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El 2,2% de las mujeres y el 3,1% de los hombres se declaran fumadores ocasionales. Adobe Stock. Vivir | Salud «Solo fumo cuando salgo»: por qué el cigarrillo ocasional es más peligroso de lo que crees (y cómo dejarlo)Fumar solo de vez en cuando no es ninguna garantía para tu salud y te expone a convertirte en un fumador habitual.
Sábado, 28 de marzo 2026, 19:08
«Para una vez al mes que salgo»... O para un día que ves a tus amigas. O la cena de primos. Incluso la de ... empresa. Por no hablar, claro, de una fiesta o una boda. Y, ya puestos, las vacaciones o los fines de semana. En realidad, cualquier excusa social es buena. Eso se dicen a sí mismos los fumadores ocasionales. Esos que, en el día a día, no fuman y casi nunca compran tabaco, pero que caen en la tentación siempre que la ocasión se presenta. Según la última Encuesta de Salud de España, el 2,2% de las mujeres y el 3,1% de los hombres se declaran fumadores ocasionales, aunque el porcentaje sube considerablemente en el grupo de edad de 25 a 34 años hasta el 4,7% y el 4,9% respectivamente.
Por un lado, la nicotina, como droga que produce la adicción; por otro, las nitrosaminas y los alquitranes, como sustancias que pueden dar lugar a tumores porque «alteran el núcleo de las células» provocando distintos tipos de cáncer. Además, las sustancias oxidantes que dañan las células de la mucosa de los bronquios producen patologías pulmonares, como la bronquitis crónica o el enfisema, y el monóxido de carbono, que afecta a la pared de las arterias y predispone a desarrollar diferentes tipos de problemas cardiovasculares. ¿Aumenta el cigarrillo ocasional también el riesgo de padecer cáncer de pulmón? «Sí. Porque no influye solo el consumo diario, sino también el histórico», advierte. «Lo sano es no consumir tabaco nunca», resume el doctor.
Un estudio publicado recientemente por el cardiólogo y profesor de la Universidad Johns Hopkins Michael J. Blaha demostró que el hecho de fumar menos cigarrillos -de un paquete a medio- no reduce el riesgo de padecer problemas de salud asociados al tabaquismo. En cambio, cuando se deja de fumar de manera radical «el riesgo se desploma inmediatamente», aunque lleve años, y hasta décadas, volver al nivel de un no fumador.
El riesgo de la recaída
Además, controlar el hábito hasta reducirlo a algo ocasional no es tan sencillo como suena. «La capacidad adictiva de la nicotina es enorme. De hecho, es cinco veces superior a la de la cocaína, aunque el problema social de un cocainómano sea peor. Por eso, los fumadores ocasionales corren un grave riesgo de convertirse en fumadores diarios. Si, además, has dejado de fumar y empiezas a hacerlo de manera esporádica, tu riesgo de recaer se multiplica por 20», explica el experto, que aclara que únicamente entre el 10 y el 15% de los fumadores consiguen restringir su consumo de esa manera. «Una cosa son los cigarrillos ocasionales que fuma la gente que siempre fumó de forma ocasional y otra, los que anteceden a una recaída. A nivel psicológico es muy diferente», apunta la psicóloga especializada en tabaquismo Miriam Otero. «El problema es que la percepción de riesgo no existe en esos fumadores ocasionales. Y hay que tener claro que el tabaco es una sustancia muy tóxica».
Para vencer la tentación del cigarrillo ocasional, primero hace falta saber cómo funciona el mecanismo mental que nos conduce a consumirlo. «Más allá del poder adictivo de la nicotina, el problema del tabaco son todos los estímulos asociados, tanto internos como externos. Fumar, por ejemplo, siempre que vas a un bar o asistes a un evento social», indica la psicóloga. «Cuando nuestros receptores nicotínicos, con los que nacemos todos, se exponen a un estímulo asociado, empiezan a saltar. Si, por ejemplo, siempre que quedo con mis amigas a tomar algo los sábados, fumo, cuando estoy de camino, mis receptores empiezan a demandar nicotina. Si se la das, refuerzas todavía más ese vínculo», precisa la experta.
En este comportamiento intervienen dos condicionamientos diferentes: el clásico y el instrumental. El primero es el del famoso perro de Pavlov. «Cambia el plato de comida por la nicotina y la campana por las amigas, y ahí lo tienes». El instrumental tiene otro mecanismo diferente. «Fumar me ayuda a socializar y relacionarme con los demás o a ir al baño o a concentrarme. Fumo y me aporta algo. Eso es fumar por refuerzo positivo», afirma la especialista.
¿Las buenas noticias? Las ganas de fumar no se acumulan. «No es como el hambre o las ganas de hacer pis. Si no como, acabaré teniendo un hambre terrible y si no voy al baño, no llegaré a mañana sin orinar. La adicción al tabaco no funciona así. Cuando llegue la siguiente ola, no será una suma de las anteriores», subraya Otero. Solo hay que aguantar el tirón.
Tres maneras de vencer las ganas
No te quedes en casa «No salir no sirve de nada. Volviendo al perro de Pavlov, lo que hay que hacer es no dar nunca el plato de comida cuando suena la campana. Llegará un momento en el que el perro escuchará la campana y no salivará. De la misma manera, llegará un momento en el que podrás salir con tus amigas sin fumar», explica la psicóloga Miriam Otero.
Maniobra de distracción «Vete al baño a lavarte las manos o la cara. O entra dentro del bar, en lugar de quedarte fuera, donde sí se puede fumar. También puedes irte a hablar con alguien o cambiar de tema de conversación», recomienda la psicóloga.
Evita el alcohol «El tabaco engancha, pero no coloca. El alcohol hace las dos cosas y, además, disminuye la percepción de riesgo. Es un depresor del lóbulo frontal que se encarga de controlar los estímulos y de tomar la mejor decisión para ti», advierte.
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