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Chace Crawford, Antony Starr y Nathan Mitchell. Jasper Savage / Prime Video 'The Boys': una serie visionaria que en su última temporada va a por todasBasada en el cómic homónimo, se acerca a su desenlace apuntando sin sonrojo con la convulsa realidad política actual
Domingo, 19 de abril 2026, 00:08
... Garth Ennis con dibujos de Darick Robertson, para fijarse en nuestra realidad y anteponerse a ella, cultivando un carácter visionario que, en la nueva sesión de esta propuesta rica en escenas salvajes, la quinta y última del lote, se ha expandido hasta límites insospechados, confirmando una vez más que la ficción, cuando apuesta por la distopía y la fantasía, va siempre por delante de nuestro mundo, aunque finalmente suele acabar atrás, porque el absurdo comportamiento humano supera, con creces, cualquier hipótesis futurista.Hay quien descubrió, por fin, quiénes eran los verdaderos malos de la serie en su cuarta temporada, comparando su argumento con noticias del momento. En las redes sociales abundaron los mensajes de sorpresa de mentes despistadas. Vivimos tiempos confusos. La autocracia nunca ha molado. Ni antes ni ahora. Alguien tiene que vigilar a los vigilantes y, por ende, a nuestros gobernantes antes de que el planeta se divida en grandes territorios en manos de implacables corporaciones que se repartan el poder. El capitalismo caníbal es lo que tiene, como bien han señalado tantas producciones audiovisuales de éxito cuyo cuento no se aplica casi nadie, a pesar de los aplausos. ¿Una batalla perdida?
Iker Cortés'The Boys' emplea la brocha gorda en sus alegatos, apunta al exceso, carga las tintas en la parodia y no se corta a la hora de exprimir el chiste grueso como arma arrojadiza contra el totalitarismo. A pesar de subrayar la sátira, resulta sumamente divertida, siempre y cuando, como espectador, no te asuste la sangre a borbotones y cierta atractiva vulgaridad que todavía habrá quien tildará de woke. Realmente, en la serie apadrinada por Prime Video -vaya paradoja, Amazon puede ser una de esas grandes empresas que controle parte del mundo- no está claro quién es el más capullo del catálogo de grotescos personajes. Abundan las zonas grises, la serie no deja títere con cabeza y queda claro que todos tenemos un lado oscuro que puede aflorar cuando toca sobrevivir, manipular, vigilar o dominar.
El panorama apocalíptico nos suena de algo, el retrato desde la ficción es lo más escalofriante de una propuesta apegada a la realidad que en el tercer capítulo de la quinta temporada se anticipó, imaginando la fecha de su rodaje y su posterior postproducción, a las locuras de Trump pergeñadas estos días con la ayuda de la IA (de)generativa. Esas estampas mesiánicas que le presentan como el salvador de la especie humana, imágenes peripatéticas que copan los telediarios en boca de presentadores desconcertados, ya estaban hace muchos meses en los guiones del cierre de un proyecto cuya conclusión no tiene pinta de que vaya a ser agradable. La traca final se intuye tremebunda.
¿Quién ofende a quién?
No faltan las escenas gore en 'The Boys', los gags basados en fenómenos virales, las caricaturas extremas y el despendole fuera de toda lógica argumental. El cóctel funciona, a pesar de pecar de repetitivo inevitablemente en su tramo final. Lo que acontece, sin duda, puede sembrar el desconcierto en el espectador despistado, cuya ideología básica se esculpe a base de TikTok, ante algunos comportamientos fascistas que ponen contra las cuerdas ciertos discursos popularizados por sujetos reales que encuentran sus sosias en la serie, de indudable espíritu gamberro, como mandan los cánones del humor que apela a la actualidad.
El mensaje es algo descorazonador porque parece que, para enfrentarse al fascismo, hay que emplear sus mismas armas
La infantilización de la política, y la sociedad en general, produce monstruos que no dejamos de alimentar hasta engordarlos, con la posibilidad de que exploten, por obra y gracia de internet, un invento que, lejos de hacernos libres, nos ha atado a nosotros mismos. Los firmantes de los guiones de la serie lo saben y aprovechan la coyuntura para explayarse a fondo, con hemoglobina y gamberrismo, sobre temas como el racismo, la xenofobia, el auge de la ultraderecha y los peligros del mal uso de las nuevas tecnologías. Impagable la burla que se marca la serie inspirada en el cómic homónimo sobre los influencers, a costa de los Teenage Kix, un grupo de superhéroes adolescentes con pocas luces, mercantilizados y explotados por el bien del capitalismo.
'The Boys' se antoja una metáfora poco sutil de nuestros agitados tiempos, su ironía ya no puede entenderse al revés, aunque últimamente abunda el público desorientado, o bien siempre ha estado ahí, pero ahora cuenta con el altavoz de las redes sociales. Estás con Patriota o con los Estelares, no hay más, aunque el mensaje es algo descorazonador porque parece que, para enfrentarse al fascismo, hay que emplear sus mismas armas, abriendo las puertas de la contradicción.
Visión cruel
Los protagonistas de 'The Boys' vigilan a los vigilantes, quieren poner orden en un mundo de superhéroes, donde los justicieros con poderes especiales se desmadran demasiado y se han convertido en un objeto de consumo sin límites. Carnicero, El Francés, Leche Materna, Hughie y demás antihéroes deben controlar a los controladores descontrolados, descontrolándose. Un 'Watchmen' embrutecido, que retuerce el género superheroico, aportando una visión cruel sobre la incómoda actualidad.
Sin duda, la serie ha sabido adaptar el material gráfico a los tiempos que corren. Patriota está desatado, no puede ser más totalitario y narcisista, una conducta que nos recuerda, tristemente, a un individuo que bebe demasiada coca-cola a diario. El rubio paladín patriótico disfruta de su alta posición en la cadena alimenticia pero ya pinta canas en los genitales, cuestión que avinagra todavía más su desequilibrado carácter. Las comparaciones con la realidad son odiosas, dependiendo del bando en el que estés. Bulos, fake news, atentados de falsa bandera, youtubers ultra… Nada ni nadie se salva de la quema.
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