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El presidente de Estados Unidos ha impuesto los temas a debatir en el principal foro empresarial del año.
El presidente norteamericano ha elegido la cumbre anual más conocida de empresarios y directivos, el foro de Davos, en Suiza, para oficializar el golpe de timón que busca dar al orden global. Donald Trump necesita las empresas para que sus planes surtan efecto, por ejemplo para recuperar el tejido industrial perdido en Estados Unidos o reactivar la economía de Venezuela tras haber detenido y encarcelado al dictador Nicolás Maduro.
También, sus reiterados ataques a los organismos multilaterales y las políticas climáticas consensuadas en ellos se enmarcan en ese mismo objetivo: aumentar la posición de su país como hegemón de Occidente. Para vencer las lógicas resistencias, el mandatario republicano está intensificando tanto sus actuaciones unilaterales (como la incursión en Caracas) como su beligerancia hacia sus teóricos aliados (de ahí el acoso a Dinamarca para hacerse con el control de Groenlandia, así como a los países que le apoyan), y lo está haciendo al mismo tiempo, en vez de por fases como en su anterior etapa presidencial, para poder presentarse a las elecciones de mitad de mandato con resultados tangibles que ofrecer a un electorado cada vez más receloso por su autoritarismo y por sus políticas radicales con la inmigración.
Y el ámbito económico es en el que Trump sabe que puede conseguir acuerdos más espectaculares. De ahí sus reuniones habituales en la Casa Blanca con los presidentes de las grandes tecnológicas o las multinacionales energéticas, que siempre se saldan con destacados anuncios de nuevas inversiones en Estados Unidos. El magnate inmobiliario siempre ha hecho gala de tener una capacidad única para conseguir acuerdos beneficiosos para sus intereses, y en Davos va a encontrarse con las personas clave para que tales promesas se concreten pronto en acciones de impacto sobre el terreno.
Los 3.000 líderes empresariales y políticos asistentes a la cumbre suiza están deseando conocer los planes de Trump hasta el final de su mandato en 2028, ya que en este momento el presidente norteamericano parece más imprevisible y menos abierto al diálogo. Tal vez por ello, después de haber forzado a la organización a modificar la agenda para apartar los asuntos que le incomodan, acudirá junto al núcleo duro de su Gobierno -el secretario de Estado, Marco Rubio, el de Energía, Chris Wright, y el de Comercio, Howard Lutnick, entre otros- como forma de generar confianza en su plan disruptivo y desestabilizador de la economía mundial.
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