- JEMIMA KELLY
¿Y si, a pesar de todos tus errores, en realidad estuviéramos avanzando, aunque de una forma más indirecta?
Aunque suene a tópico: la vida puede ser terriblemente frustrante. Cuando sentimos que por fin estamos avanzando, volvemos a meter la pata (como siempre) y regresamos al punto de partida, atrapados en una rutina habitual y deprimente. Damos vueltas y vueltas en círculo, sin parecer que avancemos nunca, hasta que acabamos por perder lo más preciado: la esperanza.
Pero ¿y si estuviéramos dando vueltas y vueltas, pero de una forma que en realidad está bien, es normal, sana, incluso deseable? ¿Y si, a pesar de todos nuestros tropiezos y autocastigos, en realidad estuviéramos avanzando, aunque por una trayectoria un poco más indirecta que la que habíamos imaginado?
Todos sabemos que a veces hay que dar "dos pasos adelante y uno atrás". Como dijo el presidente Barack Obama hace apenas una década: "Roma no se construyó en un día; el progreso no avanza en línea recta, sino que a veces avanza a trompicones". (Un comentario que ahora parece bastante premonitorio).
Pero seguimos imaginando una línea, aunque no sea recta: un poco hacia arriba, un poco hacia abajo, un poco más hacia arriba, un poco más hacia abajo. Recordar que a veces se avanza en zigzag puede sernos útil. Nos permite alejarnos y ver el panorama general, algo que ayuda sobre todo cuando las cosas tienden a fluctuar: el peso, el ritmo de carrera, la cartera de inversiones.
Sin embargo, cuando se trata de otras áreas de la vida menos cuantificables, esta visualización lineal empieza a ser menos útil. A veces, no parece que haya ningún progreso. Sobre todo cuando aquello en lo que intentamos avanzar —tratarnos con amabilidad y compasión, por ejemplo, o evitar formas disfuncionales de lidiar con los problemas— está ligado a una versión de nosotros profundamente arraigada. Puede parecer que esos 50 kilos emocionales que nos costó tanto esfuerzo eliminar durante la última década han regresado de repente y ahora nos atormentan: "¿Ves? En su momento no pudiste, no estás llegando a ninguna parte, nunca cambiarás", nos decimos.
Pero este monólogo interno puede no reflejar la verdad. Un terapeuta me dijo una vez que cuando de repente siento emociones desagradables de las que creía haberme librado —o tengo los mismos pensamientos negativos— debería verlo como un recordatorio de lo mucho que he avanzado. En lugar de entrar en pánico porque esos sentimientos siguen ahí, debería aprovechar esta oportunidad para observarlos con más claridad y abordarlos con más sabiduría.
Y aquí es donde llegamos a un tipo diferente de visualización para el progreso personal. "Psicológicamente, se evoluciona en espiral, siempre se vuelve a pasar por el mismo punto en el que se ha estado antes", explicó el padre de la psicología analítica, Carl Jung, en 1929. "Pero nunca es exactamente el mismo punto, o está por encima o por debajo".
Lo que Jung planteaba es que el crecimiento personal es imposible sin volver a encontrarse en el mismo terreno emocional, repitiendo los mismos patrones. Lo que sí es posible es observarlos y reflexionar sobre ellos desde una perspectiva diferente, así como tener una respuesta distinta: lo deseable sería una más madura, sabia y compasiva.
Jung creía que los mismos aspectos emocionales seguirán apareciendo —sobre todo cuando intentamos reprimirlos— hasta que seamos capaces de aceptarlos por completo. Esta era su idea de "individuación": el proceso psicológico que dura toda la vida, el de integrar la mente consciente e inconsciente para convertirnos en nuestro verdadero ser y alcanzar nuestro máximo potencial. "No existe una evolución lineal. Solo existe una circunvalación del yo", escribió en "Recuerdos, sueños, reflexiones". Ahí está de nuevo la espiral.
He limitado estas reflexiones al progreso personal, porque cuando se trata de la sociedad en su conjunto, la situación se complica aún más. ¿Acaso el progreso tecnológico contribuye al progreso social? ¿Cómo logramos el progreso cuando la idea que algunos tienen de él entra en conflicto directo con la de otros? Pensemos en la idea de Voltaire de que "la historia nunca se repite; el hombre siempre lo hace": la imagen de volver una y otra vez al mismo terreno también puede aplicarse a un nivel más amplio.
Probablemente, si pudiéramos aceptar la inevitabilidad del progreso indirecto en la sociedad, nos sentiríamos menos desalentados por los problemas recurrentes. Esto nos permitiría ser más pragmáticos en nuestras respuestas: el hecho de que sigamos debatiendo los mismos argumentos sobre inmigración, desigualdad, impuestos e identidad no tiene por qué impedirnos abordarlos de una manera más sensata.
El progreso puede ser no solo lento, sino también increíblemente repetitivo. Confiemos en el proceso. Y la próxima vez que nos sintamos atrapados en una espiral, tendremos que recordar que las espirales no siempre son algo malo.
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