La “Jabulani”, el balón utilizado en el Mundial de Sudáfrica 2010, poseía una característica similar que durante los partidos provocaba cambios inesperados en la dirección de la pelota o reducciones bruscas de velocidad durante el vuelo. A partir de ese antecedente, Adidas incorporó al Trionda costuras profundas, tres surcos pronunciados en cada panel y una superficie texturizada diseñada para mejorar la estabilidad aerodinámica.
Goff y sus colegas buscaron determinar si estas modificaciones eran suficientes para evitar las irregularidades observadas con la Jabulani. Para ello, sometieron al Trionda a una serie de pruebas en túnel de viento, una técnica empleada para analizar la interacción del aire con objetos en movimiento bajo distintas condiciones. Los ensayos permitieron medir los coeficientes de fuerza aerodinámica del balón, es decir, los parámetros que describen cómo el aire genera resistencia y modifica la estabilidad del vuelo.
Además, los investigadores analizaron la llamada “crisis de resistencia aerodinámica”, un fenómeno que ocurre cuando la resistencia del aire cambia de forma abrupta al alcanzarse determinadas velocidades. Los resultados obtenidos con el Trionda fueron comparados con simulaciones idénticas realizadas en los anteriores balones mundialistas: Al Rihla (2022), Telstar 18 (2018), Brazuca (2014) y Jabulani (2010).
experimentos mostraron que el Trionda alcanza su punto crítico de resistencia aerodinámica a una velocidad cercana a los 43 kilómetros por hora (km/h). Esta cifra se encuentra por debajo del rango de entre 50 y 65 km/h registrado por el Al Rihla, Telstar 18 y Brazuca, así como de los 79 a 97 km/h alcanzados por la Jabulani.Lo anterior significa que el balón oficial del Mundial 2026, gracias a su superficie áspera y en comparación con la Jabulani, desacelera el flujo de aire de manera más uniforme en jugadas de corta distancia, como saques de esquina o tiros libres. En consecuencia, la pelota sería más estable en este tipo de acciones y presentaría menos movimientos impredecibles.
Sin embargo, a velocidades más altas, el balón de la próxima Copa del Mundo perdería alcance. Esto implica que, por ejemplo, en un saque de portería que busca llegar a media cancha, la pelota podría descender algunos metros antes de lo esperado.
“En nuestras simulaciones, la diferencia con Brazuca, Telstar 18 y Al Rihla no es enorme. Pero sí lo suficientemente grande como para que los jugadores noten que los tiros largos se quedan a unos metros del objetivo”, señaló Goff.
Una nueva arquitectura interna
Los autores también sugieren que la forma en la que se integra la tecnología “connected-ball” podría influir en la aerodinámica del nuevo balón. Desde 2022, las pelotas utilizadas en los mundiales de futbol incorporan un chip que envía información en tiempo real al sistema de videoarbitraje (VAR) y al sistema semiautomático de fuera de lugar.
En los modelos anteriores, esta unidad de medición se encontraba suspendida en el centro de la pelota. Con el Trionda, la arquitectura cambió: el sensor ahora se ubica en una capa interna dentro de uno de los paneles, mientras que en los otros tres se colocaron contrapesos para equilibrar la estructura.
Los investigadores aclaran que su estudio no puede predecir con exactitud cómo se comportará el balón durante cada encuentro de la próxima Copa del Mundo. Precisan que las pruebas fueron realizadas con disparos sin efecto, y que variables como la altitud, la humedad, la temperatura y la presión atmosférica también influyen en la trayectoria después de cada golpe.
Pese a ello, consideran que sus hallazgos ayudan a explicar parte de la física detrás de un gol espectacular o de un aparente error de un delantero. “Cada cuatro años, un nuevo diseño ofrece una nueva forma de observar cómo la física entra en juego, no en la teoría, sino en el movimiento de un objeto en el que cada jugador en el campo de futbol debe depositar su confianza”, concluyó Goff.