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Donald Trump en su comparecencia del lunes. Reuters Trump frena al borde del desastre y vende un inestable alto el fuego como un triunfoWashington presenta la tregua como el resultado de una campaña militar devastadora, pero amenaza con nuevos ataques sobre Irán
David Alandete
Washington
Miércoles, 8 de abril 2026, 22:27
... Unidos. En una encarnizada batalla por imponer su versión de los hechos, la Administración norteamericana sostuvo el primer día de alto el fuego que este no es una concesión táctica ni una pausa incierta, sino la consecuencia directa de una campaña militar arrolladora que ha destrozado la capacidad ofensiva persa, ha obligado al régimen a recular y ha abierto una negociación bajo presión.Noticias relacionadas
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La Casa Blanca insiste en que Trump en que esto no es una claudicación, en que los objetivos se han logrado, aunque no esté todavía muy claro cuáles eran. El presidente sostiene que ha llevado a Teherán al punto exacto que quería: exhausto, vigilado y obligado a negociar, tras un cambio de régimen en que un ayatolá ha sucedido a otro, que era su padre.
Según esa versión, lo pactado ahora no es una paz cerrada ni mucho menos un acuerdo definitivo. Es una tregua limitada, frágil y estrictamente condicionada. La exigencia principal de Washington es la reapertura inmediata, segura y sin restricciones del estrecho de Ormuz. La Administración asegura que ese compromiso ha sido trasladado por Irán por canales privados, aunque reconoce que sus mensajes no siempre coinciden con lo que dice en las negociaciones.
Tensión sobre el terreno
Ahí está uno de los puntos más delicados de esta nueva fase: EE UU quiere presentar la tregua como un hecho consumado, pero admite que su aplicación todavía está sometida a vigilancia y a una tensión evidente sobre el terreno. Irán, a pesar de todo, tiene capacidad de resistencia. Pero la Casa Blanca describe lo ocurrido como una victoria militar de gran envergadura. Dan Caine, el general de mayor rango, afirmó que las fuerzas estadounidenses han cumplido los tres objetivos de Trump: destruir la capacidad persa de misiles balísticos y drones, hundir su Armada y destrozar la base industrial de defensa para impedir que el régimen pueda pronto proyectar fuerza.
En esa gesta de éxito, EE UU ha golpeado más de 13.000 objetivos en 38 días, ha desarticulado buena parte de la defensa aérea iraní, ha destruido centros de mando y control y ha dejado a la Armada de la República Islámica prácticamente fuera de combate. La portavoz presidencial fue aún más lejos al sostener que la amenaza que Teherán representaba hace seis semanas ha quedado «enormemente destruida». Con ese balance, Trump y su equipo intentan levantar una conclusión política muy clara: el régimen ha aceptado la tregua no porque haya encontrado una salida diplomática propia, sino porque no podía seguir soportando el castigo y porque el magnate estaba dispuesto a escalar todavía más, a destruir su civilización entera. Hegseth, jefe del Pentágono, dijo que el siguiente paquete de objetivos incluía centrales eléctricas, puentes e infraestructuras energéticas vitales.
13.000 objetivos
ha destruido Estados Unidos en territorio iraní durante los 38 días que ha durado el conflicto antes del alto el fuego, según los datos ofrecidos este miércoles por la Administración Trump.
Pero, al mismo tiempo, la Administración se esfuerza en dejar claro que nada se ha desmovilizado. No hay retirada. No hay repliegue. No hay final de la operación. Hegseth y Caine subrayaron que las fuerzas estadounidenses seguirán en la zona, listas para reanudar ataques con la misma velocidad y precisión si Trump lo ordena y que continuarán observando cualquier reposicionamiento iraní.
Lo que viene ahora es un diálogo de dos semanas. Leavitt anunció el desplazamiento a Islamabad del equipo negociador encabezado por el vicepresidente JD Vance, que está en Hungría. Washington afirma que rechazó una propuesta inicial iraní de diez puntos por considerarla inaceptable y que ahora trabaja sobre un plan modificado que ve como una base útil para negociar. Pero también en esto EE UU quiere fijar una línea dura: Trump no ha cambiado sus líneas rojas. La principal, según la portavoz, sigue siendo el fin del enriquecimiento de uranio. La otra gran exigencia es el control o retirada del material nuclear que se considera inadmisible.
JUST IN: Karoline Leavitt says Iran's initial ten point plan was "fundamentally unserious, unacceptable and completely discarded."
— Fox News (@FoxNews) April 8, 2026
"It was literally thrown in the garbage by President Trump and his negotiating team."
"The idea that President Trump would ever accept an Iranian… pic.twitter.com/pr9dqFdsMo
Leavitt insistió una y otra vez en que muchas de las versiones difundidas sobre el contenido de los contactos con Irán son falsas o incompletas, y en que lo importante es lo que Teherán comunica en privado a Washington. Es una pugna por el control de la narrativa en toda regla, pues los ayatolás también se describen como vencedores. En una crisis como esta, imponer la interpretación de lo sucedido forma parte también del resultado.
Trump quiere que esta tregua no se lea como una pausa incierta en una guerra abierta que siga generando incertidumbre en los mercados, sino como la prueba de que su estrategia de presión máxima ha funcionado. El problema para la Casa Blanca es que esa tesis solo se consolidará si durante estas dos semanas se cumple lo esencial: que Ormuz reabra de verdad y sin minas, que Irán no vuelva a disparar y que las conversaciones produzcan concesiones verificables en materia nuclear. Hasta entonces, la paz que proclama Washington sigue siendo una paz bajo amenaza.
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