Domingo, 31 de mayo de 2026 Dom 31/05/2026
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Política

Tellado en tierra hostil

Tellado en tierra hostil
Artículo Completo 603 palabras
Fajarse en tierras tan hostiles, a tumba abierta y con claridad, desenmascara y sonroja a los refinados y melindreros socios de Sánchez. Leer

En 2023, el equipo de Sánchez supo que cada voto se ganaba en cada callejón y mitin y sería decisivo. Para entonces, sus esbirros ya habían sondeado e incorporado a Junts a la mayoría de rechazo y, obviamente, Sánchez estaba determinado a gobernar desde la derrota. Sorprendió mucho que Sánchez se saltara un par de actos en Bruselas, cena y rueda de prensa, para salir disparado y asistir, aunque fuera de forma exprés, a dos mítines, en Huesca y San Sebastián, a menos de una semana del 23-J. No era desesperación sino cálculo milimétrico.

Además, España ejercía la Presidencia de turno de la UE y la cumbre era conjunta con Latinoamérica y Caribe. Tuvo suerte de que todavía Alberto Fernández presidiera Argentina; lo disculpó. Igual que hizo mutis la vaporosa Von der Leyen, en busca de su reelección como presidenta de la Comisión. En Huesca, Sánchez vetó a Lambán y pinchó. En Guipúzcoa le fue bien: ganó un escaño y arrebató la segunda plaza al PNV.

Aquel 23-J, el PP se quedó a cuatro escaños de poder plantear un pacto de legislatura a Vox y desalojar a Sánchez. La circunscripción prototípica del chasco generalizado fue Gerona. El PP casi dobló su número de votos pero se quedó a 300 papeletas de arrebatarle un asiento a Junts. En el conjunto de Cataluña, el partido de Feijóo y Alejandro Fernández subió en torno al 6%. En Barcelona creció 141.874 votos y en Lérida se quedó a poco más de 3.000 votos de conseguir un diputado.

En Tarragona, como en Barcelona, se situó por delante de Junts; obtuvo un escaño, pero en 2027 necesitaría casi todos los votos de Junts o Vox para rebañar otro. Así pues, el PP está en disposición de disputar al menos dos escaños en la región, donde la fuga masiva de más de 300.000 sufragios que abandonaron ERC y recalaron en el PSC fueron decisivos.

En el País Vasco el mercado parece más cerrado. El PP está lejos de acariciar un asiento más -o el primero- en cada una de las tres provincias. Donde más cerca está es donde no lo tiene y va por detrás hasta de Sumar: Guipúzcoa. Requeriría de unos 9.000 votos añadidos a los de 2023, pero el reparto es endiablado en virtud de la castaña que presumiblemente se dé Sumar, de dónde toque la caprichosa varita de la participación y cómo se disponga el trilátero hasta ahora virtuoso entre PSE, Bildu y PNV -que acabará, con el tiempo, despeñado-.

Total, que ábaco en mano, al PP le salen tres escaños más allí donde tanto ha sufrido. Las cuentas le ilusionan y estimulan pero no resuelven por sí solas la cuestión de fondo. El PP permanece, punto arriba o abajo -tras un repunte en enero de 2024-, anclado en el porcentaje del 23-J. De modo que corre el riesgo de que la aritmética lo distraiga otra vez en lugar de ubicarlo.

No se trata de cuánto sino de con qué. Si el PP decide funcionar con nomogramas no impondrá el ritmo. Fajarse en tierras tan hostiles, a tumba abierta y con claridad -como hizo Tellado ayer y hace siempre Fernández- desenmascara y sonroja a los refinados y melindreros socios de Sánchez. Con discurso y determinación, el crecimiento no es lineal sino exponencial.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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