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Vivir | Salud ¿Te tocas la muñeca con el pulgar? ¿Eres superflexible? Puede que tengas suerte... o un problema de saludAunque se vea como un superpoder, una elasticidad exagerada acarrea muchas lesiones
Domingo, 1 de febrero 2026, 19:50
... fuese chicle. Que se retuercen sin ningún esfuerzo, levantan la pierna con una facilidad pasmosa y son capaces de plegarse como si se fuesen a meter en un maletero. Tocar el suelo con las palmas de las manos, arquear los codos algo más de la cuenta o doblar el pulgar hasta casi rozar el antebrazo es una habilidad que comparten –y de la que muchos presumen en público– casi cinco millones de personas en nuestro país.Ser flexible, poder enroscar y desenroscar el cuerpo a tu antojo, estirar los brazos hasta tocar las puntas de los pies o abrir las piernas y tocar con las rodillas ambos lados del suelo «no es un problema ni tampoco una enfermedad», coinciden los especialistas. De hecho, las personas hiperlaxas gozan de «una mayor agilidad para las actividades físicas como la danza, el ballet, la gimnasia o las acrobacias, además de una gran habilidad para tocar instrumentos para los que se precisa una gran flexibilidad en los dedos como pueden ser el violín, la flauta o el piano», precisan en Sanitas. El problema aparece cuando esa especie de 'superpoder' «viene acompañado de dolor en los músculos y articulaciones, especialmente en las piernas. En este caso ya estaríamos hablando de una patología que requiere de atención médica: el síndrome de hiperlaxitud articular, que afecta a una de cada diez personas muy flexibles», alerta la doctora Leticia del Olmo.
Colágeno y elastina
Las causas de este exceso de elasticidad «son desconocidas, aunque se han encontrado anomalías de origen genético en las fibras de colágeno y otras proteínas que forman el tejido conectivo», apunta la especialista. Los músculos, tendones y ligamentos tienen dos propiedades fundamentales: la elasticidad, que es la capacidad de estirarse y volver a su forma; y la plasticidad, que es la capacidad de deformarse y adoptar una forma nueva. «El colágeno y la elastina son las proteínas que forman nuestros tejidos y se encargan de aportar esas propiedades. Cuando existe más elastina que colágeno, los ligamentos, tendones y músculos se vuelven más elásticos. Al volverse más elásticos, los ligamentos también se vuelven más frágiles, lo que puede traer como consecuencia lesiones en el sistema musculoesquelético», apuntan en Sanitas.
El síntoma más frecuente es precisamente dolor en rodillas, tobillos y caderas, «muchas veces relacionado con sobrecargas repetidas. No es raro que estas personas sufran esguinces de tobillo frecuentes, tendinitis, capsulitis o luxaciones articulares. También pueden aparecer lumbalgias, dolor cervical, escoliosis, pies planos o incluso una mayor predisposición a desarrollar artrosis de rodilla. Los dolores pueden comenzar en la infancia o la adolescencia y persistir, a temporadas, durante toda la vida», explican en la Fundación Española de Reumatología, que acaba de lanzar una campaña para concienciar sobre la hiperlaxitud articular.
Ejercicios de fuerza
Estas son algunas de las «señales típicas» que envía el cuerpo y que ayudan a identificar este síndrome: rodillas que se arquean hacia atrás (genu recurvatum), codos que se hiperextienden, dedos que se doblan más de lo normal o una espalda tan flexible que permite apoyar las palmas en el suelo con las piernas estiradas. «A todo esto se suman, en ocasiones, chasquidos articulares que suelen alarmar, aunque no siempre tienen consecuencias clínicas», tranquilizan los especialistas. Además de la hiperlaxitud de las articulaciones, las personas con síndrome de hipermovilidad benigno –el otro nombre con el que se conoce esta patología– también suelen presentar una piel más elástica, una mayor facilidad para que aparezcan moratones, una mayor tendencia a varices o hernias y hasta más trastornos de ansiedad.
No existe un tratamiento que 'cure' la hiperlaxitud, pero sí muchas herramientas para controlar los síntomas y prevenir lesiones. «El pilar fundamental es el ejercicio físico regular, orientado al fortalecimiento muscular. La clave está en huir del sedentarismo y trabajar la fuerza, la postura y la propiocepción. Actividades como caminar, nadar, montar en bicicleta, pilates o yoga suelen dar buenos resultados. También se recomiendan ejercicios isométricos, estiramientos controlados y programas supervisados por fisioterapeutas o médicos especialistas», aconseja la doctora Del Olmo. En fases de dolor más intenso también pueden utilizarse férulas, fisioterapia, infiltraciones o, de forma puntual, analgésicos y antiinflamatorios. «Pero el enfoque a largo plazo pasa por aprender a moverse mejor, evitar sobrecargas y conocer los propios límites», insisten los expertos.
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