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Transición y transacción

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Animales de compañía

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Juan Manuel De Prada

24/07/2026 a las 10:38h.

Me ha resultado muy impactante contemplar un documental sobre la llamada Transición española titulado Después de… (1983). Dirigido por los hermanos Cecilia y José ... Juan Bartolomé, Después de… es un díptico compuesto por dos películas, No se os puede dejar solos y Atado y bien atado, que retrata los años inmediatamente posteriores a la muerte de Franco con una mezcla bastante corrosiva de desparpajo y crudeza. En lugar de conformarse con entrevistar a los gerifaltes del momento (que también lo hace, aunque ni de lejos sea el aspecto más interesante de su obra), los hermanos Bartolomé sacan las cámaras a la calle y tratan de captar el clima político y social del momento, que no resulta ser ese clima ilusionado de reconciliación hostigado por cuatro intransigentes que nos vendieron durante décadas, sino más bien un clima hirsuto y acongojante donde el cainismo hace su pitanza.

Naturalmente, no nos chupamos el dedo ni creemos que los hermanos Bartolomé sean unos notarios impasibles y neutralísimos de los hechos. Después de… es un documental tendencioso (como lo son casi todos los documentales), aunque se disfrace de una cierta 'polifonía' que abarca todo el arco político, aunque ofrezca un mosaico social variopinto en el que aparentemente todas las opiniones tienen cabida; pero a la postre uno descubre que, mientras la polifonía en el espectro de la izquierda es plena, la derecha siempre es retratada caricaturescamente, otorgando un protagonismo descabellado a Fuerza Nueva y a sus excesos retóricos. Los hermanos Bartolomé, desde posiciones izquierdistas, deseaban desmontar la versión idílica que ya en el momento en que fue filmada la película se trataba de imponer, desde círculos oficiales; y para lograrlo cargan las tintas... azules, sin duda sugestionados por el golpe fallido del 23F (que no se incluye en la película, por ocurrir después de su rodaje, aunque arroja su sombra en el tramo final).

Pero la inevitable tendenciosidad de Después de… es irrelevante, y hasta podrá parecer ecuanimidad, incluso tibieza, según sea la inclinación ideológica del espectador. Para el espectador que descrea de las ideologías modernas, por ser todas progenie del mismo estercolero, resulta mucho más interesante –e intimidante– observar los efectos devastadores de dichas ideologías en las personas. El repertorio humano del documental es extraordinariamente variado, desde el jovencito batasuno que celebra los atentados etarras con champán hasta la señorona exaltada que hace una apología desaforada de Franco; pero entre extremos tan opuestos, hay una multitud de 'mediopensionistas' que supuran un odio más sibilino, un resentimiento más circunspecto, una violencia más contenida. Impresiona mucho la fealdad (con frecuencia física también, pero sobre todo moral) de las personas anónimas que hablan ante la cámara para exhibir su enfado, confesar su desencanto o mostrar su 'comprensión' ante los cambios que se suceden; pero en todas estas variadas actitudes uno descubre odio y resentimiento, a veces orgullosos y rampantes, a veces solapados y envueltos en merengosidades. Abruma el río de odio y resentimiento que envenena a estos españoles de la llamada Transición, que por momentos semejan alimañas, a veces impulsivas, a veces muy atildadamente circunspectas. Ciertamente, algunos de esos odios y resentimientos son atávicos y hunden sus raíces en las guerras de nuestros antepasados; pero con frecuencia son odios y resentimientos que acaban de ser inoculados o implantados. Y uno se pregunta si la llamada Transición, a la postre, no sería en realidad una 'transacción' entre oligarquías lograda a costa de envenenar a los españoles. Un consenso político de aprovechateguis que necesitaba alimentarse del disenso social.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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