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Trump estalla contra el Papa: «Lo eligieron gracias a mí»La Casa Blanca convierte al pontífice estadounidense en adversario político y le acusa de debilidad ante Irán y el crimen
David Alandete
Washington
Lunes, 13 de abril 2026, 10:16
... y el Vaticano en décadas. Lo ha hecho en su red social, con un mensaje de una agresividad poco habitual incluso para él, pero que va mucho más allá de la crítica política: cuestiona la autoridad moral del pontífice, desacredita su liderazgo religioso y llega incluso a insinuar que su propia elección fue, en el fondo, una maniobra de la Iglesia para gestionar mejor la relación con él.Noticias relacionadas
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El núcleo del enfrentamiento está en la guerra con Irán y, en general, en la política exterior estadounidense. León XIV ha condenado en los últimos días la retórica bélica de Washington y ha considerado «verdaderamente inaceptable» la amenaza de destruir una civilización entera, en una crítica apenas velada a Trump en pleno conflicto con Teherán.
Trump responde rechazando cualquier corrección moral desde Roma y fijando una línea roja: «No quiero un Papa que piense que está bien que Irán tenga un arma nuclear». Así coloca al jefe de la Iglesia católica dentro de una batalla estratégica global y lo convierte, de hecho, en parte del debate de seguridad nacional estadounidense.
Una acusación inédita
La arremetida se extiende también a América Latina. Trump reprocha al pontífice su posición sobre Venezuela, a la que describe como una fuente de narcotráfico y violencia hacia Estados Unidos. En su mensaje, recupera además uno de sus argumentos más repetidos en materia migratoria y de seguridad: acusa al régimen venezolano de haber vaciado sus cárceles hacia territorio estadounidense, y utiliza esa idea para justificar tanto su política de máxima presión como la intervención de Washington contra Caracas. El Papa aparece así, en el relato de Trump, no solo como un líder religioso equivocado, sino como una figura indulgente con enemigos directos de EE UU.
Pero el elemento más llamativo del ataque no es geopolítico, sino personal, y apunta directamente al cónclave que eligió a León XIV hace un año. Trump sostiene que el Papa no habría llegado al Vaticano sin su propia presencia en la Casa Blanca. Dice que su elección fue una sorpresa y que la Iglesia lo escogió por ser estadounidense, como la mejor manera de lidiar con el presidente de Estados Unidos. Es una acusación extraordinaria: sugiere que el cónclave actuó con cálculo político en función de Washington. Pocas veces un presidente estadounidense había insinuado de manera tan cruda que la elección de un pontífice obedecía a necesidades estratégicas frente al poder norteamericano.
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El matrimonio Trump en el funeral por el Papa Francisco en el Vaticano. ReutersTrump va todavía más allá al entrar en el terreno de las afinidades personales y las redes políticas del Papa. Dice que prefiere a su hermano Louis, al que describe como fanático suyo y critica que León XIV se reúna con figuras vinculadas al Partido Demócrata, entre ellas David Axelrod, antiguo estratega de Barack Obama. Ese encuentro se produjo en el Vaticano hace apenas unos días y fue recogido por medios estadounidenses y por referencias de la propia agenda vaticana. En el universo político del líder republicano, ese tipo de contactos basta para presentar al pontífice como alguien que se ha colocado del lado del adversario interno.
El choque se produce, además, en un momento de auge del catolicismo en Estados Unidos. La Iglesia católica cuenta con más de 70 millones de fieles en el país, alrededor de uno de cada cinco estadounidenses, y mantiene un peso considerable en la vida pública y en la política nacional. Ese peso se refleja también en la cúpula del poder republicano: el vicepresidente JD Vance es converso al catolicismo, y Marco Rubio se identifica igualmente con esa fe. Los dos forman parte del círculo central de la política exterior y de seguridad de Trump. Por eso, la embestida contra León XIV no golpea solo al Vaticano: toca también una de las tradiciones religiosas con mayor influencia institucional en Estados Unidos, justo cuando su presencia vuelve a hacerse visible en el corazón mismo del poder.
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