A estas alturas, no me pregunto qué sabía Pedro Sánchez, sino qué haría un presidente honrado, ajeno a todo esto, ante la destrucción institucional causada en su nombre. Ya saben que esta columna es muy de paradojas, aquí la de hoy: si Sánchez es culpable, entiendo por qué no dimite. Pero si es inocente, su comportamiento resulta mucho más difícil de explicar. El inocente es el primer interesado en alejarse del hedor y en que se investigue "caiga quien caiga", como dicen los ingenuos.
También es paradójico que Leire Díez no creyera en la inocencia de las personas a las que trataba de proteger. Entre las grabaciones conocidas, no hay una en que diga "esto es una fabricación", "esto es obra de la fachosfera", "son los pseudomedios y el fango". Leire era en privado más sincera que el PSOE en público, donde toda investigación era atribuida a una conspiración. En privado, la cloaca reconocía que la conspiración eran ellos. Y aunque el quién dio la orden esté por determinar, el para quién está claro: "Mi prioridad es el presidente", dijo la fontanera.
Los intentos de desacreditar a periodistas, jueces y fiscales; los intentos de extorsionar a magistrados, de frenar a la UCO, las maniobras para intervenir en procedimientos, todo se hizo, Leire dixit, para proteger al presidente. No afirmo que Pedro Sánchez sea culpable de nada, sino que debería dimitir precisamente para refrendar su inocencia. Porque ha sido el principal beneficiario de una red que actuaba en su nombre.
Un presidente inocente podría decir "Creo que las causas abiertas contra mi mujer y mi hermano son infundadas, pero confío en la Justicia. Jamás toleraría operaciones ilegales para boicotearlas". Un presidente inocente ya habría cesado a su ministro del Interior. Un presidente inocente podría apartarse. Lo único que no puede hacer un presidente inocente es comportarse como un presidente culpable. Precisamente, lo que a estas horas barrunto es cómo se comporta un dirigente cuando está convencido de que la verdad le favorece. Y tras el renuncio de la Directora General de la Guardia Civil, sospecho que la verdad no favorece a nadie de su entorno.
La trayectoria de Mercedes González es curiosa. Fue nombrada directora general de la Guardia Civil en marzo de 2023 y dejó el cargo unos meses después para presentarse a las elecciones generales. En septiembre de 2024, su sustituto, Leonardo Marcos (a quien Koldo señaló como autor del chivatazo), dimitió "por motivos personales".
González dejó entonces su escaño en el Congreso para asumir de nuevo la Dirección General de la Guardia Civil. Pero lo que más atrae mi atención son sus orígenes. Comparte generación y federación con Óscar López, Antonio Hernando... y Pedro Sánchez. Quizá esto no explique nada. O quizá explique por qué una directora general que ha quedado desmentida por los hechos sigue disfrutando de la confianza del presidente.
Recordemos que López y Hernando estaban al frente del Gabinete de Presidencia cuando Leire empezó a operar, y que es en Moncloa donde se pierde el rastro de la filtración sobre el novio de Ayuso. Filtración, por cierto, que se produce para contrarrestar las primeras informaciones sobre Begoña Gómez. En perspectiva, uno empieza a preguntarse qué otras aguas negras emanaron de allí.
La posición del presidente es comprometida. Si es inocente, le traicionaron todos. Pero si es culpable, les debe un favor. Nos queda preguntarnos qué hipótesis explica mejor su conducta.