Un email, un CV, un trabajo de clase, este reportaje... Hay pistas que indican que eso que lees no es obra de quien lo firma, sino de un robot
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Regala esta noticia Añádenos en Google 30/05/2026 Actualizado a las 00:42h.Lo cierto es que la tentación es muy grande... teclear cuatro directrices y que una IA te escriba un email de trabajo con ese tono ... justo de cordialidad y profesionalidad que necesitas, tan distinto al desinterés e incluso mal rollo contenido que rezuman nuestros mensajes a veces aunque creamos que no. Y los estudiantes, uff, con la de cosas divertidas que hay que hacer, cómo no caer en pedir que te haga un trabajito (encima sin faltas). ¿Un currículum 'perfecto' con un toque personal? ¿Un whatsapp amoroso pero complicado que nunca seríamos capaces de escribir nosotros mismos?
Palabras y expresiones
«En resumen...» , «como conclusión...», «por lo tanto...» aunque sea en un email de tres líneas. Un humano no hace eso, pero la IA tiene la 'necesidad' de cerrar cada mensaje y extraer conclusiones hasta de los más cortos. «En el panorama actual...», «en la era digital...», «En el dinámico mundo de hoy...» usa estos comodines a menudo, porque también quiere contextualizar. Los humanos no recalcamos tanto estos marcos obvios. Es un estilo un poco de niño repollo y anuncio de teletienda. «Es fundamental recordar... / Es crucial destacar...»: Uff la pobre IA cree que necesita subrayarnos lo importante. La inteligencia natural no se fía de la inteligencia humana, parece.
Estructura del texto
La IA es muy metódica. Nosotros, no. Por eso, algo que nos tiene que hacer levantar la cabeza (más que el uso de determinadas palabras o expresiones que, al fin y al cabo, puede haber personas que usen y abusen de ellas) es la estructura de los textos. «Un texto escrito con IA tiende a hacer los párrafos del mismo tamaño», indica González Cabrera. Los humanitos, no, no solemos ir contando líneas. Además, suele seguir este modelo: una apertura o presentación, el cuerpo –con las cuestiones pertinentes– y... «¡la conclusión que no falte!». Esta es la «arquitectura de la IA» y se supone que el modelo clásico (y humano) de narrar algo bien. Pero la realidad es que las personas no solemos ser tan rígidas: nos vamos por las ramas y volvemos a la narración.
Ni brillante ni desastre
Lo normal cuando nos encontramos un texto escrito con IA es que «no sea ni propio de Góngora o Quevedo, pero que tampoco esté mal», indica el experto. Es decir, se mueve normalmente en un cómodo término medio «no representativo de nadie». Claro, se puede enseñar a la IA a escribir con un estilo determinado, aunque nunca dará los chispazos de genio de un cerebro de verdad.
Cero errores formales
Va un becario y te entrega un texto perfecto...mmm. O un alumno de la ESO (o universitario). Ni una errata, ni una falta... Raro. «Las personas aprendemos a escribir cometiendo errores. Lo normal es que empecemos haciéndolo mal. Lo veo hasta en doctores jóvenes. Aprende'mos con la experiencia», apunta. Si esos fallos propios de los novatos no aparecen es probable que la IA haya hecho de las suyas.
Referencias bibliográficas
«Es algo en lo que todo el mundo se equivoca. Al tener una estructura y unas normas formales muy definidas es muy fácil colarse. Antes de la IA no había ni una perfecta. Ahora... todas», apunta González Cabrera.
Esos puntos y coma
Sí, a la IA se la pilla porque no comete errores donde las personas la pringamos siempre. «Un ejemplo muy claro es el punto y coma. Si ves un texto con montones de puntos y coma, es muy probable que sea de una IA. Los humanos los evitamos porque pocos saben cuándo usarlos correctamente. En un texto de IA, por ejemplo, puede haber 17», desvela el experto.
Poca emoción
Ay, ahí no puede ganarnos. Un texto de IA no tiene emoción, «por eso a la hora de narrar algo que la tiene se nota algo raro; es como Dexter, el psicópata de la serie que intentaba emular a las personas normales y sus sentimientos. Le quedaba extraño, plano. Es porque una IA no siente, tiene un relato, pero nada más. Es simétrico y neutro», explica. Además «es servicial, no contraría, no quiere ser malsonante. Una IA no tiene ni memoria emocional ni experiencia. Relata, describe, pero sin más», señala el experto.
Y qué hace para salir del paso: omisiones raras. Por ejemplo, en una carta sexy a un ligue o contando un rollo o un episodio de cuernos a tu mejor amiga: se lo encargas a una IA y se salta los detalles más jugosos, esos que en la vida real nos llevarían a decir, «venga, detalles». Cero picardía, cero humor, cero dolor, cero todo.
Es predecible
Existe el principio de perplejidad, que suele dejar en pelotas a la IA. Si tiene que elegir una palabra, la IA elige siempre la opción estadística más probable. Por ejemplo, elegiría 'ojos enfadados' en lugar de 'ojos venenosos').
Estallido (Burstiness)
Un humano escribe una frase larguísima y luego pone: «Y ya.» O «Piénsalo.» La IA mantiene un ritmo constante y monótono, como el tic-tac de un reloj.
Puntuación perfecta
«Por ejemplo, cuando leo el trabajo de un alumno y no me he asfixiado porque está puntuado perfecto, por ejemplo,... sospecho», asegura González Cabrera.
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