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Toni Servillo, inolvidable en 'La gran belleza', vuelve a ponerse a las órdenes de Sorrentino. Sorrentino en estado de gracia'La Grazia', séptima colaboración entre el director y el actor Toni Servillo, es el melancólico, contenido y trascendente retrato de un presidente italiano
Bilbao
Martes, 31 de marzo 2026, 14:24
... Estado y representa la unidad de la nación». Después, Paolo Sorrentino enumera los amplios poderes del mandatario encarnado por Toni Servillo, el inolvidable Jep Gambardella de 'La gran belleza'. Le descubrimos paseando melancólico y pensativo por los tejados del Palacio del Quirinal, en la más alta de las siete colinas de Roma. Sus primeras palabras las dedica a su mujer, fallecida hace ocho años: «Aurora, te echo de menos». Tráiler de 'La Grazia'.Servillo, Copa Volpi al mejor actor en Venecia, borda a un hombre culto, creyente, reflexivo, atendido en todo momento en el desempeño de su función por su hija y confidente, reputada jurista como el padre (Anna Ferzetti) y que se preocupa hasta por sus comidas. La firma de una ley de eutanasia y de dos solicitudes de indulto marcarán el final del mandato de este experto en derecho penal, que parece vivir en un museo y que mantiene combates de esgrima verbal con sus subordinados.
Sorrentino sigue fiel a su hipnótico estilo. Pocos directores actuales son capaces de seducir al espectador con punzantes monólogos interiores y a la vez deslumbrar con la belleza de los escenarios y el empleo de la música electrónica. De Santis no es Gambardella. No acude a fiestas en la Roma mundana, sino que se duerme cuando reza y advierte con lástima que ya no sueña. La vejez y la inminencia de la muerte se pueden resumir en un chaparrón que empapa al anciano presidente de Portugal de visita oficial, mientras camina por la alfombra roja. Fascinante, humorístico y patético, ahí es nada.
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Una imagen de 'La Grazia', de Paolo Sorrentino.«He representado sobremanera a políticos que hacían del espectáculo, de la vanidad, de la mundanidad, una especie de marca que luego influía a su vez en su acción política. Creo que ya cumplí con esa tarea, también existe la otra cara de la moneda», argumenta el director napolitano.
El recuerdo de su mujer, su traición con otro hombre nunca superada, y los dilemas morales a los que se enfrenta este demócrata-cristiano sustentan la séptima colaboración entre Sorrentino y Servillo, su mejor película en mucho tiempo. Sobria y contenida, sin los excesos manieristas de otros trabajos suyos, 'La Grazia' aborda cuestiones trascendentes sin engolar la voz y retrata una masculinidad tóxica, una novedad en el cine del autor de 'Parthenope'. Aboga por asumir la incertidumbre para poder avanzar y no estar pendientes del legado que dejamos. Y se erige en un recordatorio de que otra política es posible en el lodazal actual.
«Todavía existen políticos así, pero lo preocupante es que cada vez hay menos», reconoce Sorrentino. «Por razones difíciles de analizar, los verdaderamente poderosos se están moviendo en una dirección política completamente opuesta a la que yo desearía y creo que también muchos otros ciudadanos».
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