No, no eres ni tan solidario, ni tan prudente, ni tan listo como crees. Influyen mucho factores que no controlas: el mensaje que recibes, el contexto en que estás, los propios instintos... ¿Te atreves a hacer este examen?
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Regala esta noticia Añádenos en Google 07/07/2026 Actualizado a las 00:12h.Te consideras una persona independiente, solidaria, con buen criterio, capaz de gestionar las emociones? Pues cuidado, igual no eres como piensas. Lo avisa Javier Urra, ... doctor en Psicología y Ciencias de la Salud, que ha recopilado en el libro '¿Cómo somos realmente?' (Desclée De Brouwer) decenas de experimentos psicológicos y sociológicos que nos demuestran que no somos como creemos. He aquí unos cuantos que tal vez nos devuelvan modificada la imagen que veíamos en el espejo.
¿Intentarías evitar un delito si nadie te lo 'pide'?
En una playa de Nueva York, el psicólogo Thomas Moriarty midió cuánto se arriesgaba la gente para evitar un delito. Un cómplice del psicólogo colocó su toalla cerca de otra persona (el sujeto evaluado) y se puso a escuchar música en una radio (era 1975). Otro cómplice fingió robar la radio y solo el 25% de las personas evaluadas intentó detenerle. En una segunda ronda, el cómplice pedía a la persona objeto del experimento que, por favor, le cuidara las cosas. Cuando lo hizo, el 95% de los sujetos intentaron detener al ladrón. «La confianza en los otros se acrecienta desde la comunicación verbal y gestual, de ahí el valor de la 'palabra dada'», interpreta los resultados el experto.
¿Devolverías una cartera?
Harvey Hornstein, psicólogo de la Universidad de Columbia, dejó caer 240 carteras 'perdidas' en Edimburgo en los años 60. En algunas metió fotos de bebés; en otras, una foto de familia; en otras, la imagen de una pareja de ancianos; otras veces, la de un cachorro y en un último grupo de carteras no introdujo ninguna imagen. Las carteras que tenían dentro fotos de recién nacidos obtuvieron la tasa de devolución más alta: hasta un 35% más que las que no llevaban dentro ninguna imagen. «La investigación sugiere que el instinto protector hacia los bebés desencadena una respuesta rápida y positiva en el cerebro».
La atracción de lo prohibido
También en los años 60, el psicólogo Jonathan Freedman (Universidad de Stanford, California) mostró a cuarenta niños de entre 7 y 10 años cinco juguetes, de los cuales uno era un moderno y atractivo robot. Les dejó jugar con todos menos con el robot. A un grupo le hizo una advertencia severa: «Si jugáis con el robot me enfadaré mucho y os castigaré»; y a los otros le dio un aviso leve: «Jugar con el robot está mal». Ambos grupos respetaron la advertencia casi por igual. Seis semanas después se les permitió jugar libremente con los cinco juguetes y el 77% de los niños que habían sido advertidos de modo más severo cogió el robot, frente a solo el 33% de los niños que habían sido advertidos de manera más amable. «Lo que sugiere que las amenazas duras pueden tener un efecto contraproducente a largo plazo al aumentar el atractivo del comportamiento prohibido», advierte Urra.
¿Los golpes no desahogaban?
El psicólogo Brad Bushman (Universidad Estatal de Iowa) experimentó acerca de cómo liberamos nuestra ira. Mandó a 600 estudiantes escribir un ensayo sobre el aborto y todos recibieron evaluaciones ficticias extremadamente negativas, lo que les molestó bastante. Luego les dividieron en dos grupos. Al primer grupo le pidió que golpeara durante dos minutos un saco de boxeo mientras pensaba en su evaluador; a los del otro grupo les dijeron que se quedaran en silencio esos dos minutos. Luego les pusieron a todos a jugar a un juego en el que el ganador podía hacer sonar una bocina frente al perdedor lo fuerte que quisiera y el tiempo que deseara. Los estudiantes que habían liberado su ira por el mal resultado del ensayo golpeando un saco tocaron la bocina más tiempo y con mayor agresividad. «Los hallazgos de Bushman mostraron que liberar la ira mediante la agresión no reduce la agresividad, sino que la intensifica, alimentando la hostilidad».
¿Por qué pagarías un 15% por el mismo menú?
El psicólogo Charles Spencer, de la Universidad de Oxford, hizo un experimento en un hotel-restaurante de Escocia con 130 comensales. A la mitad les sirvió el menú con cubertería y vajilla pesada, de la que normalmente se usa en banquetes, mientras que a la otra mitad le entregó cubiertos corrientes. Los que comieron con cubertería pesada se mostraron dispuestos a pagar hasta un 15% más por el mismo menú. ¿Por qué? «Porque los factores sensoriales influyen en nuestra percepción y disfrute de la comida», confirma el psicólogo.
Un dardo a la autoestima...
Los alemanes Dagmar Stahlberg y Dieter Frey pusieron a prueba la autoestima cuando a un grupo de voluntarios que había hecho un test de cociente intelectual les dijeron que habían obtenido una puntuación baja. Entonces, les dieron a leer varios artículos e investigaciones sobre estos tests. Algunos textos les daban validez pero otros los ponían en cuestión. Los que supuestamente habían sacado una nota baja dedicaron mucho más tiempo a leer los artículos que cuestionaban estos exámenes, en un intento de buscar una explicación que les 'consolara'. «Este estudio confirma que somos vulnerables, pero intentamos no hundirnos. Los mecanismos defensivos nos resultan necesarios».
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