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Política

Tres 'leones' y un altavoz

Tres 'leones' y un altavoz
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El discurso del Papa en el Congreso podría ser su gran instantánea frente a un parlamento extranjero en mucho tiempo Leer

El primer discurso del Papa León XIV frente a un Parlamento. El primer discurso de un Santo Padre en el Congreso de los Diputados. Un evento histórico, además, porque no es habitual que un Pontífice se dirija a las asambleas legislativas de países extranjeros. Aun siendo el jefe del Estado del Vaticano, este lunes Robert Prevost se presentó ante el Congreso de los Diputados de Madrid como «obispo de Roma» y «pastor de la Iglesia Católica». Un matiz en el que, igualmente, el Pontífice subrayó ser consciente del papel «peculiar» de la Santa Sede; cuyo propósito es poner en «diálogo» los «Estados» y los «pueblos» del planeta.

La legitimidad internacional del Vaticano, país a disposición del Papa, radica en que es el Estado más pequeño del mundo, pero con la repercusión simbólica de más amplio alcance a favor de la paz. Lo cual se traduce en mediación, arbitraje y diálogo internacional. La propia diplomacia vaticana lo refleja, pues el país es un actor internacional sui generis que, atendiendo a su vocación que parte del Evangelio, sin pertenecer a nadie, habla con todos. Una vocación que se respiró dentro del Congreso en Madrid frente a los diferentes colores políticos, pero que el Papa, vestido de blanco, aplica a diario a escala mundial. Es la visión de la geopolítica vaticana observando el mapa del mundo.

El Papa León XIV ha pedido desde Madrid «valentía diplomática» para resolver los conflictos internacionales. La paz fue la primera palabra que pronunció en su discurso tras su elección desde el balcón central de la Basílica de San Pedro: la paz de Cristo para los católicos y una paz concreta para toda la humanidad. En el Congreso, León XIV recordó este lunes que la Iglesia «camina con ella», compartiendo «sus esperanzas y sus heridas», «escuchando los interrogantes de cada época». El rearme, para el Papa, se presenta sin embargo como una «respuesta casi inevitable» ante un panorama internacional «frágil». Pero desde el Parlamento español, Prevost subrayó que la paz sí es posible a través de la «reconciliación». Sin «rencor», «indiferencia», ni «odio».

En los Parlamentos, en el planteamiento del Papa, es donde se puede proteger el ser humano, en un sentido individual, colectivo e internacional. A nivel individual, protegiendo la «dignidad humana» en todos sus desafíos contemporáneos. A nivel colectivo, apostando por el «bien común». A nivel internacional, aplicando el «multilateralismo» necesario para que puedan convivir todos los pueblos del planeta como parte de la familia humana.

Ante un escenario en el que no hay una fecha prevista para una intervención de León XIV ante las Naciones Unidas en Nueva York, ni mucho menos un discurso en el Congreso de los Estados Unidos en Washington -en plena fricción de Donald Trump contra él-; el discurso del Papa ayer en el Congreso de Madrid podría ser, como actor geopolítico y como líder religioso, su gran instantánea frente a un Parlamento extranjero en mucho tiempo. La trascendencia del discurso contra la guerra del Papa, desde el Vaticano, goza de una legitimidad moral natural desde la Plaza de San Pedro. Pero hablar de paz y de rearme desde el Congreso de Madrid, como sede de la soberanía nacional de España, es un potente mensaje, como altavoz para el resto de los Parlamentos del mundo. En Madrid, este lunes, hubo tres leones deseosos de concordia. Los de la fachada del Congreso y el Papa hablando de paz dentro de él. Para obtenerla, es necesaria precisamente la política, con mayúscula, que «escuchando las diferencias» y reconociendo «la legítima diversidad de opiniones» apueste, «desarmando el lenguaje», por el faro del interés general que el Pontífice reclama, desde Madrid, también para el resto del planeta. De los tres leones que coincidieron ayer en el Congreso, uno es Pontífice y fue escuchado, sin aplausos interruptores, antes de unos históricos siete minutos de aplausos. Los otros dos, como de costumbre, permanecieron en silencio. Como en otras ocasiones, atentos.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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