El culto al moreno revive con fuerza por los filtros de las aplicaciones y los discursos que niegan el peligro del sol
Regala esta noticia Añádenos en Google (Adobe Stock)Javier Álamo
19/07/2026 a las 00:43h.No todo lo que se ve en redes es verdad. La mayoría, de hecho, no lo es. Y entre esas cosas de este segundo grupo ... está el moreno: no todos los influencers que lucen bronceado por estas fechas lo están tanto como parece. Conocemos los filtros para parecer más alto y más delgado. Pero a estos hay que añadir aquellos que oscurecen la piel y que, en estas fechas, viven su época dorada. Una práctica que modifica la percepción de todos los que, poco o mucho, usamos Instagram, TikTok...
Y es que esta necesidad de lucir piel color canela está haciendo resurgir un fenómeno que parecía ya pasado de moda:la tanorexia. Del inglés «tan» (broncearse) y el griego «orexis» (deseo), es una enfermedad que promueve un estilo de vida poco saludable. La persona que la sufre adquiere una obsesión desmedida por lograr un tono de piel cada vez más oscuro, ya sea a través de medios naturales, como puede ser la exposición prolongada al sol, o artificiales, con el uso de cámaras de rayos UVA.
«Se trata de un trastorno con una carga mucho más psiquiátrica que dermatológica», apunta la doctora Antonia Flores, médico de familia ya jubilada. Su derivada digital está impactando de lleno en la salud de los más jóvenes, que son más vulnerables y quienes más usan las redes. Tampoco les ayuda que famosos como el futbolista Marcos Llorente hagan apología del moreno en televisión argumentando que el uso de la crema solar no está ligado a la reducción del riesgo de sufrir cáncer de piel. Algo que los especialistas y científicos han desmentido.
En España, se diagnostican cada año 5.000 nuevos casos de tumores cutáneos y la mayoría tienen que ver con una excesiva exposición al sol. Es la consecuencia más grave de los baños solares interminables y sin la debida protección, pero no la única. También podemos sufrir manchas, verrugas, heridas... «Las personas afectadas por patologías como la tanorexia saben el peligro que encierra tomar el sol en estas condiciones, pero les da igual porque lo que quieren es estar muchísimo más morenos», señala Flores.
Los mayores de 60, también
Los filtros de las redes agravan la situación porque confunden: como no siempre somos capaces de ver el 'truco' y queremos ser tan 'cool' como los influencers, nos ponemos vuelta y vuelta sin darle muchas vueltas. La vida artificial que se enseña a través de aplicaciones como Instagram y TikTok provoca una «visión distorsionada» de la realidad. «Te miras al espejo y te ves mucho más pálido de lo que en realidad estás. No estás conforme con eso y, en algunos casos, puede degenerar en un problema que no sabes gestionar», precisa la doctora, que tiene claro que las redes sociales tienen un impacto directo en el «culto a la imagen de los más jóvenes». «Igual que antes había webs que te daban instrucciones sobre cómo adelgazar y fomentaban la anorexia, ahora hay círculos negacionistas de los peligros del sol en estas plataformas», advierte.
La tanorexia les afecta más a ellas que a ellos. ¿Las razones? Cuestiones socioculturales y la presión que ejercen los cánones de belleza sobre la población. Y si hablamos de edades, hay dos grupos de mucho riesgo, el que va de los 17 a los 35 años y el de los mayores de 60. Los primeros son los más 'enganchados' a las redes y, por tanto, los más expuestos a modas virales. También los que sienten de forma más aguda la necesidad de encajar en las modas. Entre los segundos, los especialistas ya hablan de cierta obsesión por aparentar una buena salud estética a través de un bronceado excesivo y, de algún modo, de 'maquillar' la edad que nuestro DNI dice que tenemos.
Una patología con poco más de veinte años
Los primeros casos 'oficiales' de personas enfermas de tanorexia datan de 2005. Y se dividían entre aquellos que tomaban baños de sol como método de «automedicación» y los que lo hacían para mejorar los trastornos depresivos o afectivo-emocionales que sufrían. En este segundo caso, lo hacían bajo recomendación médica porque está comprobado que tomar el sol libera endorfinas, unas sustancias químicas que se producen en el cerebro y que calman el dolor y dan placer. Lo que ocurrió fue que llevaron el consejo al extremo y empezaron a surgir problemas psicológicos como ansiedad, pensamientos obsesivos y conductas compulsivas.
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