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Lunes, 16 de febrero 2026, 00:04
... paz son la muerte, la barahúnda es la vida. El Carnaval es la apoteosis del griterío y centellea como nunca porque murgas, comparsas y artefactos son reflejos de nuestra época. El miércoles, cuando la ceniza anuncie la Cuaresma, no crean que recuperaremos el murmullo y la voz baja. El Carnaval seguirá en nuestras vidas, ya sin disfraces, pero con algarabía porque si no alborotas, te marginan.Los argentinos tienen fama de habladores. Será por eso que cantan tanto al silencio, desde Carlos Gardel: «Silencio en la noche, ya todo está en calma» hasta Jorge Drexler: «No encuentro nada más valioso que darte, nada más elegante que este instante de silencio». Francisco Rico, un sabio, un maestro de filólogos, escuchaba música mientras trabajaba, pero a partir de cierta edad, prefirió el silencio. Lo entiendo porque hasta los 40, yo escribía con música. Después, me refugié en el susurro y el bisbiseo. Si hay ruido, ni lees, ni escribes, ni piensas. Ya lo cantó Calamaro: «Silencio. Espero el silencio».
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