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Tripulantes del Pequod

Tripulantes del Pequod
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Como en Moby Dick, se trataba solo de llegar a este momento en las circunstancias óptimas, con la predisposición al asombro en máximos

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Tripulantes del Pequod

Como en Moby Dick, se trataba solo de llegar a este momento en las circunstancias óptimas, con la predisposición al asombro en máximos

Regala esta noticia Añádenos en Google Con los dieciseisavos aumentó la dosis de emoción del Mundial. (EFE)

José F. Peláez

01/07/2026 Actualizado a las 08:27h.

Cuando lees 'Moby Dick', desaparece automáticamente el debate sobre cuál es la mejor novela que se haya escrito. Es algo parecido a cuando pruebas el ... Vega Sicilia o cuando ves torear a Morante: nada vuelve a ser lo mismo. Hay otros vinos y otros toreros y están bien. Pero no son Vega Sicilia ni Morante, que se convierten en dos maneras de estar el mundo y que, aumentando el umbral de la excelencia, aumentan también el de la frustración. Y esa frustración los convierte en aspiracionales, en el estándar de esa belleza a cuya búsqueda dedicamos, desde entonces, el resto de nuestra vida. Supongo que sucede lo mismo cuando amas a Ana de Armas.

Por eso, Moby Dick es una presencia que se va acumulando durante todo el libro. Melville te obliga a embarrarte en la grasa, en los arpones y en la rutina de la caza de la ballena para que, cuando aparezca, no sea solo un símbolo flotando en el aire, sino una presencia física, monstruosa y creíble. Sin ese tratado interminable, el final sería tan solo alegoría, Pero con él, se convierte en destino.

Lamento decirles que ya se han jugado el setenta y seis por cierto de los partidos del Mundial. Ha sido un proceso farragoso, una letanía interminable de partidos entre países de chichinabo. Pero, como en Moby Dick, se trataba solo de llegar a este momento en las circunstancias óptimas, con la predisposición al asombro en máximos y con todos nuestros órganos pidiendo épica a gritos. Todo ha tenido sentido: hasta las etapas llanas sirven para llegar al Tourmalet. Así que pónganse cómodos, que no somos más que tripulantes del Pequod. Y ya vemos de fondo al bicho.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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