Una embarcacion en el estrecho de Ormuz cerca de la playa de Bandar Abbás. Amirhosein Khorgooi Reuters
Oriente Próximo Trump amenazó a Irán por querer cobrar un peaje a los buques que cruzaran Ormuz: ahora quiere hacerlo élEl presidente se autoproclama en Truth Social "guardián del estrecho de Ormuz" y reclama el 20% de todo el cargamento que lo cruce, justo lo que llevaba meses denunciando como ilegal cuando lo planteaba Teherán.
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Guillermo Ortiz Publicada 14 julio 2026 02:15h Las clavesLas claves Generado con IA
A Donald Trump le gusta legislar por redes sociales y este lunes volvió a hacerlo, con esas mayúsculas suyas que valen más que un decreto.
En un mensaje en Truth Social, anunció que Estados Unidos restablecía el bloqueo sobre los barcos iraníes y que, de paso, "como cuestión de JUSTICIA", exigía un reembolso "a razón del 20% de todo el cargamento transportado, por todos y cada uno de los costes necesarios para hacer el trabajo de proporcionar seguridad a esta zona tan volátil del mundo".
"El proceso comenzará de inmediato", quiso recalcar, aunque ya veremos que no será tan fácil.
Trump ya no intimida: Omán desoye las amenazas de EEUU y propone a Irán cobrar un peaje a los buques que crucen OrmuzHoras antes, ya lo había dejado caer por teléfono en Fox & Friends, con una franqueza que ahorra interpretaciones: "Nos vamos a quedar el estrecho y probablemente lo gestionaremos. Nos convertiremos en el guardián del estrecho; quizá nos hagamos llamar el ángel de la guarda del estrecho. Y deberían reembolsárnoslo".
Por si quedaba duda del negocio, añadió que llevaban cincuenta años vigilándolo gratis mientras otros "se llevaban todo el dinero", y que ahora había llegado el turno de cobrar… y de cobrar "mucho".
El mercado tomó nota en el acto: el Brent se disparó cerca de un 6% hasta rozar los 80 dólares, el crudo estadounidense superó los 75 y Wall Street cerró en rojo, con el Nasdaq cayendo un 1,3%.
Lo llamativo es que la receta no es nueva y ya ha fracasado antes. El bloqueo naval que ahora se reinstaura se impuso por primera vez en abril, tras el fiasco de las conversaciones de Islamabad, con la idea de asfixiar al régimen hasta forzar su rendición.
Tras dos meses sin pena ni gloria, se levantó el 18 de junio, al día siguiente de firmarse el memorando de Versalles, y desde luego no consiguió ni doblegar a los ayatolás ni reabrir de verdad el estrecho.
Donald Trump sale de la Casa Blanca rumbo al Trump National Golf Club en Virginia. Reuters
Hoy vuelve al punto de partida, al menos en teoría, porque, en la práctica, la ley obliga a notificar a los armadores con veinticuatro horas de antelación.
El anuncio, en fin, corre muy por delante de la realidad que dice ordenar, y llega tras un fin de semana de bombardeos —140 objetivos el sábado, una nueva oleada el domingo— y de represalias iraníes sobre Baréin, Jordania, Kuwait y Omán. Unos bombardeos que se repitieron este mismo lunes, a las pocas horas del anuncio de Trump.
En contra de Marco Rubio
El anuncio mediático de Trump arrastra dos problemas de bulto. El primero es competencial: en Estados Unidos, imponer tasas y regular el comercio exterior corresponde al Congreso, no al presidente, según el artículo I de la Constitución.
Trump ya ha estirado esa costura recurriendo a poderes de emergencia para sus aranceles, con litigios de por medio, pero un gravamen del 20% sobre la carga que cruza un estrecho internacional no encaja en ningún molde conocido.
De ahí que la medida tenga forzosamente que ralentizarse: la Casa Blanca no ha explicado cómo se cobraría, a quién ni con qué base legal, y ni siquiera respondió a las preguntas de la CNBC al respecto.
El Congreso, que regresaba precisamente este lunes de las vacaciones de verano y lo hacía descabalado —el Senado se queda con solo 51 republicanos tras la muerte de Lindsey Graham el sábado y la enfermedad de Mitch McConnell—, tampoco se ha pronunciado.
El segundo problema es aún más incómodo, porque es una cuestión de coherencia. Trump lleva meses denunciando exactamente lo que pretende hacer.
Cuando Teherán deslizó que cobraría hasta dos millones de dólares por buque, el presidente respondió que quien pagara "un peaje ilegal" no tendría paso seguro, y su Administración convirtió la gratuidad del estrecho en una línea roja.
Donald Trump, Marco Rubio y Scott Bessent en el G7 REUTERS/Evelyn Hockstein
El memorando de junio prohibía expresamente a Irán imponer cargo alguno durante los sesenta días de negociación, una cláusula que, según se ha sabido, Teherán aceptó a instancias de los propios países árabes del Golfo.
Y luego están las palabras del mes pasado del secretario de Estado, Marco Rubio, que se leen hoy como una enmienda a la totalidad de su jefe.
Aterrizado en Abu Dabi para calmar a unos socios del Golfo con los nervios a flor de piel, Rubio fue rotundo: "Es una vía marítima internacional. A ningún país se le permite cobrar peajes o tasas en una vía marítima internacional. Eso es el derecho internacional vigente".
Antes había ido más lejos, calificando la idea de "ilegal", "inaceptable" y "peligrosa para el mundo", reclamando a sus socios "un plan para plantar cara". Un mes después, ese plan consiste en hacer lo mismo, pero cobrando Washington.
Un peaje que el derecho del mar prohíbe
La pregunta, entonces, es si la medida es siquiera aplicable, y la respuesta que ofrece el derecho internacional es tozuda.
Ormuz no es Suez ni el Bósforo: no es una infraestructura artificial que su dueño mantiene y cobra —el canal egipcio se rige por la Convención de Constantinopla de 1888, los estrechos turcos por la de Montreux de 1936—, sino un estrecho natural sometido al régimen de paso en tránsito de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.
Sus artículos 37 y 38 establecen que el paso "no será obstaculizado", y el 26 prohíbe cobrar gravámenes a los buques "por el solo hecho de su paso", admitiendo únicamente pagos por servicios concretos y sin discriminación.
Trump amenaza a su aliado Omán con "medidas agresivas" si acuerda con Irán establecer un peaje permanente en OrmuzNi Estados Unidos ni Irán han ratificado la convención, pero Washington sostiene desde siempre que el paso en tránsito es derecho consuetudinario vinculante para todos.
No sorprende, en consecuencia, que la reacción internacional haya sido de rechazo casi unánime. La Organización Marítima Internacional, que dice estar aún a la espera de conocer los detalles, recordó que su postura no ha cambiado: se opone "firmemente" a cobrar tasa alguna en estrechos usados para la navegación internacional.
Por su parte, Antonio Guterres, secretario general de la ONU, ha expresado su "profunda preocupación" por la escalada. Francia y la Comisión Europea han defendido que no haya "ningún pago ni peaje", y hasta el consejero delegado de la petrolífera Chevron zanjó la cuestión sin diplomacia cuando le preguntaron si pagaría: "No, no lo haríamos".
Con todo, el punto más delicado es el que afecta a los aliados árabes, esos mismos que Estados Unidos dice proteger de Irán y que han sufrido en su propio territorio los misiles de Teherán. ¿Va a cobrarles también un 20% por sacar su petróleo y su gas?
El anuncio no excluye a nadie: dice "todo cargamento". Catar, que ya advirtió de que no aceptaría ningún arreglo que contradijera el derecho marítimo internacional, o Arabia Saudí y Emiratos, que exportan por ahí el grueso de su crudo, se verían gravados por su propio protector.
La paradoja es total: los países que lograron que Irán renunciara a cobrar peajes descubren ahora que el peaje se lo pretende cobrar Washington.
Y no es que escoltar mercantes en el Golfo carezca de precedentes —Estados Unidos lo hizo con los buques kuwaitíes en los años ochenta, entonces gratis—, sino que cobrar por ello abriría una puerta que después nadie sabrá cerrar: si quien vigila un estrecho puede pasar factura, la lógica sirve igual para Malaca o para el mar de China Meridional, un argumento que Pekín lleva décadas manejando.
Araqchi se burla
El remate a toda esta confusión llegó de Teherán en forma de sarcasmo.
El ministro de Exteriores, Abbás Araqchi, contestó en X tirando de retranca: "El presidente Trump tiene toda la razón. Quien proporcione un paso seguro a los buques comerciales por el estrecho de Ormuz debe ser compensado por ese servicio. Irán siempre ha sido el GUARDIÁN del estrecho y lo seguirá siendo PARA SIEMPRE. El 20% es, por supuesto, demasiado. Nosotros seremos más justos".
POTUS is absolutely right. Whoever provides secure and safe passage of commercial vessels through the Strait of Hormuz should be compensated for this service.
— Seyed Abbas Araghchi (@araghchi) July 13, 2026
Iran has always been the GUARDIAN of the Strait and will remain so FOREVER.
20% is of course too much. We will be fair
En cuatro líneas, y adoptando hasta las mayúsculas del original, el jefe de la diplomacia iraní ha convertido el argumento de Trump en el suyo propio para reclamar precisamente lo que Washington lleva meses denunciando como ilegal… y encima se ofrece más barato.
La trampa dialéctica es impecable: si cobrar por la seguridad del estrecho es legítimo, Irán tiene más motivos para hacerlo, porque son sus costas; y si no lo es, entonces el presidente acaba de anunciar una ilegalidad.
Conviene, en cualquier caso, no perder la perspectiva: no es la primera vez que Trump anuncia en redes algo que revoluciona el mundo durante un rato y después se queda en nada.
Un análisis de la NPR sobre sus primeros cuatro meses de mensajes en Truth Social contabilizó 127 posts con vocación de titular —cerca de uno al día—, de los cuales veintinueve eran amenazas explícitas que en muchos casos jamás se materializaron.
El propio estrecho ofrece el mejor ejemplo: el 17 de abril proclamó que Ormuz estaba "COMPLETAMENTE ABIERTO Y LISTO PARA LOS NEGOCIOS Y EL PASO TOTAL". No lo estaba entonces y no lo está ahora: este domingo lo cruzaron seis buques, frente a los 138 diarios de antes de la guerra.
Sin respuesta de la Casa Blanca
La hemeroteca de estos meses es un carrusel de anuncios que se devoran entre sí. El 6 de marzo no habría más acuerdo que "la RENDICIÓN INCONDICIONAL"; el 14, los aliados enviarían buques de guerra en una operación conjunta; el 17, resultaba que los aliados no querían participar y, además, "nunca los necesitamos", en palabras de Trump.
El 3 de mayo, el magnate neoyorquino anunció una operación llamada "Proyecto Libertad" que empezaría ese lunes; el martes, el Proyecto Libertad quedaba "pausado durante un breve periodo de tiempo".
Incluso llegó a fantasear con cobrar el peaje a medias con Irán, en una "empresa conjunta" que sus emisarios habrían planteado en Islamabad. Cada mensaje mueve el precio del petróleo; casi ninguno mueve la realidad.
Esta vez, además, nadie en la Casa Blanca ha salido a matizar. No hubo comparecencia, ni portavoz, ni letra pequeña: solo el post y un mercado en pánico.
Los expertos, en cambio, sí han hablado: David Goldwyn, antiguo alto cargo del Departamento de Estado para asuntos energéticos, calificó el 20% de "algo muy parecido a la extorsión", sobre todo porque "no está claro que Estados Unidos pueda garantizar el paso seguro, para empezar".
En otras palabras, se pretende cobrar por un servicio —la seguridad del estrecho— que no se va a poder prestar. Porque ese es el saldo real de cinco meses de guerra.
Estados Unidos amenazó a Irán por querer convertir Ormuz en una aduana y hoy aspira a montar la suya propia, sin base legal, sin apoyo de sus aliados y sin control efectivo del agua que dice proteger. La cuestión ya no es si Teherán acepta pagar tributo al enemigo; es si alguien, en algún puerto del mundo, se toma en serio al guardián.