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«Tengo pánico a quedarme dormido por si no despierto más»La somnifobia es un trastorno que se caracteriza por «el miedo irracional e intenso a dormir». Para ellos, meterse en la cama es la peor de sus pesadillas.
Viernes, 20 de marzo 2026, 19:07 | Actualizado 19:20h.
... dormir hasta la mañana siguiente sin interrupciones. Te entra la modorra solo de pensarlo. Sin embargo, existe un pequeño grupo de gente para el que este momento del día está en las antípodas de lo que se considera una experiencia agradable. Y son las personas que padecen somnifobia, un trastorno que se caracteriza por «el miedo irracional e intenso a dormir». Para ellos, meterse en la cama es la peor de sus pesadillas.Esta fobia implica un estado de ansiedad anticipatoria constante. «Resulta agotador», resumen los especialistas en sueño. A medida que se acerca la hora de dormir, las personas que padecen este trastorno se angustian, los pensamientos obsesivos se cuelan en su cabeza y el cuerpo reacciona. En lugar de relajarse, ocurre todo lo contrario. El corazón se acelera, la respiración se vuelve irregular, sudoración excesiva, náuseas, sensación de ahogo... Es un círculo vicioso muy difícil de romper. El miedo les impide dormir y la falta de sueño intensifica todavía más la ansiedad. ¿Consecuencia? Esa angustia vuelve a reforzar la sensación de miedo. Y así toda la noche.
«Quienes padecen somnifobia perciben el sueño como un momento de estrés, no de descanso. Y esta interpretación hace que el cerebro active los sistemas de alerta justo cuando el organismo debería prepararse para desconectar y recuperarse. En lugar de favorecer el descanso, el cuerpo libera adrenalina y cortisol (hormonas del estrés) y reduce la producción de melatonina, esencial para dormir. El resultado son síntomas físicos reales, como palpitaciones o temblores, que dificultan alcanzar el estado de calma necesario para conciliar el sueño», explica la doctora Silva, especialista de Cigna Healthcare España.
Tristeza y alucinaciones
Esta fobia, aunque desde fuera pueda resultar complicada de entender, «se vive con absoluta intensidad por parte de quienes la padecen». Se da la paradoja de que las personas con somnifobia tienden a retrasar la hora de acostarse lo máximo posible para evitar enfrentarse a sus miedos y esto hace que apenas duerman. Es decir, no quieren quedarse dormidos por temor a no despertarse cuando el descanso es justo lo único que su cuerpo necesita para sobrevivir.
La somnifobia altera las fases reparadoras del sueño, fundamentales para la memoria, la regulación emocional y la regeneración celular. El cerebro permanece en estado de alerta, como si hubiera un peligro real. Es lo que algunos expertos describen como hipervigilancia cognitiva: una especie de centinela interno que no baja la guardia. De hecho, la falta continuada de un buen descanso no solo causa irritabilidad extrema y problemas de concentración o tristeza profunda sino que en los casos más extremos también puede desencadenar episodios de desorientación, alucinaciones y un nivel de agotamiento que puede hacer que nuestro cuerpo colapse.
En muchos casos, el origen de esta fobia se encuentra en experiencias negativas previas como el insomnio persistente, las pesadillas, los terrores nocturnos o situaciones de estrés prolongado. También puede aparecer en la infancia como parte de los miedos evolutivos, aunque cuando persiste en el tiempo puede convertirse en un «problema realmente limitante, pero no irreversible». Este fenómeno no es menor si se tiene en cuenta que, según los datos publicados por la Sociedad Española de Neurología (SEN), casi la mitad de los adultos y una cuarta parte de los niños no duermen lo suficiente y millones de personas sufren trastornos del sueño crónicos.
La buena noticia es que esta fobia es tratable. El primer paso es identificar su origen y a partir de ahí el tratamiento se centra en reeducar al cerebro para que vuelva a asociar la noche con la calma y el descanso, y no con el miedo y el peligro.
¿Por qué tenemos tantos miedos?
El miedo es una de las seis emociones básicas que poseemos los seres humanos desde prácticamente el mismo momento de nuestro nacimiento junto con la alegría, la tristeza, el enfado, el asco y la sorpresa. «Por lo tanto, forma parte de nosotros, de nuestra identidad. Tiene una función adaptativa, puesto que gracias a él nos protegemos y protegemos a nuestros seres queridos. El problema viene cuando ese miedo natural se intensifica y comienza a condicionar tu vida, tus relaciones sociales e incluso tu felicidad», argumenta el psicólogo Manuel Nevado. La clave está en cómo lo abordamos cuando aparece. Hay personas que no pueden llevar una vida normal porque el miedo irracional que sienten hacia una determina situación les impide afrontarla, mientras que otras disfrutan con esa sensación de peligro.
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