El presidente de EEUU, Donald Trump, este miércoles Reuters
EEUU Trump prosigue con su agenda negacionista: anula el dictamen que estableció que los gases de efecto invernadero son nocivos Luis Villajos Publicada 12 febrero 2026 20:51hLas claves nuevo Generado con IA
Donald Trump ha revocado el dictamen de 2009 que consideraba los gases de efecto invernadero como nocivos para la salud, aprobado durante el mandato de Barack Obama.
El presidente defendió esta decisión como una medida de desregulación que, según él, reducirá costes para fabricantes y consumidores de vehículos en EE.UU.
Desde su regreso al poder, Trump ha impulsado la eliminación de regulaciones ambientales, limitado subsidios a vehículos eléctricos y cancelado proyectos de energías renovables.
Su administración refuerza el negacionismo climático y ha adoptado una postura distante en compromisos internacionales para la reducción de emisiones y cooperación ambiental.
Donald Trump sigue imponiendo su agenda negacionista del cambio climático desde su regreso a la Casa Blanca.
Tras arrancar el año firmando la salida de EEUU de la convención de la ONU sobre cambio climático, el republicano revocó este jueves el llamado dictamen de peligro, aprobado por el Gobierno de Barack Obama en 2009 que establecía que seis gases de efecto invernadero emitidos por motores de combustión son perjudiciales para la salud.
Trump defendió esta polémica decisión, contraria a toda evidencia científica, como "la mayor acción de desregulación en la historia estadounidense" y aseguró que rebajará enormemente los costes para fabricantes de vehículos y consumidores.
"Esta medida ahorrará millones de dólares a los consumidores estadounidenses y reducirá el costo promedio de un vehículo nuevo en casi 3.000 dólares. Piénsenlo. Durante mi campaña, prometí eliminar 10 regulaciones antiguas por cada regulación nueva, y lo hemos superado", dijo Trump en el acto celebrado en la Casa Blanca, en el que estuvo acompañado por el administrador de la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), Lee Zeldin.
El pasado marzo la EPA ya anunció que revisaría una treintena de regulaciones con respecto a gases contaminantes, motivando la condena de distintas organizaciones medioambientales.
El dictamen, aprobado durante el primer mandato del presidente demócrata Barack Obama, estableció que seis gases de efecto invernadero presentes en la atmósfera terrestre y emitidos por los motores de combustión de los coches, como el dióxido de carbono o el óxido nitroso, suponen un riesgo para la salud.
Desde su regreso al poder en enero de 2025, el mandatario republicano ha subrayado su intención de eliminar regulaciones para los vehículos de gasolina y limitar los subsidios federales para los eléctricos, además de condenar el uso de energías renovables como la solar o la eólica, con su Gobierno cancelando varios proyectos de este tipo en estados demócratas.
Desde su regreso al poder, Trump ha vuelto a colocar el negacionismo climático en el centro de su agenda política.
Su Gobierno ha retomado muchas de las posturas que ya marcaron su primera Administración, caracterizadas por la desconfianza hacia la ciencia climática y la priorización de los intereses energéticos tradicionales. El discurso oficial insiste en que las políticas medioambientales estrictas perjudican la competitividad económica de Estados Unidos y limitan su soberanía industrial.
Uno de los movimientos más controvertidos de esta nueva etapa ha sido la retirada parcial de compromisos internacionales de reducción de emisiones, así como el boicot político y financiero a varias iniciativas globales de cooperación ambiental.
Durante la última Convención del Clima, la delegación estadounidense adoptó una posición distante, cuestionando los objetivos acordados para contener el calentamiento global y defendiendo el derecho de cada país a decidir sus propios ritmos de transición energética.
En el ámbito interno, la Administración Trump ha impulsado una serie de medidas que debilitan la regulación ambiental, como la flexibilización de los límites a la explotación de combustibles fósiles y la reducción de los fondos destinados a investigación climática
En paralelo, se ha reforzado el discurso que presenta el cambio climático como una exageración mediática o un instrumento político de la “élite globalista”. Este enfoque no solo ha generado tensiones con la comunidad científica, sino también con varios estados y ciudades que mantienen políticas ecológicas independientes.
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