Era el 6 de febrero. Había pasado más de un mes -vacaciones de Navidad incluidas- y la falta de acuerdo entre PP y Vox en Extremadura era evidente. María Guardiola había conseguido el 43% de los votos, había subido un escaño (de 28 a 29), pero no había podido desprenderse de Vox, que había multiplicado más que por dos sus resultados (de 5 a 11 diputados). Ese día, el secretario general del PP de Extremadura, Abel Bautista, arremetió contra Vox. Dijo sentirse «harto» al tratar con un partido que estaba situado en la «adolescencia política» y que actuaba como los «matones de la clase» al no tener ninguna «voluntad de acuerdo». Los puentes estaban completamente rotos. Incluso, Vox había justificado la falta de diálogo con que un correo de Guardiola, con documentación, le había caído en spam y no lo había podido leer.
Y vuelta a la casilla de salida. «Extremadura quiere el doble de Vox», repetía como un latiguillo Óscar Fernández, el candidato de la formación de Abascal en Extremadura. Antes, en plena campaña electoral, donde el enfrentamiento fue constante entre ambas formaciones, el líder nacional de Vox había dejado entrever que sólo un cambio de candidato en el PP podría conducir a un acuerdo. Algunos dentro del PP extremeño se lo creyeron. En todo caso, Santiago Abascal pronosticó que Guardiola tendría que «pasar por el aro».
Las semanas pasaban y no había ni tan siquiera contactos (sólo hubo tres en total entre los dirigentes extremeños de ambas formaciones en todo este tiempo). De hecho, el PP fue a la constitución del Parlamento extremeño sin llegar a un acuerdo con Vox y se aseguró la presidencia y la mayoría en la mesa (no como en la legislatura anterior), aunque le cedió un vocal en el control de la cámara regional, obsequio «completamente insuficiente» para Vox que deseaba la presidencia de la Asamblea (lo había negado anteriormente, como las informaciones de esta semana, sobre la voluntad de entrar en el Gobierno con varias consejerías).
Aquella nueva fractura conllevó que la primera investidura de Guardiola resultara fallida. El PP, a la vez, amarró el senador autonómico, no como la anterior legislatura, que se lo cedió a Ángel Pelayo Gordillo (Vox). Sin embargo, el cambio clave se produjo en el discurso de Guardiola aquel día. 48 horas antes había concedido una entrevista a Ok Diario, donde ya se acercaba a los postulados de Vox en un tema, el del feminismo, santo y seña de la presidenta extremeña hasta entonces. El gesto dio resultado. Guardiola hizo guiños en materias de agricultura (rechazo al pacto verde o al acuerdo de Mercosur) y en inmigración ilegal. Ya sólo faltaban los detalles. El acuerdo estaba muy próximo. Y, además, ocurrió el pinchazo de Vox en cuanto a expectativas en Castilla y León. Habrá Gobierno seguro. En principio, ahora sí, para cuatro años. El futuro lo dirá si no vuelven a enfrentarse.