Realidad que supera a la ficción
Dieciséis años después, Facebook ha acumulado más escándalos de los que Hollywood podría siquiera aspirar a seguir el ritmo. Sorkin cuenta a WIRED que, a lo largo de esos años, le propusieron una secuela en numerosas ocasiones, pero le costaba encontrar un enfoque adecuado. “Antes de que una película pueda ser cualquier otra cosa, antes de que pueda ser relevante o invitar a la reflexión, tiene que ser buena”, opina. “Debe funcionar como algo que ves mientras comes palomitas”.
Fue entonces, relata Sorkin, cuando conoció a Frances Haugen, la antigua ingeniera de datos de Facebook que filtró unos memorandos internos comprometedores al periodista de investigación Jeff Horwitz. Horwitz redactó lo que se conoció como los “Facebook Files” en una amplia serie de artículos publicados en 2021 en The Wall Street Journal. En ellos que sacaba a la luz gran parte de lo que la empresa sabía sobre los daños causados a los usuarios, desde el discurso de odio y la desinformación médica hasta los problemas de imagen corporal y la trata de personas. Cosas que había pasado por alto en gran medida en medio de su afán por crecer.
Sorkin aún no estaba seguro de tener material para una película, pero un día le preguntó a Haugen por qué había decidido finalmente acudir a los medios de comunicación. “Me lo contó de forma bastante espontánea: ‘Oh, tenía una amiga que se radicalizó por culpa de Facebook después de pasar demasiadas horas en la plataforma’”, recuerda. “Y así fue como empecé a dar forma a lo que ahora es la escena inicial de la película”.
The Social Reckoning
La escena inicial de The Social Reckoning, escrita y dirigida por Sorkin, muestra a una mujer ebria detenida en el hombrillo de una carretera de San Mateo, California, con su auto sobrecalentado. Cuando se le acercan los agentes de policía, ella se muestra agresiva. Saca su teléfono para grabar un video mientras lanza insultos racistas a los agentes y finalmente es detenida por amenazar a uno de ellos con matarlo. El video aparece en una página de Facebook dedicada a contenidos de extrema derecha, donde Haugen (Mikey Madison) lo encuentra en 2019 y reconoce a la mujer como una conocida de su clase de pilates que solía tener opiniones progresistas. También descubre que esta mujer es una “superusuaria” muy activa en Facebook.
Haugen intenta primero que sus compañeros de Facebook se den cuenta de cómo sus propios algoritmos están empujando a muchos usuarios, incluida su antigua amiga, hacia contenidos extremistas. Solo cuando se topa con suficientes obstáculos decide depositar su confianza, aunque sea a regañadientes, en Horwitz (Jeremy Allen White), un periodista con el que el personal de Facebook tiene la orden expresa de no hablar. Así se va dando la relación marcada por las discusiones entre dos profesionales comprometidos con ideales opuestos. Haugen quiere salvar a la empresa de sí misma, mientras que Horwitz sospecha que ya es demasiado tarde para eso. Vemos flash-forwards de Zuckerberg (Jeremy Strong) ensayando para una comparecencia ante el congreso sobre la desinformación en las redes sociales en 2021. En la sala se encuentran una asesora de relaciones públicas especializada en crisis llamada Raya (Wunmi Mosaku) y Charlie (Bill Burr), un exempleado ficticio; no se basa específicamente en una persona real. Lo han contratado como agitador, con libertad para sacar de quicio a Zuck y desmontar sus argumentos ensayados.
Esta estructura argumental resulta más torpe que aquel montaje cruzado de las declaraciones de La red social, que permitía con gran acierto que los personajes relataran los inicios de Facebook sin necesidad de una guía narrativa. En cambio, The Social Reckoning está repleta de intertítulos grandilocuentes (la primera secuencia se titula “Prólogo”) y de referencias visuales para recordarnos en qué punto de la línea temporal nos encontramos. De escena en escena, las interpretaciones incisivas y los diálogos al estilo de Sorkin dan lugar a una cinta atractiva. Pero las piezas encajan de forma torpe, y uno no puede evitar desear que Reznor y Ross estuvieran ahí para empujar el ritmo.
la retiró este verano tras un acuerdo de 50,000 millones de dólares entre Amazon y OpenAI. También está el épico documental: Musk, de Alex Gibney; este recorre las hazañas del hombre más rico del mundo hasta su desastroso mandato como “zar de la eficiencia gubernamental” en la Casa Blanca. Y no hay que olvidar You Can See Everything, para la que los directores Nathan Fielder y Lance Oppenheim consiguieron acceso privilegiado a la fundadora de Theranos y estafadora condenada Elizabeth Holmes, poco antes de que comenzara a cumplir su condena de diez años de prisión.Fuera de tiempo
En medio de estas propuestas tan oportunas, The Social Reckoning se siente algo desfasada. Su punto álgido (alerta de spoiler) es el asalto al Capitolio del 6 de enero. Sus horrores se achacan en parte al fracaso de Facebook en controlar las teorías conspirativas sobre el fraude electoral, o a la hora de eliminar la cuenta de Donald Trump mientras esta avivaba falsedades incendiarias. Ahora, a mitad del segundo mandato de Trump, ¿es realmente una gran revelación que él y su movimiento se sientan envalentonados por la complicidad de los oligarcas tecnológicos? Son los mismos que le respaldaron abiertamente en 2024.
Sin embargo, hay cuestiones importantes en juego. El debate sobre la ética en la tecnología desemboca constantemente en preguntas angustiosas sobre cómo se negocia la verdad y quién tiene la última palabra.
Para hacer catarsis
Si consideras o no que Reckoning sea un análisis profundo de estos temas probablemente dependerá de tu interés por lo que equivale a una mezcla entre The Newsroom y The West Wing. Hay momentos impactantes que invitan claramente al público a desahogarse, como cuando Haugen acusa a Horwitz de parcialidad contra la tecnología porque está robando los trabajos de los periodistas y él le responde que en realidad es porque "eres muy malo en eso". O cuando Zuckerberg se burla de su traidor examigo Charlie por vender su participación en Facebook por 200 millones de dólares en vez de esperar hasta que valiera 1,300 millones. Él contraataca destruyendo la presunción de que "debería avergonzarse de eso".
“Me encanta esa frase, porque esa es la enfermedad”, le dice Burr a WIRED. “Lo que vemos en estos magnates sin escrúpulos que andan sueltos ahora mismo es que, como alguien adicto a la metanfetamina, son adictos al dinero. Nunca tienen suficiente. Son insaciables. Se comportan como adictos. Y un adicto hará lo que sea necesario, lastimará a quien sea, para conseguir su próxima dosis”.
Indudablemente resulta satisfactorio ver a Burr restregarle esta observación directamente a Zuckerberg. Por otro lado, es un poco ingenuo imaginar que eso le duela a un tipo que está ampliando su enorme complejo ultrasecreto de Hawái para incluir cementerios ancestrales. En muchos sentidos, Reckoning intenta avergonzar a una clase dominante que ha demostrado ser, pues, desvergonzada.
WIRED.com. Adaptado por Mauricio Serfatty Godoy.