50 años de su muerte
Trumbo, el guionista más peligroso de HollywoodDalton Trumbo escribió más de 50 películas, algunas inolvidables: 'Vacaciones en Roma', 'Espartaco', 'Papillon'... y ganó dos Oscar. No pudo recoger ninguno. Proscrito por comunista, durante años estuvo condenado a no firmar sus creaciones.
Regala esta noticia Añádenos en GoogleCarlos Manuel Sánchez
25/08/2026 a las 13:18h.Dalton Trumbo escribía de noche, metido en la bañera, con el agua hasta el pecho y una máquina de escribir apoyada en una bandeja sobre ... la porcelana. En el borde, un vaso de whisky. En la boca, un cigarrillo –el actor Kirk Douglas, su gran amigo, calculó que fumaba seis paquetes diarios–. En el hombro, un loro que el propio Douglas le había regalado y que le picoteaba la oreja mientras él picoteaba las teclas. Cuando un párrafo no le convencía, Trumbo lo cortaba con tijeras, reordenaba los fragmentos y los pegaba con cinta adhesiva.
Cuando salió de la cárcel, ya no pudo volver a trabajar: los estudios lo vetaron. Sus ejecutivos habían acordado en secreto no contratar a comunistas
El mito se forjó en un horno de pan. Cuando su padre murió, en 1926, Trumbo entró a trabajar en el turno de noche de la mayor panadería de Los Ángeles. Tenía 20 años. Entró cobrando 40 dólares semanales; cuando salió, casi una década después, cobraba 18. La Gran Depresión hacía esas cosas. Durante esos años trabajaba por las noches y escribía por las mañanas. Produjo seis novelas y 88 relatos cortos, y no consiguió publicar ni uno solo.
Su primera novela, Eclipse, publicada en 1934, estaba ambientada en un pueblo de ficción que se inspiraba en Grand Junction (Colorado), donde se había criado. Retrató a sus vecinos con tan poca caridad que, según cuentan, organizaron hogueras con los ejemplares. Ese mismo año, la productora Warner Bros. lo contrató como lector del departamento de guiones. Dos años después ya estaba escribiéndolos y empezaba a ser uno de los guionistas mejor pagados, por lo que se podía permitir un rancho en las montañas al norte de Los Ángeles.
Los diez de Hollywood
El 28 de octubre de 1947, Trumbo se sentó ante el Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes. Le hicieron la pregunta que ya les habían hecho a otros nueve colegas y que les harían a centenares más en los años siguientes: «¿Es usted ahora, o ha sido alguna vez, miembro del Partido Comunista?». Trumbo no contestó. Tampoco se acogió a la Quinta Enmienda, que lo habría protegido de la autoincriminación. Eligió la Primera, la de la libertad de expresión, porque creía que el Gobierno no tenía derecho a preguntar a nadie por sus ideas políticas. Fue una apuesta legal y la perdió. Los diez guionistas y directores que se negaron a responder –los llamaron los Diez de Hollywood– fueron condenados por desacato al Congreso. La estrategia de la defensa dependía de que el Tribunal Supremo, con mayoría liberal, les diera la razón en la apelación. Entonces murieron dos jueces liberales y su mayoría se evaporó.
El FBI y el pícnic de los sábados
Trumbo vendió el rancho y se llevó a la familia a Ciudad de México. Allí formó colonia con otros exiliados y los sábados por la mañana se juntaban en un parque a hacer pícnic y jugar al béisbol con los niños. El FBI mandaba agentes encubiertos a vigilar los partidos. Siguió escribiendo. Empezó a producir guiones a destajo bajo nombres falsos por una fracción de lo que cobraba antes. De 75.000 dólares por guion pasó a aceptar 3750 por 18 meses de trabajo. Escribía a toda velocidad y se mantenía despierto con anfetaminas. Así escribió 18 guiones, uno cada mes. «Ninguno era muy bueno», dijo de ellos.
Empezó a escribir guiones a destajo bajo nombres falsos por una fracción de lo que cobraba antes. Se mantenía despierto con anfetaminas. Así escribió 18 guiones, uno cada mes
Pero dos de aquellos guiones resultaron ser bastante más que buenos. En 1953 escribió Vacaciones en Roma, la comedia con Audrey Hepburn y Gregory Peck que firmó su amigo Ian Hunter como testaferro. Ganó el Oscar al mejor argumento original. Hunter subió a recogerlo. Trumbo lo vio por televisión. En 1956 escribió El Bravo, que firmó como «Robert Rich», nombre tomado de un sobrino de los productores. También ganó el Oscar. En la ceremonia, cuando llamaron a Robert Rich, nadie se levantó. Al día siguiente aparecieron siete Robert Rich distintos reclamando la autoría.
La redención llegó en 1960. Otto Preminger anunció que Trumbo había escrito el guion de Éxodo y Kirk Douglas reveló que también había escrito Espartaco. Douglas contó después que, a mitad de rodaje, Trumbo había dejado de escribir. Se plantó. Dijo que llevaba 250.000 palabras y que no iba a seguir si su nombre no aparecía en la película. Douglas fue a su casa y le prometió que lo haría. Cumplió. Cuando Espartaco se estrenó con el crédito de Trumbo, la columnista Hedda Hopper intentó organizar un boicot. Fracasó. John F. Kennedy fue a ver la película, por recomendación de su hermano Bobby, y lo hizo saber. Trumbo recuperó su nombre después de trece años de incógnito.
Alcoholismo en familia
Cleo Fincher se había casado con él, en 1938, a los 21 años. Aguantó la cárcel, el exilio, las épocas de penuria, las noches de bañera y whisky. Murió a los 93, en 2009. Llevaba 33 años de viuda. Christopher Trumbo tenía 10 años cuando a su padre lo metieron en la cárcel. De mayor, cuando le preguntaban por su infancia, la describió así: «Un carnaval». Christopher se hizo guionista como su padre y dedicó su vida a restaurar su legado. Murió de cáncer de hígado en 2011. El director Peter Askin, que trabajó con él en un documental sobre el guionista, confirmó que Trumbo era alcohólico y que el hijo heredó la adicción. Mitzi, la hija pequeña, le enviaba dibujos a la cárcel. Fueron expuestos el año pasado en la New York Historical Society, con más de 150 objetos originales sobre la lista negra, entre ellos los dos Oscar de Trumbo. Sus cartas desde prisión, conservadas en la Universidad de Wisconsin, muestran la presión económica de aquellos años: no solo mantenía a Cleo y a los tres hijos, sino también a su madre, a sus hermanas y a su suegra.
Christopher Trumbo tenía 10 años cuando a su padre lo metieron en la cárcel. De mayor, cuando le preguntaban por su infancia, la describió así: «Un carnaval».
Trumbo quería ser novelista. En su estudio tenía un tablón blanco con las tramas de una saga de novelas ambientadas en la guerra en el Pacífico, pero necesitaba el dinero que le garantizaban los guiones.
En 1970, Trumbo recibió el Premio Laurel del Sindicato de Guionistas. En el discurso de aceptación dijo algo que aún divide a quienes vivieron esa época: que la lista negra «fue un tiempo de maldad del que nadie salió indemne, y que no tenía sentido buscar villanos ni héroes ni santos ni demonios, porque no los hubo; solo hubo víctimas». Albert Maltz, otro de los Diez, replicó que equiparar a quien resistió con quien delató era moralmente insostenible y como decir que un confidente de la Gestapo y un miembro de la Resistencia fueron igualmente víctimas de la guerra. En 1973, a Trumbo le diagnosticaron cáncer de pulmón. Murió de un infarto el 10 de septiembre de 1976, y donó su cuerpo a la ciencia. En su casa de Los Ángeles, al retirar sus cosas, encontraron el tablón blanco con el mapa de las novelas que nunca escribió.
Los bandazos de un pacifista
Johnny cogió su fusil , uno de los guiones más memorables de Trumbo, escrito originalmente como novela, cuenta la historia de un soldado americano de la Primera Guerra Mundial que despierta en un hospital sin brazos, sin piernas, sin rostro, sin sentidos, pero con la mente intacta: un torso pensante atrapado en una cama. La novela se publicó dos días después de que Alemania invadiera Polonia, en septiembre de 1939. Trumbo la había escrito contra la intervención americana en la guerra europea, una posición que en aquel momento juntaba a pacifistas de izquierdas, aislacionistas conservadores y simpatizantes del nazismo. El libro le ganó admiradores que Trumbo no quería tener cerca, y también enemigos.
Cuando Hitler invadió la Unión Soviética en 1941 y la línea del Partido Comunista cambió de neutralidad a intervención en la guerra, Trumbo pidió a su editor que suspendiera la reimpresión. El autor del manifiesto pacifista más influyente del siglo XX censuró su propio libro porque la geopolítica había cambiado de signo.
No sería el único 'giro de guion' de esta historia. La novela resucitó durante Vietnam como bandera del movimiento antibelicista, y en 1971 Trumbo la adaptó al cine él mismo, la única película que dirigió en su vida.
comentarios Reportar un error