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E. Hinojosa Traslados forzosos: así han vivido los usuarios del AVE la desconexión ferroviariaEmpresarios, universitarios, profesionales de distintos sectores y familias han tenido que buscar planes alternativos para cumplir con sus compromisos
Domingo, 1 de febrero 2026, 00:12
Teletrabajo, búsqueda de medios alternativos (asumiendo en ocasiones tarifas abusivas) y cancelaciones de citas laborales con su consiguiente coste económico han sido algunas de las consecuencias más inmediatas que han debido asumir quienes viajan a Madrid semanalmente o varias veces al mes a trabajar o estudiar.
Para todos ellos, esta línea de alta velocidad se traduce en comodidad (del centro de Málaga al de Madrid), libertad para llevar equipaje y, sobre todo, optimización del tiempo al poder ir trabajando en las cerca de tres horas de viaje. Pero también coinciden en que las fuertes vibraciones, los continuos retrasos y el deterioro del servicio era evidente y se preguntan si con esas «señales» este accidente se podía haber evitado.
Noelia Serrán
«He podido teletrabajar de forma excepcional, pero mi puesto en Madrid exige presencialidad»
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Noelia Serrán trabaja en Madrid durante la semana y regresa a Málaga los viernes. SUREl AVE es desde hace 16 años el eje invisible que sostiene la vida profesional y personal de Noelia Serrán. De lunes a viernes trabaja en Madrid, en el sector de gestión hipotecaria de una entidad financiera, y cada fin de semana regresa a Málaga, donde tiene su casa y su pareja. «Tengo hecha una vida híbrida», resume. Un equilibrio milimetrado que saltó por los aires con la desconexión ferroviaria tras el accidente de Adamuz.
Hasta el domingo 18 de enero, su rutina estaba perfectamente planificada. «Los viernes cogía el tren a mediodía y los lunes a primera hora volvía a Madrid. Siempre en AVE», subraya. No era solo una cuestión de comodidad: el tren le permitía trabajar durante el trayecto, mantener reuniones por Teams y ajustar la agenda sin perder horas laborales. «Eso el avión no te lo permite».
La interrupción le ha obligado a buscar alternativas y no ha sido sencillo. Los vuelos disponibles no encajan con sus horarios y, cuando lo hacen, el precio se dispara. Los primeros que vi tras ocurrir el accidente rondaban los 450 euros». El lunes posterior al corte ferroviario no encontró ninguna opción viable durante el día y acabó volando de noche, «por pura casualidad», tras descubrir que Iberia había reforzado la ruta «sin que se informara oficialmente».
Noelia no oculta la «angustia» que le generó inicialmente esa dificultad para acudir a su trabajo. Aunque ha podido teletrabajar de forma excepcional, su puesto exige presencialidad. Para adaptarse, ha tenido que alterar su organización: volar a Madrid el lunes por la noche y regresar a Málaga el viernes por la tarde. Incluso, esta pasada semana tuvo que adelantar el regreso al jueves porque los billetes de avión hacia Málaga a partir de las tres de la tarde del viernes eran «carísimos».
En un momento de tanta incertidumbre, planificar se hace imposible. Pese a haber ya una fecha en el horizonte para el restablecimiento de la línea (el 8 de febrero, según el ministro Óscar Puente), Noelia no se atreve a sacar los billetes con un mes de antelación como hacía hasta el día de la tragedia. Esa falta de certezas le obliga a decidir «sobre la marcha», algo incompatible con una rutina sostenida durante años. «Es un fastidio cuando tu trabajo está tan condicionado a este transporte que, aunque es una elección personal, es un servicio público que nada te hace pensar que no vayas a disponer de él».
La desconexión ha reabierto un debate que Noelia comparte con otros usuarios: el deterioro progresivo del servicio. También ella había percibido en determinados tramos «ruidos fuertes y vibraciones» que, asegura, antes no pasaban. Lo mismo que los retrasos o la eliminación del compromiso de puntualidad. «Antes era más caro, pero tenías más garantía».
Marcos Granda
«Si finalmente la línea no se restableciese a primeros de febrero, sí me ocasionaría un problema»
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Marcos Granda es empresario con seis restaurantes y siete estrellas Michelin. JoseleMarcos Granda, empresario de la restauración y alma mater de seis restaurantes con siete estrellas Michelin (entre ellos, Skina en Marbella) ha hecho del AVE en estos últimos seis años su medio habitual para desarrollar una actividad profesional a caballo entre Málaga y Madrid. El día fatídico del accidente, recorrió ese tramo pocas horas antes, aunque no recuerda haber notado nada extraño.
Sí reconoce haber percibido en otras ocasiones «vibraciones», aunque no les dio mayor importancia. «Nunca llegué a preocuparme en absoluto», insiste. Sin embargo, el reciente accidente ha cambiado su perspectiva. «Una vez que pasa esta tragedia piensas: quizá se podía haber evitado».
Sus viajes a Madrid responden a una dinámica laboral intensa. Hay días en los que va y vuelve en la misma jornada para estar en una comida, una entrevista o resolver cualquier problema al mediodía en Madrid y luego volver por la tarde. Gestiones con proveedores, entrevistas de trabajo, encuentros con la prensa y la supervisión de los estándares de calidad de sus dos restaurantes en Madrid forman parte de una rutina que depende directamente del transporte.
Viajes de ida y vuelta en el día, agendas medidas al minuto y una confianza casi ciega en un servicio que, durante años, fue sinónimo de puntualidad. Sin embargo, esa percepción ha cambiado de forma clara en el último año y medio. «Recuerdo que al principio no había retrasos. En el cómputo general del año podía demorarse 15 o 20 minutos una vez al año». Para él, la alta velocidad es «una forma segura e idónea de optimizar el tiempo». Llegar cinco minutos antes de la salida del AVE en Málaga y aparecer puntual en el centro de Madrid «era la norma». Esa fiabilidad, asegura, se ha ido diluyendo. A los retrasos se suma ahora una sensación de inseguridad que antes no existía. Un cóctel que, en su opinión, ha convertido lo que antes era una ventaja competitiva en un problema recurrente.
Por ahora, la interrupción del servicio no le ha generado un perjuicio inmediato. «Mientras se restablezca el servicio en la primera semana de febrero, no voy a tener problema, pero si se retrasase más, tendría que buscar alternativas, probablemente el coche», asegura, ante el «disparate» de precios que se están viendo.
Más allá del episodio concreto, Marcos sitúa el foco en un debate de fondo: la liberalización del servicio ferroviario. Para él, la ecuación es clara: «A más volumen, menos control, más inestabilidad en el servicio». Y lo resume sin rodeos: «No me ha supuesto una mejoría, al contrario, muchos más problemas a la hora de poder ejecutar mi trabajo». La puntualidad, concluye, era la esencia de la alta velocidad.
Manuel Huertas
«He tenido que cancelar varios compromisos profesionales y colaboraciones en televisión»
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El abogado Manuel Huertas es colaborador en varios programas de televisión. SUREl tren de las 18.40 horas de Iryo se había convertido hasta el desgraciado accidente en Adamuz en una pieza clave en la rutina semanal del abogado Manuel Huertas. Lo utilizaba para desplazarse a Madrid con regularidad, llegar la noche anterior, descansar y acudir a compromisos profesionales a primera hora del día siguiente. El domingo 18 de enero no lo cogió. Un cambio de planes de última hora le obligó a cancelarlo. «Al día siguiente tenía que asistir a un detenido en Málaga y tuve que anular el viaje a Madrid. El destino».
El impacto fue aún mayor al recordar que su pareja tenía previsto viajar ese mismo día a Madrid en AVE para presentarse a una oposición. «Le animé a que se viniese en mi tren». Finalmente, al cancelarlo, su pareja decidió adelantar el viaje. «No quiero imaginar qué hubiera sido de nosotros», declara consternado.
Manuel viaja a Madrid todas las semanas. Suele pasar allí entre dos y tres días y regresa después. Es una dinámica que mantiene desde hace años, primero de forma esporádica y, desde hace seis u ocho, con frecuencia semanal. Tras el accidente de Adamuz, esa rutina se ha roto. La desconexión ferroviaria y la falta de certezas sobre la normalización del servicio le ha dejado en la cuneta y le ha obligado a cancelar compromisos profesionales, entre ellos, varias colaboraciones en programas de televisión. «Tener que coger un avión es un fastidio». A ello se suman los costes y la logística: aeropuertos, traslados y tiempos muertos que con el tren no existen.
Para Manuel, el sistema ferroviario en España es «un caos» desde la pandemia. Lamenta que la puntualidad haya pasado a ser un «lujo del primer mundo» y la excelencia y la comodidad del servicio se haya degradado con retrasos habituales, traqueteos, paradas inesperadas y una sensación constante de incertidumbre. «Es como coger una diligencia en el salvaje oeste. No sabes cuándo sales ni cuándo llegas». Y cuenta su última y aciaga experiencia hace unas semanas cuando volvía de Madrid y, a la altura de Córdoba, el tren paró en diez o doce ocasiones.
Pese a lo ocurrido, asegura no tener miedo a volver a coger el tren, pero sí cierta inseguridad. «Sobre todo si no se hacen mejoras ni mantenimiento». Considera que lo ocurrido en Adamuz era «previsible», porque las constantes incidencias hacían pensar que «todo estaba cogido con alfileres». «Y si no, ¿por qué ahora reducen la velocidad en algunos tramos?». Insiste en que esa no es la solución a un servicio que era excelente, que funcionaba como un reloj y que permitía planificar al minuto la vida profesional y personal sin la incertidumbre actual.
Guillermo Hurtado
«Tengo que estar en Málaga el 7 de febrero y ante el baile de fechas he optado por coger un avión»
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Guillermo Hurtado estudia en la Universidad Europea de Madrid. SURGuillermo Hurtado, estudiante malagueño de 19 años, vive a medio camino entre Madrid y Málaga. Desde septiembre de 2024 reside en la capital, donde cursa el Grado Universitario en Animación en la Universidad Europea, una carrera de cuatro años orientada a la creación de series y películas de dibujos animados.
Aunque se encuentra ya en su segundo curso, su vínculo con Málaga sigue siendo difícil de romper. Aprovecha cualquier ocasión para bajar a su ciudad natal. Al menos, lo hace dos veces al mes, incluso todos los fines de semana si se da la ocasión, como ocurrió el pasado mes de octubre. Le tira la familia, sus amigos y un fuerte apego emocional a su tierra; Madrid no termina de convencerle más allá de lo académico. A este arraigo personal se suman sus compromisos con la Cofradía del Huerto, donde es miembro de su Junta de Gobierno. Reuniones, convivencias y actividades de la hermandad son otra razón de peso para seguir manteniendo una movilidad constante entre ambas ciudades.
Hasta ahora, el tren ha sido siempre su medio de transporte habitual. Ni el avión, por las esperas previas en el aeropuerto y un mayor coste, ni el autobús, que tarda más de seis horas, son alternativas idóneas para Guillermo que busca aprovechar al máximo el fin de semana en Málaga.
Gracias a la tarjeta Más Renfe Joven, que con un coste anual de 50 euros ofrece un descuento fijo del 30%, y a la compra anticipada de billetes, puede realizar el trayecto de forma «cómoda y asequible». Pero la reciente interrupción de la línea tras el trágico accidente ocurrido en Adamuz ha alterado su planes.
Guillermo tenía previsto venir a Málaga este fin de semana, pero tras dos cancelaciones desde el siniestro y el retraso en la reanudación del servicio tras un primer anuncio de que se abriría el día 2 de febrero se ha visto obligado a recurrir al avión para poder cumplir con sus compromisos postergados al día 7. «Encontré un vuelo para el 6 que no estaba mal de precio, 128 euros, que unido al dinero que me han devuelto de los billetes de AVE, me ha salido bastante asequible», asegura.
Aunque saca paciencia, sigue con cierta preocupación el «baile de fechas» sobre cuándo se recuperará la normalidad. «El tren siempre ha sido lo más cómodo y económico para mí», insiste. Mientras tanto, como tantos otros estudiantes y viajeros frecuentes, espera que la conexión entre Málaga y Madrid vuelva a funcionar cuanto antes. También que mejore en cuanto a puntualidad y confortabilidad: «A veces era imposible mover el ratón del ordenador por el fuerte traqueteo».
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