El socio minoritario del Ejecutivo insiste en señalar al país vecino como responsable «por acción u omisión» de lo ocurrido y asegura que no facilita la devolución de menores
Regala esta noticia Añádenos en Google La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego. (EFE)Madrid
11/09/2026 a las 18:11h.Barbero acusa al régimen alauí de estar en una «campaña» para conseguir que la ultraderecha llegue al Gobierno en España
El presidente del Gobierno lleva días argumentando que no hay pruebas sólidas contra el país vecino y que culparlo de lo ocurrido es una enorme irresponsabilidad que aboca a un choque perjudicial para los propios intereses españoles; más aún, cuando la colaboración de Marruecos es necesaria para el control de los flujos migratorios y las devoluciones. García, sin embargo, afirmó en Onda Cero que las autoridades marroquíes tenían «la llave de la puerta» y o la abrieron o la dejaron abierta. «80.000 personas no se mueven sin que Marruecos tuviera algún tipo de conocimiento de la situación», abundó también Rego en TVE.
La ministra de Juventud e Infancia sostuvo además que no es cierto que Rabat se muestre colaborador a la hora de facilitar el retorno de los menores. La ministra aseveró, de hecho, que Marruecos tiene actualmente bloqueados 600 expedientes de menores de procesos migratorios anteriores a los que se niega a dar respuesta. Es decir, lo acusó de poner trabas administrativas e impedir activamente estas reagrupaciones familiares, incluso en los casos, dijo, en que el propio niño y su familia están solicitando formalmente el regreso.
Base moral
A ambas ministras se sumó también la co-coordinadora de Sumar, Verónica Martínez Barbero, quién atribuyó directamente a Marruecos una «campaña para que la extrema derecha gobierne en España» y lo responsabilizó de las 141 muertes que se produjeron a finales de julio en el intento de sortear el espigón que marca la frontera marítima de Ceuta. En una línea similar, el portavoz de Izquierda Unida en el Congreso, Enrique Santiago, argumentó que las quejas marroquíes carecen de base moral porque las pruebas demuestran que sus fuerzas de seguridad decidieron deliberadamente inhibirse o «bajar los brazos» en el perímetro fronterizo.
La paradoja es evidente. Sánchez pide pruebas y prudencia. Sus propias ministras, sin necesidad de aportar ninguna prueba adicional a la que él mismo dice no tener, dan por hecho un grado de responsabilidad marroquí. El resultado no beneficia al PSOE, que sigue sin saber cómo sacar cabeza en esta crisis, en ningún escenario. Ante la opinión pública, transmite la imagen de un Gobierno sin relato unificado sobre una crisis de Estado con un vecino estratégico. Ante Rabat, multiplica los interlocutores hostiles precisamente cuando Marruecos ha convertido en denuncia oficial el propio hecho de sentirse señalado por «partidos políticos españoles de larga trayectoria» y ofrece una imagen de debilidad.
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