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Efe Takaichi convoca elecciones anticipadas el 8 de febrero en Japón impulsada por la hostilidad de ChinaLa primera ministra, con un índice de aprobación del 67%, busca derrotar a la oposición que critica su «giro derechista»
Pekín
Lunes, 19 de enero 2026, 16:04
... extraordinaria la convocatoria de elecciones anticipadas, una cita que devuelve a Japón a la inestabilidad política con la pretensión de superarla definitivamente.Noticias relacionadas
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En su caso, este resulta robusto. La última encuesta, realizada este fin de semana por el diario 'Asahi Shimbun', le concedía un índice de aprobación del 67%. Al cabo de un trimestre, Takaichi tiene poco que mostrar en política doméstica, más allá de la aprobación de un presupuesto suplementario destinado a capear el aumento del coste de vida, la principal demanda del electorado.
No así en política exterior. De fronteras para afuera, Takaichi se ha mostrado como una líder hábil: ha proclamado «una nueva era dorada en la alianza» con Estados Unidos mientras sostenía la mano de Donald Trump, y ha acercado posiciones con Corea del Sur tocando la batería con Lee Jae-myung.
Sin embargo, su mayor baza no subyace en una amistad sino en todo lo contrario. La dinámica con China empezó bien, con una cordial toma de contacto con Xi Jinping a finales de octubre en el foro APEC celebrado en la ciudad surcoreana de Gyeongju. Pero la cortesía duró lo que la primera ministra tardó en abrir la boca.
Un mes después, Takaichi señaló durante una sesión parlamentaria que una hipotética invasión china de Taiwán podría ser considerada una «situación que amenaza la supervivencia de Japón». Este término legal, establecido en 2015, permitiría la movilización de las Fuerzas de Autodefensa, el peculiar Ejército nipón, limitado en su operatividad por la Constitución pacifista impuesta por Estados Unidos.
Estas palabras despertaron la ira del gigante asiático, que en respuesta inició una ofensiva de máxima intensidad, con retirada de turistas, ejercicios militares, sanciones comerciales y una belicosa retórica que acusa a Japón de «retomar la senda del expansionismo» y «repetir errores históricos», en referencia a la II Guerra Mundial. La tensión ha acabado por reforzar a Takaichi, que procede del ala más conservadora del Partido Liberal Democrático (PLD).
Liderazgo o anomalía
Takaichi se había impuesto con claridad en las primarias del PLD a principios de octubre. La correlación entre liderar la formación y presidir Japón solía resultar inmediata, no en vano el PLD ha gobernado durante 66 de los últimos 70 años, pero se quebró después de que el primer ministro saliente, Shigeru Ishiba, perdiera la mayoría en ambas cámaras en menos de un año.
El trámite se complicó aún más al cabo de un mes, cuando los budistas conservadores de Komeito rompieron la coalición con el PLD, vigente desde hace 26 años, generando así la posibilidad de que la oposición conformara una mayoría alternativa por primera vez desde 2012. La matemática acompañaba, pero la diplomacia no: Takaichi tendió la mano a los populistas de centroderecha de Ishin no Kai –el Partido de la Innovación–, y con su apoyo pudo convertirse en la única primera ministra en la historia de Japón.
Ahora bien: al otro lado no han estado inmóviles. Ante la perspectiva de elecciones anticipadas, Komeito se aproximó a la primera fuerza opositora, el Partido Democrático Constitucional (PDC), y juntos formaron la semana pasada la Alianza de Centro Reformista, en respuesta al «giro derechista» de la política nacional.
Las elecciones del mes que viene, por tanto, presentan un inusitado aspecto bipartidista: a un lado el PLD e Ishin –199 y 34 escaños en la Cámara Baja, respectivamente– y al otro el PDC más Komeito –148 y 24–. Un escenario que dota de centralidad estratégica al quinto en discordia, el Partido Democrático para el Pueblo (PDPP) –27–, que podría decantar la victoria en un sentido u otro.
Takaichi, no obstante, confía en su capacidad de mejorar la precaria posición heredada de Ishiba y avanzar por la senda de su maestro, el difunto estadista Shinzo Abe, hasta repetir su principal logro: el de conformar una nueva estabilidad que, en su caso, no haga de su liderazgo una anomalía, empezando por su género.
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