Donald Trump, en el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy de Nueva York. Nathan Howard Reuters
EEUU Trump convierte el Mundial en la 'Copa del Miedo': EEUU limita los visados, despliega al ICE y prepara las deportacionesLa FIFA quiere vender el torneo de fútbol como una fiesta global. La Casa Blanca quiere exhibir orden y control. En medio queda el verdadero pulso: quién puede entrar, quién se atreve a ir y quién se queda fuera.
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Itziar Nodal Denver Publicada 10 junio 2026 01:46h Las clavesLas claves Generado con IA
Estados Unidos lleva 32 años esperando volver a acoger un Mundial. Pero antes del primer silbato, la Copa ya se juega en otro campo: el de los visados, las fronteras y el miedo a cruzarse con los agentes de ICE, la policía migratoria norteamericana.
El torneo arranca esta semana con 48 selecciones, millones de aficionados y once ciudades estadounidenses convertidas en escaparate. Llega también con la maquinaria migratoria de Donald Trump todavía en marcha: menos visible que en los primeros meses de su regreso al poder, pero activa en detenciones, deportaciones y operaciones por todo el país.
Hay trabajadores que piden protección frente a posibles redadas. Hinchas atrapados en trámites consulares. Comunidades latinas que miran los estadios con una mezcla de ilusión y temor.
La FIFA quiere venderlo como una fiesta global. La Casa Blanca quiere exhibir orden y control. En medio queda el verdadero pulso del Mundial: quién puede entrar, quién se atreve a ir y quién se queda fuera.
La FIFA e Italia descartan la propuesta de la Administración Trump: no van a reemplazar a Irán en el Mundial de fútbol'La migra' entra en el estadio
Los Ángeles debía ser una de las grandes postales del campeonato. Se ha convertido en el primer frente abierto.
La ciudad acogerá ocho partidos, incluidos dos de la selección estadounidense y un cuarto de final. Uno de los grandes escenarios del torneo es ya el primer aviso de que la Copa no se jugará sólo en el césped.
Más de 2.000 trabajadores han votado autorizar una huelga a pocos días del arranque. El conflicto nace de una negociación bloqueada con Legends Global, la empresa que gestiona la restauración del estadio.
Reclaman mejores salarios, límites a la subcontratación y más seguridad laboral. También una garantía poco habitual: que la FIFA se comprometa a que ICE no actúe dentro ni fuera del recinto durante el Mundial.
No es una reclamación menor. Muchos de esos empleados —concesiones, barras, cocinas, limpieza y palcos— son latinos. Forman parte de la maquinaria invisible que sostiene un evento de esta escala.
El conflicto ha abierto otro frente: los datos personales. El sindicato y la ACLU, una de las principales organizaciones de derechos civiles de EEUU, han pedido a California que investigue si las acreditaciones del Mundial pueden acabar compartiendo información sensible de los trabajadores con el Departamento de Seguridad Nacional.
Para quienes tienen un estatus vulnerable, la amenaza no es sólo ver a ICE en el estadio. También es no saber quién tiene información ni para qué puede usarla.
Agentes del ICE y de la Patrulla Fronteriza fuertemente armados protegen las instalaciones del ICE en Broadview de manifestantes pacíficos que se oponen a la "Operación Midway Blitz" en el área metropolitana de Chicago. Chris Riha Europa Press / ZUMA Press Wire / dpa
Las autoridades locales intentan enfriar la alarma. El sheriff del condado de Los Ángeles, Robert Luna, asegura que funcionarios federales le han trasladado que no habrá actuaciones civiles de inmigración en los partidos ni en los eventos mundialistas de la ciudad.
Pero sí estarán en el dispositivo de seguridad. Sobre el papel, una cosa es proteger un estadio y otra ejecutar controles migratorios. En la calle, esa diferencia no siempre está clara.
La duda se traslada a las gradas.
Para miles de latinos en EEUU, el Mundial es la posibilidad de ver de cerca a México, Argentina, Colombia, Ecuador o Brasil. Llevar a sus hijos al estadio. Recuperar su cultura. Llenar una fan zone. Celebrar en una ciudad estadounidense como se celebra en cualquier país futbolero.
En familias mixtas, con miembros con papeles y otros sin regularizar, la decisión pesa más. El riesgo puede no estar en el campo. Puede estar en el aparcamiento, en el metro, en una cola o en una identificación rutinaria.
Por eso, en Dallas y otras ciudades anfitrionas, grupos de defensa de inmigrantes han activado redes de respuesta rápida. Ofrecen formaciones sobre derechos legales, teléfonos para reportar presencia de agentes y observadores en eventos vinculados a la FIFA.
Mientras la organización prepara la fiesta, una parte de quienes deberían llenarla revisa documentos, comparte números de emergencia y calcula si ver a su selección merece el riesgo.
Estados Unidos deniega la entrada al mejor árbitro de África y le deja fuera del Mundial 2026Una entrada que no garantiza entrar
Hay aficionados que ya tienen entrada, camiseta y plan de viaje. Lo que no tienen claro es si Estados Unidos les dejará pasar.
Haití, Irán, Senegal y Costa de Marfil están entre las selecciones clasificadas afectadas por las restricciones de viaje de Trump. La medida complica el desplazamiento de hinchas. También ha obligado a mover piezas dentro de las propias delegaciones.
En el caso de Irán, los jugadores han recibido visados apenas diez días antes de su debut. Varios miembros de la delegación y del equipo de apoyo se han quedado sin autorización. La federación iraní también ha denunciado que le han retirado parte de su cupo de entradas para aficionados a pocos días del torneo.
No es sólo fútbol. Es diplomacia, seguridad nacional y frontera.
El problema no se queda en las hinchadas. El árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, elegido para dirigir partidos del Mundial, ha sido rechazado al aterrizar en Miami pese a tener visado válido. Las autoridades fronterizas lo declararon inadmisible por motivos de seguridad no especificados. FIFA ha tenido que apartarlo del torneo.
Los futbolistas de España, durante un entrenamiento antes del Mundial. RFEF
Para los aficionados, la incertidumbre es mayor. La Administración ha anunciado excepciones para algunos seguidores que compraron entradas en la web oficial de la FIFA y se registraron en FIFA Pass, el sistema creado para acelerar citas consulares.
La propia organización, sin embargo, advierte que tener una entrada para el Mundial no garantiza ni el visado ni la admisión en Estados Unidos.
Un hincha puede pagar la entrada, conseguir una cita, obtener un visado y quedar igualmente pendiente de la decisión final de un agente fronterizo al aterrizar. Es él el que tiene la última palabra.
En foros de seguidores del Mundial ya no sólo se habla de precios, rivales o ciudades sede. También hay dudas sobre vetos, reembolsos, escalas y el riesgo de quedarse fuera después de haber organizado el viaje.
En Estados Unidos, la promesa de que todas las banderas puedan llenar una grada lejos de casa llega con letra pequeña.
La fiesta también tiene caja registradora
El campeonato debía dejar una lluvia de ingresos en las ciudades estadounidenses. Las primeras señales no son tan optimistas.
La patronal hotelera de EEUU advierte de que el tirón no está siendo el esperado. Casi ocho de cada diez hoteles encuestados en las once sedes registran reservas por debajo de sus previsiones iniciales.
EEUU cambia las normas: los españoles que viajen al Mundial de fútbol pagarán el doble en tasas para entrar al paísEntre las razones más citadas aparecen las barreras de visado, el clima geopolítico y una demanda internacional más débil de lo previsto.
El golpe no afecta igual a todas las sedes. Nueva York, Los Ángeles o Miami ya viven del turismo global. Tienen más margen para absorber un verano irregular.
Para mercados como Kansas City, Dallas o Houston, el Mundial era otra cosa. Una oportunidad para llenar habitaciones, bares y restaurantes con visitantes que quizá no habrían viajado allí sin fútbol.
En algunos de esos destinos, las reservas se parecen más a las de un verano normal que a las de un evento histórico.
Ese es el choque del Mundial de Trump. La FIFA vende circulación, mezcla y fiesta global. La Casa Blanca vende orden, control y deportaciones.
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