Sábado, 27 de junio de 2026 Sáb 27/06/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

Soft ghosting: cuando tu ligue deja de hablarte pero no termina de cortar contigo

Soft ghosting: cuando tu ligue deja de hablarte pero no termina de cortar contigo
Artículo Completo 1,036 palabras
Aquí nadie desaparece del mapa de golpe. Lo que pasa es más fino, más incómodo incluso: estás en un punto raro donde la relación ya no es una relación, pero tampoco sabes cuándo dejó de serlo
Soft ghosting: cuando tu ligue deja de hablarte pero no termina de cortar contigo

Aquí nadie desaparece del mapa de golpe. Lo que pasa es más fino, más incómodo incluso: estás en un punto raro donde la relación ya no es una relación, pero tampoco sabes cuándo dejó de serlo

Escucha el artículo. 4 min

Escucha el artículo. 4 min

Regala esta noticia Añádenos en Google

Ekaitz Vargas

27/06/2026 Actualizado a las 00:10h.

No es el ghosting clásico de «bloqueo y hasta nunca». Aquí nadie desaparece del mapa de golpe. Lo que pasa es más fino, más incómodo ... incluso. La conversación se va apagando poco a poco. Un día responden rápido, otro tarda, luego solo emojis, luego un «jaja» suelto y, sin darte cuenta, estás en un punto raro donde la relación ya no es una relación, pero tampoco sabes cuándo dejó de serlo.

En muchos casos, este tipo de dinámica no nace de la intención de hacer daño, sino de la dificultad para gestionar conversaciones incómodas. «El cierre de las relaciones y su comunicación directa nos resulta, en ocasiones, difícil de afrontar», explica la psicóloga. «A veces adoptamos una comunicación indirecta evitando la incomodidad emocional que puede suponer una ruptura». Ese evitamiento, añade, puede estar relacionado con el miedo al conflicto o con la indecisión emocional.

Pero evitarlo no lo resuelve, lo prolonga. El soft ghosting no se percibe de golpe. Empiezas a sentir que algo ha cambiado, pero no sabes qué exactamente. Responden más tarde, te escriben menos... Quedar se vuelve un «a ver si esta semana» eterno lleno de excusas. Y todo va perdiendo fuerza sin que nadie lo diga en voz alta. «Es la disminución de la reciprocidad, tanto en frecuencia como en intensidad de las interacciones, junto a una falta de cuidado hacia el vínculo», resume la psicóloga. El problema es que, de forma aislada, cada gesto puede parecer inocente y es ahí donde entra la ambigüedad.

El cerebro odia esto

Lo que pasa es que el cerebro no soporta los finales sin explicación. Necesita entender qué ha pasado para cerrar. Y cuando no hay respuesta, se la inventa. «Nuestro cerebro necesita entender lo que nos sucede para poder elaborarlo», explica la experta. Y en ese intento aparecen dos caminos: buscar causas externas (miedo del otro, falta de responsabilidad afectiva) o internas. En el segundo caso, es habitual que aparezcan pensamientos como «no soy suficiente» o «he hecho algo mal». Ese proceso puede derivar en ansiedad, hipervigilancia y conductas autodestructivas: revisar el móvil, mirar redes sociales, interpretar señales mínimas o mantener la conversación incluso cuando ya no hay respuesta real.

Además, las redes sociales son gasolina para la confusión, todo se multiplica. Porque ya no solo no te contestan, ves que están activos, suben historias, responden a otros, pero contigo no. Es verdad que permiten evitar conversaciones difíciles, pero también amplifican la sensación de abandono. Ver actividad en redes mientras no hay respuesta a los mensajes –o recibir interacción en historias pero no en privado– introduce una capa adicional de confusión emocional. «La información deja de ser neutra y se convierte en interpretación constante», explica Nerea. Y el cerebro ahí se engancha todavía más.

El bucle de escribir y esperar

Uno de los errores más comunes es intentar «arreglarlo» escribiendo más. Más mensajes, más intentos, más señales. Como si insistiendo se pudiera volver al punto de antes. «Esa necesidad nos mantiene disponibles y en estado de alerta», advierte la psicóloga. Otro patrón frecuente es aumentar los intentos de contacto para reducir la ansiedad, lo que suele tener el efecto contrario: más incertidumbre, más malestar.

Y otro es confundir la ausencia de ruptura explícita con la idea de que la relación sigue abierta. Agarrarse al «no me ha dicho que no, entonces hay algo». Pero, como señala la experta, la ausencia de respuesta ya es una respuesta.

Cómo se sale de ahí

El proceso de salida pasa por dejar de mirar hacia la otra persona y empezar a mirar la propia experiencia emocional. Qué mantiene el vínculo, qué genera malestar y qué consecuencias está teniendo. También es clave reducir la disponibilidad constante y romper el circuito de comprobación. «El contacto cero es lo más importante», explica García de Cortázar. Sin distancia, no hay cierre posible.

Cuando el malestar es intenso o persistente, la ayuda profesional puede ser necesaria para desmontar ese bucle de incertidumbre. Aunque pueda resultar incómodo, la comunicación directa del final de una relación «permite elaborar el duelo y evitar la incertidumbre», señala la psicóloga. Sin ese cierre, la relación queda suspendida en una espera que no termina nunca de resolverse. Al final, lo que sostiene todo esto es la falta de una frase simple. Un «no quiero seguir» dicho a tiempo.

Esto es lo que no debes hacer

Hay una fase por la que pasa casi todo el mundo, la de convertirse en detective privado de alguien que apenas te está dando información. Cualquier detalle parece importante. Que haya visto una historia y no responda, un 'like' a una foto, que se conecte a horas raras… Todo sirve para intentar resolver un misterio que, muchas veces, no tiene respuesta. También nos volvemos abogados defensores de la otra persona. «Estará agobiado», «seguro que tiene mucho trabajo», «ha tenido una semana mala». Justificamos comportamientos que, si vinieran de un amigo, veríamos mucho más claros. El problema es que cuanto más encajas esas explicaciones, más tiempo te quedas dentro. Y luego está el clásico intento de llamar su atención. Subir más historias, compartir fotos esperando que las vea, publicar cosas para provocar reacción... Son cosas que no acercan a nadie, pero sí hacen que la espera ocupe cada vez más espacio en tu cabeza.

comentarios Reportar un error
Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
Compartir