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'The Punisher: One Last Kill': violencia y lágrimas

'The Punisher: One Last Kill': violencia y lágrimas
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El regreso del justiciero vengador de Marvel se antoja discreto. Tarda en desatar su furia tras un cansino despliegue de imágenes que subrayan su tormento interior. Afortunadamente, queda en un buen lugar para lo que venga después
'The Punisher: One Last Kill': violencia y lágrimas

El regreso del justiciero vengador de Marvel se antoja discreto. Tarda en desatar su furia tras un cansino despliegue de imágenes que subrayan su tormento interior. Afortunadamente, queda en un buen lugar para lo que venga después

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Borja Crespo

25/05/2026 a las 00:03h.

Las redes sociales siguen alimentando el deseo ferviente de que Marvel recupere sus tiempos dorados en la pantalla, lo que deriva en halagos inmerecidos a ... producciones recientes con el sello de La Casa de las Ideas, como la segunda temporada de 'Daredevil: Born Again', de un sopor extremo. Se hincharon las virtudes, que las hay, de 'Wonder Man', en un claro empeño colectivo de ver la luz, y ahora aterriza 'The Punisher: One Last Kill', el esperado mediometraje de Punisher, léase El Castigador, uno de los personajes más ultraviolentos de la escudería, un tren bala que, lejos de arrollar en su última aventura, se desplaza a trompicones. Tarda en acelerar este experimento puntual que es inevitable comparar con el cine de acción actual con label asiático. Los coreanos, sin ir más lejos, lo hacen mejor y el audiovisual occidental no está sabiendo copiar sus hallazgos. Se ha confirmado en Cannes estos días la supremacía de una manera de entender el cine de entretenimiento sin cortapisas con la proyección de 'Hope', lo último de Na Hong-jin ('The Yellow Sea'), que ha dejado a la crítica desprejuiciada con la cabeza del revés.

Tormento y tortazos

'The Punisher: One Last Kill' no alcanza la hora de duración, luego no derrapa en exceso, pero no cumple con lo pactado con el espectador si atendemos a las características de una figura agresiva, un antìhéroe de manual, que retoma las armas para dejarse ver en la próxima película de Spider-Man. Necesitaba una pieza puente para volver al ruedo, y esta es la respuesta, tan entretenida en su tramo final como aburrida, por estirada, en su largo planteamiento, donde Frank Castle, bien interpretado por Jon Berthdal, sufre una caricaturización exagerada, luchando contra sus demonios internos, con una irritante proliferación de flah-backs. La descripción de su tormento, bebiendo y automutilàndose, con visiones paranoicas hablando solo, roza la comedia involuntaria. En paralelo, un retrato de las calles de ciudad, tomadas por la delincuencia, que recuerda al cine de explotación con pandillas de los años 80 ('Los guerreros del Bronx' y compañía), y al genial comienzo de la incomprendida 'Beau tiene miedo', de Ari Aster.

El mundo es un estercolero y el aguerrido Punisher decide superar sus traumas alquilando un apartamento en la peor zona del basurero. La aparición de una de las villanas más carismáticas de su violento microuniverso no ayuda al conjunto. Su amenaza no termina de entenderse en el contexto. Te podría pegar dos tiros aquí mismo, estando frente a ti, pero decido complicarme la vida lanzando una convocatoria en el vecindario para que me traigan tu cabeza… como en 'The Raid', pero con varios bloques colindantes como escenario, sin tanto ruido y furia.

Cierto es que, tras ver 'The Punisher: One Last Kill', el rol bien defendido por Berthdal queda bien situado mentalmente, vuelve a la carga y se toma la justicia por su mano absolutamente desbocado, en una actitud filofascista que siempre ha colocado al personaje en el filo del bien y el mal. Se agradece que vuelva a ser esa mole destructora que se erige como juez y verdugo a golpe de gatillo. Que no pare el contador de cadáveres, aunque el nivel de hemoglobina siempre será superior cuando El Castigador deambula en solitario (junto a Spider-Man gruñirá descafeinado). En definitiva, el resultado no es para tirar cohetes, o más bien granadas, pero el clímax acompaña. Resulta harto incomprensible, eso sí, que se contrate a un realizador como Reinaldo Marcus Green, con poca experiencia en filmar escenas de acción, para resolver la papeleta. Viene de firmar 'El método Williams' o el biopic de Bob Marley. Aquí se necesita más mala leche tras la cámara, aunque Berthdal se curre el gimnasio. Las decisiones de Disney en este apartado siguen siendo incomprensibles.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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