La Tribuna
Sobre conocimientos útiles e inútilesSegún Revel, en una época caracterizada por una abundancia de información, la primera de las fuerzas que dirigían el mundo era la mentira
Regala esta noticia Añádenos en GoogleJosé M. Domínguez Martínez
Catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Málaga
06/09/2026 a las 02:00h.Hoy día, vuelve a valorarse el papel del conocimiento inútil. Pueden surgir, de entrada, algunas dudas acerca de la licitud del acoplamiento de estos dos ... vocablos, ya que intrínsecamente todo conocimiento genera una información, aunque sea a pequeña escala, potencialmente aprovechable. Hay, desde luego, aspectos que carecen de interés general, pero no podemos descartar que lo tengan en el plano individual, o en uno más amplio en el futuro. Inocuo o irrelevante no tienen por qué ser necesariamente sinónimos de inútil.
Como reacción, había quien pensaba que era un error tratar de ridiculizar los proyectos de investigación científica que pudieran parecer extraños, y que los mencionados premios reflejaban un malentendido fundamental sobre cómo funciona la ciencia. Considerando, además, que algunas investigaciones pueden llegar a ser importantes, independientemente de si tienen sentido para quienes no son científicos, el diputado estadounidense Jim Cooper, en 2012, concibió el premio «Ganso Dorado». La naturaleza de la investigación científica es tal -subrayaba- que su impacto es difícil de predecir. De hecho, hay investigaciones que, inesperadamente, pueden tener una gran incidencia en la sociedad. En el foco de este otro galardón están aquellos grupos de investigadores cuyos trabajos, poco conocidos y financiados con dinero público, hayan dado lugar a avances en la investigación biomédica, los tratamientos médicos, y las tecnologías informáticas y de comunicaciones.
El hecho de que un proyecto suene como algo absurdo o extravagante no es un indicativo fiable de un escaso valor
Hay una serie de episodios que respaldan ese punto de vista. Tim Harford (Financial Times, 11-3-2026) recoge algunos de gran alcance. A pesar de que el propio matemático G. H. Hardy consideraba que no había hecho nada útil, su teoría de los números posibilitó importantes desarrollos y aplicaciones como la criptografía. Realmente, el planteamiento del 'ganso dorado' no era novedoso. En un conocido artículo publicado en 1939, el educador estadounidense Abraham Flexner lo desarrollaba abiertamente con un título revelador: 'La utilidad del conocimiento inútil'.
Según Flexner, «la mayoría de los grandes descubrimientos que finalmente han resultado beneficiosos para la humanidad han sido realizados por hombres y mujeres impulsados no por el deseo de ser útiles, sino simplemente por el deseo de satisfacer su curiosidad». Por tanto, su recomendación era clara: las instituciones de enseñanza debían dedicarse al fomento de la curiosidad. Sin perjuicio de ello, es constatable que muchos investigadores se afanan, ante todo, por aportar un eslabón a la cadena del conocimiento o por contribuir a la mejora de la vida de las personas.
Flexner ilustraba una serie de casos históricos, entre ellos el relativo a las cruciales aportaciones de Hertz y Maxwell para la invención de la radio por Marconi, y nos advertía del riesgo de atribuir un descubrimiento científico en su totalidad a una sola persona: «La ciencia, al igual que el Misisipi, nace de un pequeño riachuelo en un bosque lejano. Poco a poco, otros arroyos aumentan su caudal. Y el río embravecido que desborda las presas se forma a partir de innumerables manantiales».
No es en absoluto fácil aventurar una opinión fundamentada sobre el valor de la investigación científica. El hecho de que un proyecto suene como algo absurdo o extravagante no es un indicativo fiable de un escaso valor. En sentido contrario, según apunta Harford, la investigación que parece obviamente útil es la que tiene más probabilidades de estar viciada por la mala ciencia, en tanto que la impulsada exclusivamente por la curiosidad tiene menos probabilidades de verse contaminada.
En cualquier caso, dado que hay que partir de unos recursos limitados, se hace preciso aplicar criterios de asignación que apuesten claramente por un avance potencial de la investigación. Como siempre ocurre, unos proyectos resultarán productivos y otros no, por lo que puede ser oportuno dotar una línea para iniciativas de mero entretenimiento científico. Ya en 1712, Addison nos iluminaba al respecto: «Todo lo que es nuevo o poco común despierta un placer en la imaginación, ya que llena el alma de una agradable sorpresa, satisface su curiosidad y le aporta una idea de la que antes carecía».
Ahora bien, es aconsejable huir de repartos que respondan a factores no relacionados con el conocimiento. Y, aunque esa es otra cuestión que merece una consideración específica, no podemos olvidar la existencia, pese a todo, del conocimiento inútil identificado por Jean-François Revel. Ya en 1988, venía a decir que, en una época caracterizada por una abundancia de información, la primera de las fuerzas que dirigían el mundo era la mentira.
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