Independientemente de lo que se opine sobre Elon Musk, su empresa de cohetes es una maravilla del libre mercado
Regala esta noticia Añádenos en Google 01/06/2026 a las 01:53h.Cuando Musk comenzó, pocos habrían predicho que una startup pudiera diseñar un cohete de combustible líquido y ponerlo en órbita, ni que un ingeniero fuera ... capaz de hacer que el propulsor de un cohete regresara a la Tierra, aterrizara en posición vertical sobre su propia cola y pudiera reutilizarse. Y nadie ha recuperado aún la segunda etapa de un cohete, que debe soportar unos 1.500 °C durante la reentrada en la atmósfera.
El éxito será vital si Musk quiere hacer realidad su visión de dominar la inteligencia artificial, aparentemente utilizando ordenadores espaciales lanzados por SpaceX para satisfacer el voraz apetito de la IA por el tratamiento de datos. Para financiar su sueño, el 20 de mayo la empresa presentó el folleto que ha iniciado la cuenta atrás para una oferta pública inicial el próximo mes por valor de unos 75.000 millones de dólares. Será la mayor salida a bolsa de la historia.
En dos sentidos, la OPI es también infinitamente improbable: es inspiradora en el sentido de que Musk pretende llevar a cabo hazañas de ingeniería aún más aparentemente imposibles; y es preocupante en el sentido de que está pidiendo a los inversores que confíen sus ahorros a una empresa deficitaria con planes financieros poco creíbles sobre los que él tendrá control total.
Podría situarse entre las diez empresas más valiosas del mundo
La colosal salida a bolsa de SpaceX sacudirá los mercados bursátiles tanto como los motores Raptor de su gigantesco cohete Starship sacuden ahora la llanura costera bajo la base de lanzamiento en Texas. SpaceX podría situarse al instante entre las diez empresas más valiosas del mundo, con un valor de mercado de hasta dos billones de dólares. Quince días después entrará en el índice NASDAQ, pasando a formar parte de innumerables fondos indexados, fondos de pensiones y otras carteras de acciones. Para entonces, Musk podría haberse convertido en el primer «trillonario» del planeta, con un patrimonio equivalente al de todos los hogares de su Sudáfrica natal juntos.
En una era populista, mucha gente verá en la concentración de poder en empresas de un billón de dólares —por no hablar de hombres de un billón de dólares—un fracaso del capitalismo. Sin embargo, como historia de asunción de riesgos, competencia, capacidad para movilizar recursos y, por tanto, convertir lo improbable en realidad, SpaceX es, de hecho, capitalismo en su máxima expresión.
La empresa pierde más de 1000 millones de dólares al mes
A veces, Musk ha aprovechado los recursos del Estado; otras, ha actuado por su cuenta. La política gubernamental ha desempeñado un papel crucial para el despegue de SpaceX, pero su empuje ha resuelto repetidamente problemas que el Estado no podía resolver. Ya ha abierto el espacio, y si logra su sueño de reducir los costes de lanzamiento a 185 dólares por kilogramo —el 1 % de su media histórica—, lo habrá transformado por completo.
Conseguirlo será difícil. El plan de negocio de SpaceX, tal y como se describe en su documentación presentada el 20 de mayo, tiene la expresión «riesgo alto» escrita por todas partes. La empresa pierde más de 1.000 millones de dólares al mes, gran parte de ellos en su negocio de IA, xAI, que gastó 8.000 millones de dólares en el primer trimestre y sigue muy por detrás de las estrellas del sector.
El plan afirma que más del 90 % de las ventas potenciales de SpaceX, que valora en 28,5 billones de dólares —casi todo el PIB actual de Estados Unidos—, provendrá de la IA. No está claro si se conseguirá gracias al éxito de su propio negocio de IA utilizando centros de datos en el espacio alimentados directamente por el sol —y sin las molestias de los manifestantes terrestres— o vendiendo servicios de centros de datos a terceros. Si a esto le añadimos un poco de polvo de estrellas sobre misiones interplanetarias y la minería de asteroides, podemos empezar a comprender la magnitud de la ambición de Musk.
Musk tiene un historial de generar mucho valor
Sin embargo, incluso si no llega hasta el final, su flota abrirá nuevas posibilidades que él y otros capitalistas podrán explotar: el gobierno animó a William Boeing a actuar de este modo después de la Primera Guerra Mundial, utilizando aviones de combate inactivos para transportar correo; Jeff Bezos vendió capacidad de computación en la nube sobrante cuando Amazon había construido más de la que necesitaba para su emporio electrónico; y también es el caso del propio Musk, pues Starlink fue en un primer momento una forma de llenar el Falcon 9, el cohete insignia de SpaceX, cuando los clientes externos no podían seguir el ritmo de su creciente capacidad de lanzamiento.
Además, está potenciando la competencia. Blue Origin, fundada por Bezos dos años antes que SpaceX, está trabajando en su propio cohete reutilizable. Tanto esta empresa como Amazon tienen planes para crear sus propias constelaciones de satélites que rivalicen con Starlink. En diciembre, una empresa privada china, LandSpace, realizó un lanzamiento de prueba de un cohete reutilizable; otra empresa china, llamada Space Pioneer, lo intentó en abril.
Su valoración —hasta 100 veces sus ingresos anuales— contrasta con la de Tesla, que es de 16 veces sus ingresos anuales
Si alguien se ha ganado el derecho a aspirar a objetivos de ingeniería aparentemente inalcanzables, ese es Musk. Los riesgos financieros —y el control que exige— son otra cuestión. Ninguna otra empresa ha intentado utilizar los mercados regulados para recaudar tanto como será el caso de SpaceX. NTT en Japón y Saudi Aramco fueron privatizaciones parciales de activos públicos. Alibaba, el competidor del sector privado más cercano, recaudó en 2014 una tercera parte de lo que pretende captar SpaceX.
SpaceX podría, como cualquier empresa capitalista, fracasar estrepitosamente. Su valoración —hasta 100 veces sus ingresos anuales— contrasta con la de Tesla, que es de 16 veces sus ingresos anuales. Musk tiene un historial de generar mucho valor para los accionistas, pero poco efectivo. SpaceX está en la cuerda floja por la deficitaria xAI y su red social, X, con la que se fusionó a principios de este año.
Que no cunda el pánico
Al concederle a él y a otros iniciados acciones especiales para elegir a los consejeros, la estructura de SpaceX hace que Musk sea inamovible. Los inversores se ven, por tanto, atados a sus decisiones futuras, así como a sus odiosas posturas políticas. Puede que se enfrente a una reacción violenta bajo la próxima administración demócrata por su racismo y los estragos causados por el DOGE bajo el mandato de Donald Trump.
La cuestión es que Musk viene con todo lo que conlleva. Ha necesitado un ego galáctico y un apetito cósmico por el riesgo para triunfar, al igual que Henry Ford y J.P. Morgan antes que él. SpaceX es una empresa imperfecta y Musk, un hombre imperfecto. La maravilla del capitalismo es que puede aprovechar su talento para crear algo extraordinario. Mientras sus inversores asumen el riesgo, el resto de la humanidad puede abrocharse los cinturones y disfrutar del viaje.
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