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Trump permitirá a Arabia Saudí enriquecer uranio a cambio de grandes inversiones

Trump permitirá a Arabia Saudí enriquecer uranio a cambio de grandes inversiones
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Washington cierra un histórico acuerdo con Riad para venderle tecnología atómica mientras planifica destruir el programa nuclear de Irán
Trump permitirá a Arabia Saudí enriquecer uranio a cambio de grandes inversiones

Washington cierra un histórico acuerdo con Riad para venderle tecnología atómica mientras planifica destruir el programa nuclear de Irán

Regala esta noticia Añádenos en Google Imagen de las instalaciones superficiales de la montaña Pickaxe bajo las que se oculta el laboratorio atómico iraní. (Reuters)

M. Pérez

22/07/2026 a las 15:49h.

De Donald Trump podrán decirse muchas cosas, y la mayoría posiblemente nada optimistas, pero su capacidad para hacer negocios y ejercer de presidente de Estados ... Unidos al mismo tiempo es innegable. El líder republicano ha aprobado un histórico acuerdo con Arabia Saudí para dotar a este país de un programa nuclear civil a cambio de grandes inversiones. El compromiso aún debe pasar por el control del Congreso, pero ya ha puesto en alerta a la región, en especial a Israel, y a la clase política estadounidense, ya que numerosos legisladores rechazan que la tecnología atómica nacional se extienda al complejo e inestable Oriente Medio.

Los contratos supondrán decenas de miles de millones de dólares y entre sus principales destinatarios figuraría Westinghouse Electric, según informa 'The Wall Street Journal'. La multinacional podría instalar el reactor AP1000, aprobado por la Comisión Reguladora Nuclear hace dos décadas y del que existen varias plantas en funcionamiento en EE UU y China. Es un reactor avanzado de tipo modular capaz de producir entre 1.100 y 1.500 megawatios.

La concesión ha causado sorpresa en los medios norteamericanos. La operación ha sido llevada en total secreto por el propio Trump, que autorizó el permiso la semana pasada, y el secretario de Energía , Chris Wright, quien inició las negociaciones un año atrás. Las conversaciones se cerraron en octubre de 2025, según la CNN. Sin embargo, la guerra con Irán ha sido el principal asunto que ha demorado la firma definitiva de los acuerdos, que el inquilino de la Casa Blanca quiere zanjar ahora con rapidez ante la inminencia de las elecciones de medio mandato que pueden modificar la relación de fuerzas en el Congreso.

Con esta transacción, la Casa Blanca consigue sabrosos contratos mientras ataría en corto a Arabia Saudí en cualquier futuro desarrollo de un programa atómico propio que incluyera a China o Rusia. Por su parte, Riad podría aprovechar sus yacimientos de uranio para impulsar la producción energética y liberar el crudo que ahora emplea en estos fines, con vistas a dedicarlo a la exportación y aumentar sus fuentes de ingreso petroleras.

Los detractores del proyecto encuentran una posible complicación en los plazos del acuerdo. En treinta años nadie sabe quién estará al frente de la Casa Blanca, desde luego Trump no será presidente, lo que significa que un pacto así lastrará a las futuras administraciones estadounidenses en su política sobre Oriente Medio. En una región sujeta a frecuente convulsiones, también hay reticencias sobre qué sucederá si la inestabilidad aumenta. El príncipe heredero Mohammed bin Salman ya ha advertido desde hace tiempo que Arabia Saudí desarrollará su propia arma nuclear si Irán avanza en ese sentido.

Los legisladores norteamericanos tampoco ven claros los dispositivos de seguridad establecidos en el pacto. En el primer borrador se excluye la presencia de la Agencia Internacional de la Energía como garante del cumplimiento estricto del progama, a diferencia del caso iraní, donde los inspectores entraban en los laboratorios persas regularmente hasta que comenzó la guerra. La experiencia con Teherán demuestra la importancia de este control, ya que fue esta agencia dependiente de la ONU la que descubrió que el régimen almacena 460 kilos de uranio enriquecido por encima del 60%, cerca del límite para usos militares.

En cambio, EE UU se reserva en este caso la supervisión en exclusiva del programa arabé.

Dudas sobre la supervisión

La otra reticencia que encuentan demócratas y republicanos estadounidenses es cómo proteger las licencias tencnológicas si se ponen en manos ajenas. El documento establece que Riad no puede apropiarse de ellas, ni transferirlas ni copiarlas, pero nadie sabe si esta condición aguantará el paso de los años. La Casa Blanca afirma que tiene todo bajo control y que una virtud del pacto es que la vigilancia de EE UU sobre el programa nuclear será absoluta. Pero podría hacerse todo un seminario sobre el espionaje industrial en el campo nuclear y las ocasiones en que científicos y espías han tratado de vender o replicar tecnología sin salir de Oriente Medio.

Emiratos Árabes Unidos es uno de los países de la región que cuenta con su propio reactor nuclear, pero en su caso renunció a enriquecer uranio (es decir, a la posibilidad de desarrollar su proyecto hacia fines militares) y autorizó el monitoreo de su actividad por inspectores internacionales. En cambio, eso no sucede con Arabia Saudí, que sí podrá hacer este tipo de procesamiento aunque solo hasta límites de uso civil.

A diferencia de Emiratos, Riad ha rechazado que la Agencia Internacional de la Energía Atómica pueda enviarle a sus expertos a controlar el trabajo, pero de nuevo EE UU asegura que sus técnicos harán la supervisión. Algunos expertos se preguntan, sin embargo, qué hará Washington si en algún momento en las próximas décadas se produce una enemistad con el reino o éste decide nacionalizar sus instalaciones atómicas.

La predisposición de la Casa Blanca con Riad es paradójicamente la opuesta a la que mantiene con Irán. En medio de la reanudación de los combates y la disputa por el estrecho de Ormuz, Trump ha puesto de nuevo el objetivo sobre los laboratorios nucleares de la república islámica y planea un posible ataque sobre las instalaciones subterráneas de la montaña Pickaxe. La Inteligencia israelí ha advertido que la Guardia Republicana ha trasladado a este fortín cientos de procesadoras para enriquecer uranio y que lo ha convertido en el vértice de su actual programa atómico. Teherán lo ha negado ante la amenaza del presidente de EE UU de arrasar con el misterioso enclave iraní.

El anuncio tampoco ha sentado nada bien en Israel. El acuerdo, de entrada, no contempla la exigencia de que Arabia Saudí normalice sus relaciones con el Estado hebreo; una condición que en su día impuso el expresidente demócrata Joe Biden para estudiar un posible programa atómico saudí. El ministro de Patrimonio, el ultra Amichay Eliyahu, ha declarado este miércoles que el Gobierno de Netanyahu «hará todo lo posible, tanto en el ámbito internacional como en nuestra política exterior, para frenar la posibilidad de que en Oriente Medio un determinado país posea un arma nuclear». En su opinión, esta circunstancia supone una amenaza para el Estado hebreo puesto que, si bien »Arabia Saudita hoy va por buen camino, mañana podría dar un giro de 180 grados«.

Por su parte, el diputado de la oposición Avigor Liberman, que en su día ejerció de ministro de Defensa, ha alertado contra el peligro de «una carrera armamentística desenfrenada en todo Oriente Medio». Paradójicamente, Israel está considerada como una potencia nuclear y la única en la región que dispone de un arsenal de ojivas (el propio Simon Peres lo dejó caer en su autobiografía). Pero el Gobierno y el ejército mantienen la denominada política del 'amimut', o de «ambigüedad deliberada», con la que evita cualquier certeza sobre su poder atómico.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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