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MATTINAlison Posey
Doctora en Filología Hispánica y profesora universitaria en Estados Unidos
Domingo, 12 de abril 2026, 00:04
... una homilía que casi de inmediato se hizo viral. «Dios -aseveró- no escucha la oración de quienes hacen la guerra». Para rematar la reprimenda, recurrió a unos contundentes versos de Isaías (1,15): «Las manos de ustedes están llenas de sangre». Con el Papa pronunciándose contra el presidente y su séquito, ¿cómo es posible que el mandatario siga convencido de su propia rectitud?A la destitución de Noem siguió la de otro de los espantapájaros pijos que suelen acompañar al presidente: Pam Bondi, ministra de Justicia de EE UU. Entre las varias controversias que la acecharon durante su breve mandato, Bondi fue acusada de mala gestión de los archivos del 'caso Epstein'. No solo no publicó todos los documentos relacionados con el pederasta, sino que tampoco ocultó los nombres de las víctimas, que aparecieron junto con su información personal entre las páginas del caso. En uno de los pocos momentos de unidad entre la izquierda y la derecha estadounidenses, ella fue duramente criticada por miembros furiosos de ambos bandos.
A esta lista hay que añadir a Gregory Bovino, comandante general de la Patrulla Fronteriza, bajo cuyo mando los agentes de inmigración asesinaron a dos ciudadanos estadounidenses, Renée Good y Alex Pretti. Estas muertes se suman a las de al menos 45 inmigrantes que fallecieron bajo custodia federal desde que Bovino asumió el cargo. Aunque, con la excusa de la jubilación, el comandante quizá se libra de la vergüenza de una destitución, tal pretexto no bastará para salvarlo de la animadversión pública tras los casos de Good y Pretti.
Fuera de los muros de la Casa Blanca, las cosas tampoco pintan bien para Trump y su entorno. El Tribunal Supremo, que cuenta con tres jueces nombrados por el mandatario además de una mayoría ultraconservadora, falló contra los aranceles del presidente. El Tribunal también ha expresado profundas dudas sobre la cruzada de Trump para negar la ciudadanía por nacimiento a los hijos de inmigrantes. Este escepticismo parece haberse extendido también a los tribunales estatales. Estos han rechazado los intentos de emplear a las fuerzas armadas para perseguir a manifestantes dentro del país; han desestimado sus esfuerzos por desmantelar programas de educación infantil y de protección del consumidor; se han negado a limitar la libertad de prensa; y han restituido la financiación a universidades e investigadores que buscan tratamientos contra el cáncer o el sida.
La economía nacional se resiente, los estadounidenses tienen menos dinero que nunca y la vivienda se dispara
A estos logros legales se suma el crecimiento de un movimiento nacional de protestas, las manifestaciones 'No Kings' (Reyes no). El momento es oportuno, ya que el próximo 4 de julio se celebrará el 250 aniversario de la Declaración de Independencia respecto de Inglaterra y del rey Jorge III. Estas protestas -que, a finales de marzo, contaron con Bruce Springsteen entre sus millones de participantes- giran en torno a una meta sencilla: rechazar de forma tajante el autoritarismo del aspirante a tirano. Han salido con gaitas, pancartas, títeres y flores, vitoreando la democracia y abucheando a quienes la ponen en peligro. Este rechazo por parte de una proporción creciente de la población también es palpable en las urnas. Desde 2024, más de 30 escaños de políticos trumpistas han pasado a manos de la oposición.
Nada de esto incluye lo que es, sin duda, el revés más impactante de Trump: su guerra, sumamente impopular, con Irán. Que el propio presidente no tenga claro por qué ha involucrado al país en otro conflicto en Oriente Medio es solo la punta del iceberg. Las incursiones en la región -en las que ya han muerto varios soldados estadounidenses y miles de civiles iraníes- han disparado, supuestamente de forma imprevisible, los precios de casi todo, como el combustible, la comida y el abono. Para un presidente que ganó en 2024 con una plataforma que prometía bajar el coste de la vida, además de evitar involucrar al país en guerras en el extranjero, su conflicto con Irán ha marcado un antes y un después. Las grietas en el populismo vulgar de Trump parecen cada vez más evidentes.
A pesar de los percances políticos, no parece que los opositores de Trump deban relajarse ni bajar la guardia. Pese a los muchos contratiempos que ha acumulado desde el inicio de su segundo mandato, parecen importarle un bledo. ¿Cómo va a preocupar a Trump que el Supremo haya anulado los aranceles cuando puede reinstaurarlos mediante otras artimañas legales? Y, mientras el entorno del presidente indaga en los textos jurídicos en busca de otra vía, la economía nacional ya se ha resentido. A finales de 2025, los economistas de Goldman Sachs estimaron que los consumidores, así como las empresas, se llevarían la peor parte de la política arancelaria. Y no se equivocaban. El pueblo tiene menos dinero que nunca. El precio de la vivienda se ha disparado un 3% y los servicios de salud han subido más de un 4%.
Aunque fueron rechazados, todos los estadounidenses están sufriendo las consecuencias de los aranceles. Tal es el modo de actuar de Trump: se saldrá con la suya a cualquier coste. Cuando, tras el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021, se le prohibió el uso de varias redes sociales, creó la suya propia -la llamada Truth Social (Red verdad)-. Allí vierte la misma palabrería odiosa de antes, pero sin moderación alguna. Más recientemente, cuando se le negó la posibilidad de deportar a residentes permanentes que protestaban contra el apoyo incondicional a Israel, optó por revocarles el estatus de residencia. El hecho de que la mayoría de esos opositores siga en el país no representa ninguna victoria, cuando sus sueños se ven drásticamente limitados por los caprichos erráticos de un octogenario ruin.
Al final, por mucho que a sus adversarios les encante proclamar los reveses de Trump -y así pronosticar su final-, seguirá siendo como Goliat en el campo de batalla frente a los filisteos. No será posible frenar la terrible espada del gigante hasta que aparezca un David. Por eso sí valdría la pena rezar.
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