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Tiempo de ansiedad

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La crisis de Ceuta puede acelerar el final de la legislatura, pero también alimentar una espiral identitaria nociva a largo plazo para el PP
Tiempo de ansiedad

La crisis de Ceuta puede acelerar el final de la legislatura, pero también alimentar una espiral identitaria nociva a largo plazo para el PP

Regala esta noticia Añádenos en Google Migrante se asea, en la playa de Trampolín. (EP)

Alberto Surio

20/09/2026 a las 00:06h.

Advertía el lehendakari Imanol Pradales en el debate de política general vasco de este jueves que vienen «tiempos oscuros» y que, ante ellos, hacen falta ... altura de miras e inteligencia histórica. No es una frase menor. Porque más allá de la disputa cotidiana entre partidos, empieza a asentarse la sensación de que la legislatura de Pedro Sánchez entra en su tramo final y de que la crisis de Ceuta puede acabar convirtiéndose en la puntilla de un Gobierno cada vez más sometido a una presión política creciente.

Es una estrategia que puede tener rédito inmediato en determinados sectores del electorado, pero que plantea una incógnita de mayor alcance para el propio PP. La apuesta de Alberto Núñez Feijóo pasa, cada vez más, por una relación política con Santiago Abascal que algunos sectores de su partido observan con preocupación. No solo por la dificultad de mantener una posición propia cuando la agenda viene marcada por la ultraderecha, sino porque esa dependencia puede terminar trasladando a otros territorios una tensión identitaria que España ya conoce demasiado bien.

Ceuta es, en este sentido, algo más que una crisis migratoria. Es también un escenario en el que pueden cruzarse la inmigración, la seguridad, las relaciones con Marruecos, el sentimiento nacional y el miedo. Una combinación especialmente delicada en momentos de incertidumbre. La polémica provocada por Mbappé y la camiseta de apoyo a Ceuta puede parecer una anécdota, y seguramente lo sea, pero ilustra hasta qué punto cualquier símbolo puede convertirse en munición dentro de una espiral identitaria que no parece tener demasiadas dificultades para encontrar nuevos motivos de confrontación.

El ultranacionalismo -sea español, catalán o vasco- conoce bien ese mecanismo. En tiempos de crisis ofrece respuestas emocionalmente sencillas a problemas complejos. Construye pertenencias, identifica adversarios y convierte la incertidumbre en un relato de certezas. Es una fórmula políticamente rentable, pero socialmente peligrosa cuando termina sustituyendo la deliberación por la confrontación.

Sánchez tiene responsabilidades propias en esta situación. La tardanza en reaccionar políticamente ante la crisis de Ceuta, la dificultad para explicar con claridad la estrategia del Gobierno y una cierta sensación de falta de liderazgo han dejado espacio para que otros construyan el relato. La gestión de una crisis no se mide únicamente por los recursos movilizados, sino también por la capacidad de explicar a la ciudadanía qué está ocurriendo, por qué se toman determinadas decisiones y hacia dónde se quiere conducir la situación.

Pero la crítica al Gobierno no debería confundirse con la ansiedad por precipitar su final. La soberbia a la hora de no reconocer errores es una mala compañera de viaje. La ansiedad por terminar el periplo cuanto antes y a cualquier precio puede ser todavía peor. Porque cuando la política pierde la capacidad de administrar los tiempos, otros terminan administrando los miedos. Y ese es quizá el verdadero riesgo de este momento. Ante unos tiempos que pueden ser, efectivamente, oscuros, la altura de miras que reclamaba Pradales no consiste en mirar hacia otro lado ni en evitar la confrontación política. Consiste en no alimentar irresponsablemente aquello que después resulta mucho más difícil contener.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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