buscando una escapada, ni soñando con resistir junto a los mejores en una llegada exigente. Regresa en una silla de ruedas, convertido en invitado de un Caja Rural-Seguros RGA que ha alcanzado precisamente el lugar al que él aspiraba cuando todavía era ciclista profesional.
Han pasado algo más de tres años desde aquel 7 de marzo de 2023 que dividió su vida en dos. Sergio entrenaba con la bicicleta de contrarreloj por una carretera de Madrid cuando chocó frontalmente contra una furgoneta de conservación detenida en el arcén. Se rompió dos vértebras y sufrió una lesión medular. Despertó en el suelo sin sentir las piernas.
Tenía 26 años, había disputado La Vuelta con el Caja Rural y todavía conservaba en la memoria aquella jornada de la Vuelta a Gran Bretaña en la que llegó a rodar junto a Wout van Aert y Julian Alaphilippe. El ciclismo era su profesión, pero también la vida que había elegido desde niño. De repente, todo quedó detenido.
“Esta es la carrera más difícil de mi vida”, dijo entonces durante su rehabilitación en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. Hoy aquella carrera continúa. Y una de sus etapas le ha llevado hasta el Tour.
“Es un placer estar otra vez con vosotros. Estoy muy bien, aquí con el equipo. El Tour siempre es especial, pero este año, estando nosotros en la carrera, es todavía más especial. No podía perdérmelo”, cuenta a MARCA durante su visita al conjunto navarro.
El sueño que parecía estar fuera del Caja
La presencia de Sergio posee un fuerte significado para el equipo. Él formó parte de una generación que soñaba con disputar el Tour, aunque durante mucho tiempo parecía imposible hacerlo vestido con el maillot verde del Caja Rural. Para alcanzar la Grande Boucle, pensaba, tendría que cambiar de conjunto.
“No me lo imaginaba. El Tour es el sueño de cualquier ciclista. Desde que entré en el equipo quería correrlo, pero pensaba que para eso tendría que verme fuera del Caja. No dentro, como están ahora los compañeros, disfrutándolo. Me parece increíble”, reconoce.
Sergio no llegó a disputar la carrera que tantas veces había visto ganar a Chris Froome, su ídolo de infancia. Su accidente puso fin abruptamente a una trayectoria en la que ya había cumplido el sueño de convertirse en profesional y compartir pelotón con corredores como Alejandro Valverde, Nairo Quintana o el propio Froome.
Pero ahora observa con orgullo cómo su antiguo equipo ha derribado una barrera histórica. El Caja Rural está en el Tour y Sergio ha querido acercarse para vivirlo desde dentro, aunque su posición sea radicalmente distinta.
“Cuando llegas aquí te das cuenta de que esto es otra carrera. Por la gente, por todo lo que mueve, por la infraestructura e incluso por las exigencias que genera la propia prueba. Te das cuenta de que esto es otra cosa”, explica.
Su presencia también permite comprender la dimensión humana que existe detrás de una invitación. Para un equipo como el Caja, correr el Tour no es únicamente acceder a la carrera más importante del calendario. Es demostrar que una estructura humilde puede crecer, resistir y hacerse un sitio entre los gigantes.
El golpe de perder a Gaviria y Molenaar
El estreno del Caja Rural había comenzado con fuerza. El equipo se dejó ver desde la contrarreloj inicial, entró en escapadas y llegó a vestir el maillot de lunares con Alex Molenaar. Fernando Gaviria, además, estaba siendo su principal referencia en los esprints.
Los abandonos de ambos han supuesto un golpe deportivo y emocional. Especialmente el del colombiano, una de las grandes figuras del bloque.
“La baja de Fernando es muy importante. Era el corredor que estaba dando visibilidad en las etapas al esprint y el que más imagen tenía. Pero no es únicamente lo que se ve desde fuera. Dentro del equipo es un líder, un tío con mucha experiencia, que ha corrido varios Tours y que hacía muchísimo por el grupo”, destaca Sergio.
También recuerda el impacto de la actuación de Molenaar antes de abandonar: “Es un corredorazo y llegó a vestir el maillot de la montaña. Eso es increíble. Ahora toca sobreponerse, seguir peleando y continuar. Esto es el Tour”.
El equipo ha perdido dos piezas importantes, pero Sergio se resiste a aceptar el discurso de quienes anticipan que la carrera puede hacérsele demasiado larga al conjunto navarro. Antes de la salida también hubo voces que discutieron su invitación. La carretera, considera, ya ha respondido.
“Van a decir un montón de cosas. También decían que el Caja no tenía que haber sido invitado y al final mira. Ya ha demostrado que debía estar y ahora toca seguir demostrando lo siguiente”, sostiene.
Todavía quedan oportunidades para corredores como José Félix Parra, Jon Barrenetxea, Urko Berrade o Abel Balderstone. “Están preparados para las etapas duras. Creo que lo van a hacer muy bien y aún queda mucho Tour”.
Volver sin atormentarse
Para Sergio, acudir a una carrera ciclista todavía no es un gesto rutinario. Su accidente es reciente y la frontera entre disfrutar de la visita y recordar lo que perdió sigue siendo delicada. Por eso, de momento, prefiere mantener el vínculo con el pelotón desde una cierta distancia.
“Me veo como invitado. Lo mío fue todavía hace relativamente poco y, manteniéndome así, estoy cómodo. No llego a sentir tanto ese dolor de estar siempre aquí y no poder hacerlo como ciclista, que era lo que me gustaba. De momento vamos a dejarlo así”, admite.
Hubo una época en la que ni siquiera podía ver las carreras. Sentía que todavía pertenecía al pelotón en el que debía estar compitiendo. Ahora ha aprendido a acercarse al ciclismo sin convertir cada recuerdo en una pregunta imposible.
¿Podría haber corrido este Tour de no haber sufrido el accidente? Sergio rechaza entrar en ese laberinto.
“Es una tontería pensar en cosas que no pueden pasar. A lo mejor, si estuviera ahora en el equipo, no me habrían traído al Tour. O estaría en otro conjunto por las circunstancias que fueran. Prefiero mirar lo que sí existe: estoy aquí, el equipo está en el Tour y eso es lo bonito”.
No es una frase improvisada. Resume la filosofía con la que ha tenido que reconstruir su vida desde aquel choque. En Toledo aprendió a convertir cada ejercicio de rehabilitación en una serie, cada pequeño avance en una meta y cada limitación en una realidad que debía afrontar.
Entonces reconoció haber llorado, haber echado de menos la bicicleta y haber sentido cómo la vida se detenía. También dejó una de las frases más estremecedoras de su proceso: “Prefiero estar en una silla de ruedas que con un ramo de flores y una piedra encima”.
La serenidad que muestra ahora no significa que el camino haya sido sencillo.
“Perfecta es la gestión que ves tú; luego la realidad será otra”, responde cuando se elogia su fortaleza mental.
Sergio no esconde que necesitó ayuda. Ni que continúa necesitándola.
“En mi caso, lo primero ha sido hacer mucho deporte, porque eso me hace feliz. También busqué ayuda profesional durante una época y me vino muy bien. Después se trata de hacer cosas que te hagan feliz. Cuando haces cosas que te hacen feliz, tienes menos espacio para las que te hacen infeliz”.
El deporte sigue formando parte esencial de su vida. También desarrolla proyectos relacionados con el pádel y trabaja en nuevas iniciativas que todavía prefiere guardar. Ya no controla vatios, calendarios ni clasificaciones, pero conserva la misma necesidad de avanzar.
“Que la gente diga: este es su sitio”
Antes de marcharse, Sergio piensa en el futuro del Caja Rural. El conjunto navarro ya ha logrado el gran objetivo de llegar al Tour. Ahora, según él, debe afrontar un reto incluso más difícil: conseguir que su presencia deje de ser considerada una excepción.
“El siguiente paso debe ser estabilizar esta situación. Que no sea una sorpresa ver al Caja en el Tour. Que dentro de uno, dos, cuatro o cinco años vuelva a estar aquí y la gente diga: este es su sitio”.
Sergio Román Martín no pudo cumplir el sueño de correr la Grande Boucle. La vida le obligó a emprender una carrera mucho más dura, sin meta conocida y sin posibilidad de regresar al punto de partida.
Pero este sábado está en el Tour. Junto al equipo con el que llegó al profesionalismo, contemplando cómo sus antiguos compañeros recorren las carreteras que él soñó conquistar. Sin preguntarse demasiado por lo que pudo ser. Aferrado a lo que sí existe. Está vivo. Está con el Caja. Y el Caja está en el Tour.