La última del verano
SuperestrellasMás allá de Bad Bunny y Shakira, decenas de bandas y orquestas humildes recorren España
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Regala esta noticia Añádenos en Google Verbena concierto del grupo musical Panorama en As Somozas (A Coruña). (Ignacio Pérez) 28/08/2026 Actualizado a las 00:05h.Mi hijo acaba de enviarnos una entrevista que ha hecho para una revista peruana. Quería que corrigiéramos la ortografía de sus respuestas. Cualquier madre se ... sentiría orgullosa de ver a su hijo en una revista peruana, pero mi mujer, no, al revés. Le disgusta porque cree que la fama, aunque sea marginal, solo da alas al niño, que, por cierto, acaba de cumplir los 42 y es padre de mi nieta.
Una vez escribí sobre su banda Wan Tung Frito, que cito porque la deshicieron, no por desavenencias, sino porque habían conseguido cierta fama y detestan el éxito. Era un nombre tan raro que una vez ganaron un concurso en Coria y el concejal de Cultura llamó al estrado a Juan Antúnez Fito. El caso es que les dediqué un artículo y, unos días después, mi hijo me invitó a tomar café. Nunca había tenido ese detalle y me asusté creyendo que me iba a confesar un embarazo no deseado, una opción sexual incomprensible para un boomer o su ingreso en una secta. Fue más sencillo y se resume en siete palabras: «Papá, no vuelvas a escribir sobre mí».
No le he hecho mucho caso porque sus cosas me inspiran mucho. Por ejemplo, se ha tatuado en el pecho a mi suegra, tal cual. ¿Cómo no vas a escribir sobre eso? A su madre, le gustaría que tocara el bajo o la guitarra en una orquesta de baladas y bachatas que recorriera los pueblos interpretando canciones del verano: La Bomba, Despacito, Aserejé, incluso Un rayo de sol. Cobraría un caché decente y no haría cosas tan incomprensibles para nosotros como tener que pagar cada vez que tocan en una sala de 'Vallekas'.
Su grupo solo triunfa en gaztetxes vascos y navarros, en La Siberia extremeña y en naves de extrarradio autogestionadas por okupas. Una de sus últimas actuaciones tuvo lugar en un merendero (Garrastatxu Txosna) situado a un paso del monte Gorbea. «Pero hijo mío, ¿cómo vas a triunfar tocando en un monte?», se desespera su madre.
Luego están sus giras, que parecen viajes cervantinos. Suelen pagarles el viaje y unas cervezas. A veces, el hostal. «¿Si a eso lo llamas hostal?», pregunta retóricamente mi mujer cuando recuerda la pensión Miguelín de Móstoles, donde, tras el concierto, les informaron de que podían dormir escogiendo el tiempo a gusto del consumidor: desde una hora y media hasta un mes. Eligieron el pack de una noche, les cobraron 18 euros por cabeza y les prometieron que, si había redada policial, cosa frecuente en la pensión Miguelín, rogarían a los guardias que no los despertaran. Al acostarse, mi hijo, que será rockero, pero es tan limpio como su madre y tan hipocondriaco como su padre, descubrió unos pelos en sus sábanas y prefirió dormir sin desvestirse y con el anorak puesto.
A pesar de las dificultades, han lanzado seis discos que gustan a paladares exquisitos de España y Perú, pero a nosotros nos desarman. Eso sí, tienen un directo tan potente que le sucedió en una sala de Mérida lo mismo que a Montserrat Caballé en el Teatro Romano: se derrumbó el escenario y se rompió el ligamento cruzado, con la diferencia de que no lo amparaba ningún seguro. En fin, acaba este verano que empezó con la gira triunfante de Bad Bunny y acabará con los 12 conciertos de Shakira. Pero no olvidemos a las superestrellas vocacionales y resistentes: bandas, orquestas, cantautores y el rock duro, perdón, el hardcore/grind honrado de… Maromaco. Ya está, ya lo he dicho y si se enfada, que me invite a otro café.
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