Adictivo, intenso... y a veces engañoso: así actúa la transferencia de excitación cuando intentamos apagar los problemas con pasión
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Regala esta noticia Añádenos en Google (Adobe Stock) 08/10/2026 Actualizado a las 00:12h.El mundo se divide entre quienes tienen una bronca con su pareja y no quieren que les toque un pelo en un mes del repelús ... que les da -es decir, el enfado les hunde cualquier atisbo de deseo- y los que afirman que el intercambio carnal tras una buena discusión es maravilloso por la carga de intensidad que conlleva y hasta conveniente para cerrar el tema. Es lo que se llama 'make up sex' (make up porque tapa las imperfecciones, claro) o sexo de reconciliación. Si eres de esas personas que creen que la cama lo arregla todo y hasta disfrutan de la dinámica cabreo-pasión-cabreo-pasión... ojo, que el 'make up sex' hay que saber entenderlo para no confundirnos. Vamos con una pequeña guía:
Peleas para 'motivarse'
Cuando el conflicto amaina, el cerebro se da un baño de alivio entre dopamina y oxitocina. «Entonces, pasar de una situación de 'esto se va a acabar' a creer que ya estamos bien es un contraste enorme, y el cerebro lo registra como algo muy gratificante», indica. Y aquí viene el peligro: como se vive como algo tan intenso... ¡se busca repetir! ¿En serio? ¿Abonarnos a los mosqueos para fol***? Pues sí, «aunque no siempre seamos conscientes de ello», matiza la experta. «Hay parejas que, sin planteárselo, acaban buscando la bronca porque es lo que les enciende. Es agotador, porque el placer queda unido al malestar», confirma. Además, hay otro riesgo: el día que el sexo no funciona como puente (porque uno está cansado, porque no hay ganas), «la pareja descubre que no sabe reconciliarse de otra manera».
Igual no es deseo
En el 'make up sex' suele haber algo de alivio y algo de deseo, y separar ambas cosas es difícil. «Hay una parte de deseo genuino, porque también apetece tocar a la persona con la que acabas de discutir, pero otra parte de esa intensidad es pura tregua porque lo peor ha pasado -sostiene la sexóloga de la firma de bienestar Diversual-. Lo que yo suelo proponer es un pequeño experimento mental: ¿me apetecería esto mismo un día cualquiera, sin discusión de por medio? Si la respuesta es sí, perfecto».
La cifra
20
minutos
es el tiempo que hace falta para que el organismo se serene después de una discusión intensa; antes de eso, la cabeza no procesa bien
Pero, ¿y si el deseo solo aparece cuando hay drama? «Quizá estemos interpretando como pasión lo que en realidad es únicamente alivio», advierte Montes. Así que si pensamos muy ufanos 'mira, discutimos, pero nos deseamos un montón y hasta terminamos revolcándonos por ahí, qué máquinas'... igual nos llevamos una sorpresa. «La pasión que merece la pena cuidar es la que no necesita un conflicto para encenderse», sentencia. El buen sexo, de hecho, no puede sostener una relación por sí solo, únicamente alargarla.
Cuidado si solo es un parche
El sexo sella los problemas de manera auténtica, sí... ¡pero no después de una discusión, sino después de que las dos personas se hayan sentido escuchadas! No es algo mágico, amigos y amigas, el arreglo de verdad hay que currárselo: alguien debe reconocer su parte de culpa, hay que llegar al menos a un principio de acuerdo. Si esto se ha hecho, «en ese caso el sexo sí puede ser una manera de decir 'ahora sí estamos bien'». Pero si se usa el sexo para evitar la conversación, es cuando se convierte en la alfombra bajo la cual echamos la porquería para que no se vea».
Si te acuestas con tu pareja para no tener que contarle lo que te dolió, o para que deje de hablar, o para asegurarte de que no se va... error. «Si al día siguiente de la discusión el problema sigue exactamente donde estaba y nadie lo nombra, no ha habido paz, ha habido una pausa», avisa Montes. Pero si te reconcilias en la cama y al día siguiente, con la cabeza fría, hablas de lo que pasó, te quedas con lo mejor de los dos mundos: «la cercanía del cuerpo y la solución del conflicto». «Ayuda incluso decirlo tal cual: 'me ha encantado reencontrarnos, pero quiero que hablemos de lo que ha pasado'», aconseja la sexóloga.
Ni tan frecuente ni tan placentero, dice la ciencia
Una investigación publicada en Royal Society Open Science ha demostrado que el sexo es una herramienta natural de los bonobos para arreglar problemas y reforzar vínculos. Sin embargo, en los humanos la realidad no está tan clara. Según un estudio liderado por los investigadores Jessica Maxwell y Andrea Meltzer (2020) con parejas recién casadas, el sexo de reconciliación no es tan frecuente como se cree: constataron que las parejas no tenían más sexo durante los días de discusión; de hecho, en muchos casos, el conflicto reducía o dinamitaba la intimidad incluso en las jornadas posteriores. Es decir, no solo no había mayor cantidad de encuentros sexuales, sino tampoco más calidad: aunque el momento pudiera sentirse intenso por la descarga de adrenalina, el malestar subyacente de la pelea empañaba la experiencia.
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