Koldo García llevó diseñada una estrategia basada en su apariencia. El hombre tiene las rodillas un poco giradas hacia dentro, la barba le da aspecto de personaje secundario del GTA y ya le vimos discurrir mientras hacía el petate la noche antes de entrar en la cárcel. Frente al magistrado presidente del Tribunal Supremo optó por reforzar el personaje. Supongo que ha sido su salvoconducto, la fórmula del éxito que ha conseguido ponerlo en lo más alto de la vida a la que aspiraba: ser el secretario de los poderosos que se repartían las influencias. Desde el principio, hizo de pobrecito. Dustin Hoffman en Cowboy de medianoche daba menos pena. Se definió como tosco y sincero, no entendía algunas palabras y de vez en cuando su abogada le lanzaba un salvavidas como si Koldo estuviera superando un hito del crecimiento. Con la perspectiva que da el paso de la mañana fue sorprendente que encontrara la silla a la primera.
Aquel tiparro quería pasar como el buscavidas que no sabía dónde había caído, pero sabía perfectamente dónde había caído y era un tiparro precisamente por estar ahí. Al jugar a las apariencias, los prejuicios suelen ser más eficaces que las máscaras. Y su máscara funcionaba como un prejuicio. Cuántos Koldos han manejado en la sombra asuntos que parecían complejos haciéndose los tontos. Ni encontrar mascarillas los primeros días de la pandemia era la última prueba de Hércules para gente con contactos, ni Koldo era una mascota con un teléfono caliente. Nos salen los héroes por las alcantarillas.
Koldo, con varios antecedentes por peleas, tuvo un fallo en su papel. Buscar el cuerpo a cuerpo con el fiscal comprometió sus humillaciones. No le gustaba cómo sonreía Alejandro Luzón, el primer síntoma de matonismo. Se repitió durante tres horas el mismo engranaje. "¿Recuerda usted la fecha?", preguntaba el fiscal. Koldo cogía varias rotondas para dar cuenta de su personalidad límite con subterfugios para llegar a la misma conclusión: "No recuerdo la fecha".
En un momento, Koldo se autodenominó aliado feminista, la especie therian más codiciada entre los hombres de izquierdas. Ya hay un monte Rushmore de hombres situados en el progresismo con dificultades para tratar a las mujeres. Koldo ya ha encargado su busto. Fue al justificar su influencia sobre Claudia Montes. Al final es lo de siempre: la Audiencia Nacional quiso investigarlo por maltrato al encontrar mensajes vejatorios dirigidos contra su mujer.
Otro regalito de la factoría Ferraz.